La partitocracia es guay, aunque algo corrupta | José Antonio Ruiz de la Hermosa

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Pues ya estamos después de las elecciones partitocráticas, en las que, con esmero, la gente ha ido a cumplir con su obligación democrática, en un estado partitocrático, especialmente corrupto como en el que vivimos. Lo cierto es que en esa nube de desinformación llena de informaciones que nos atontan, o eso pretenden, los ciudadanos han ido a votar para echar al actual presidente del desgobierno, aunque, curiosamente, las elecciones sean de carácter local o regional.

 

La misma engañifa de 1931, en la que, gracias a unas elecciones municipales, en las que la izquierda tan solo ganó en las tres capitales más grandes, pero se supo enseguida; el antecesor del actual ocupante de ese seudo-palacio real, huyó, mientras sus partidarios se quedaban en casa desayunando o leyendo el periódico. Hoy lo harían viendo Netflix, o los programas de Telecirco o la Secta, e igual que entonces, la huida pasaría desapercibida por ese pueblo anestesiado por la propaganda y la mentira.

 

También me recuerdan estas elecciones pasadas a las de febrero de 1936, aunque por motivos muy distintos. El brutal pucherazo preparado por el maestro de ceremonias, Largo Caballero, experto en fusilamientos, como los de Paracuellos, checas como la de Fomento, o asesinatos, como el sentenciado por un tribunal del pueblo y llevado a la ejecución por un pelotón de milicianos del sindicato gubernamental de José Antonio Primo de Rivera, me parece incluso más próxima, pues aquello no solo fue maestría de la propaganda, sino auténtico malabarismo del pucherazo. En fin, que les voy a contar.

 

Pero lo del pucherazo, según algunas informaciones, tan solo en la España Vacía, hay 183 pueblos donde ha crecido el censo espectacularmente, mientras en otros seguía con su habitual descenso; Por ejemplo; aunque también nos encontramos con casos como los de Melilla o Mojácar, este último habitual lugar de veraneo del Largo Caballero del momento, que hace sospechar de algo muy raro, que todos sabemos que es. Respecto a lo de Melilla, no es para nada raro, sabiendo cómo se está preparando la entrega de una ciudad que es española desde el siglo XV a un estado que la reclama como suya, pero que fue fundado en los años cincuenta del siglo XX, es decir casi 500 años después. Pero como ya se ha comentado en otros lares hay alguien cogido por salva sea la parte dispuesta a esta felonía.

 

Mientras las clases populares y no tan populares, entienden que cambiar el sentido de su voto hacia los que en 1931 se quedaron afeitándose o leyendo el periódico, facilitará la salida del Largo Caballero de hoy del palacio del desgobierno. Yo, personalmente no entiendo como no se fijan más. Ambos tienen la desfachatez de fotografiarse con el pin, tipo rosco, de la agenda 2.030, la que presume de: “Que no tendremos nada, pero seremos felices”. O sea, que desaparecerá lo que justifica nuestra libertad, es decir la propiedad privada y seremos esclavos de la mamandurria que nos da el desgobierno. No habrá dinero, ni títulos de propiedad, ni nada, solo lo que nos den si somos buenos y hacemos lo que nos mandan.

 

Yo les recordaría esa película en la que las personas tienen marcado el tiempo de vida del que disponen y tienen continuamente que andar detrás de nuevas horas y minutos para evitar su muerte. Véanla porque ese es nuestro futuro, como no echemos a Largo Caballero y a su oposición, que, en el fondo, no es más que el mismo en el espejo de la política. Profesión: Sátrapa, dueño del sátrapa, la religión del globalismo, esa que inventa enfermedades para matarnos y nos vende la solución de las mismas encarcelándonos e inyectándose sustancias no comprobadas, nada más que por el mismo que las maneja y que además nos las cobran. No sé si recuerdan que el otro día con la Asociación Liberum se hizo una denuncia de los más de mil millones que la Unión Europea, o sea usted con sus impuestos, han pagado por las vacunas que se han puesto y por las que la gente ahora evita ponerse.

 

La lista de desastres en la que nos han metido los del rosco, tanto los del desgobierno, como el de la oposición, que quiso hacer obligatorias las vacunas, en contra de lo que dictan las leyes, en sus cuatro provincias donde tenía competencias, repito, la lista es enormemente larga. Para que a ustedes no se les olvide, ya se la voy a ir recordando en próximas semanas. Espero que haya suerte y se les abran los ojos, porque si es por la propaganda oficial y por el propio interés que ustedes han mostrado hasta el momento me veo emigrando a la Antártida, o a Rusia.

 

Me decía un corresponsal de una televisión extranjera, de los pocos medios libres que quedan, un chiste u ocurrencia, que refleja perfectamente lo que estamos sufriendo frente a esa maravillosa campaña de los medios de comunicación comprados para engatusarme, y era: …//… En España es más fácil comprar a un periodista, que comprar un ejemplar de un periódico…//…

 

Vaya tela con el corresponsal televisivo, pero a lo mejor es verdad. Lo que sí es verdad es que durante la campaña los medios nos han ocultado las broncas que algunos ciudadanos han montado contra los politiquillos de vía estrecha que tenemos. Gordas sobre todo las del Largo Caballero de turno. El viernes tuvo dos en una. Primero le abuchearon los afiliados del Partido Socialista de Cataluña, antes de comenzar el mitin, y tuvieron que callarlos de mala manera y luego se le colaron unos ecolotontos que se despelotan delante de su maravillosa tribuna de alocuciones. Me alegro, porque a los ecolotontos los financian y les dan alas a ellos, lo del pesebre y lo de los afiliados es normas, todavía queda alguno que es consecuente.

 

Ahora lo de traca es lo de cuando ha ido a votar el domingo, eso sí, con la calle blindada por los Guardias de Asalto y el colegio electoral cerrado, excepto para la “Cla” de afiliados y pagados; pues eso, que va la presidenta de mesa y llama a la señora del susodicho: “Begoño”, ya se sabe que su padre es el dueño de las más importantes saunas gays de Madrid. Y con esto lo acabo, porque es insuperable. Y ahí lo dejo…

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