Por tierras de España: Frías, Oña y Poza. Burgos (Cuaderno de viajes) | José Riqueni Barrios

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Frías, Oña y Poza. Burgos (Cuaderno de viajes)

Alojado en un noble edificio en el que reposar viejos huesos y alma dolorida, en cama aseada, estancias bellamente decoradas en su conjunto y desayuno 10, tomé el hotel Meliá Fernán González (Burgos) como regazo tras intensas jornadas de rutas en coche por tierras altas, en esta ocasión burgalesas, allá siendo, si la memoria da en funcionar, mediados de un mes de agosto del año de Nuestro Señor de 2013, para que todo quede escrito y con ello sirva a un buen fin como es una colección de gratos recuerdos del ayer, porque uno, ya de avanzada edad, más parece revivir el pasado y no tanto estar en el presente, sin que ningún psicólogo, a ser posible, lea lo recién escrito de mi pluma y letra.

La ruta del día que hoy nos ocupa se materializó en tres paradas de interés allá en tierras de la querida y vieja Castilla, escenarios del nacimiento de una nación que ahora cuatro carajotes pretenden romper a trozos y coronarse como reyezuelos de dos cerros y un río. Pero dejemos esta basura y vayamos apriesa a lo que nos trae entre manos como es saborear una mañana de verano por las carreteras de la Bureva, un escenario localizable al sureste de Las Merindades.

Burgos, Fría, Oña, Poza de la Sal, Burgos

Antes de subir al coche y escuchar esa música celestial del motor diésel, una cancioncilla que me acompaña desde hace años, tomé un segundo café en un bar de barrio, y un burgalés, hombre entrado en años, se dirigió a sus conocidos en voz alta con el pronóstico meteorológico del día: “Las ocho y media de la mañana y 17º C, ¡hoy va a pegar!” ¡Pero qué sabrá ese buen hombre lo que es calor de verdad, si Sevilla es un tostadero en verano y allí estarán ahora a más de 26º C!

En Burgos capital se busca la salida a Miranda de Ebro, dirección Vitoria, se pasa por Briviesca y a unos 11 km se deja la N-1 y se gira a la izquierda en dirección Bustos Bureva, buscando Frías. La carretera, en el tramo del cruce de Cascajales a la Aldea del Portillo es de curvas y contracurvas sin descanso, hecho que suele ocurrir de tarde en tarde y que forma parte de este tipo de rutas.

Ranera ofrece una vista de postal al acercarnos. En Tobera destacan una ermita y cascadas.

Frías: La vista de Frías, encaramado a un escarpe, es una de las más fotogénicas que podemos contemplar en España, formando parte este antiguo casco urbano, antes de pisar sus calles y en pisándolas, del catálogo de los pueblos más bonitos de España. Frías es un conjunto medieval con su castillo en la zona más alta y sus casas colgadas de un escarpe.

En 1435, el rey Juan II de Castilla otorgó a la villa el título de ciudad al objeto de cambiársela a Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, por Peñafiel. La población de Frías se negó a aceptar al Conde de Haro como su señor, lo que llevó al enfrentamiento y asedio de la plaza, que tuvo que rendirse tras un largo tiempo, y acatar las normas del nuevo señor.

Visito la iglesia parroquial y el Castillo de los Velasco

Puente medieval de Frías (Burgos)

 A la bajada de Frías se localiza un puente medieval de origen románico con 143 m de longitud y 9 arcos, junto al que se encuentra una amplia zona de recreo con merenderos y barbacoas. Cruzando el puente se gira a la izquierda en dirección a Traspaderne.

         Oña: Es mediodía, apetece probar un vinillo y alguna que otra vianda de estas tierras. Entro en un concurrido bar, busco la barra y charlo un buen rato con un parroquiano del lugar. Resulta llamarse Daniel y es el párroco del pueblo. Amablemente se ofrece a abrir la iglesia y mostrar su interior, de modo que buscamos el hermoso templo al que se accede por una amplia escalinata. Se trata de la iglesia abacial de San Salvador.

El Cronicón de Oña (Burgos)

Don Daniel me informa que cada verano, en Oña, y a las puertas del templo en que nos encontramos, durante las fiestas del pueblo, declaradas de interés turístico, se representa “El Cronicón”. Dicha recreación histórica está organizada por la Asociación Cultural El Cronicón de Oña”.

“La representación teatral –en palabras de este párroco-guía turístico– arranca con una escena en las escalinatas de este monasterio en la que se recrea la muerte del Infante García, asesinado el mismo día de su boda a la entrada de León. Su prometida, la princesa Sancha, heredera del trono, le espera a las puertas de la catedral para el enlace, pero quien llega es un mensaje anunciando que el príncipe ha muerto”.

Don Daniel explica con soltura el estilo de construcción del edificio y en la Sacristía aparecen algunos de los vestidos que utilizan los vecinos para la representación teatral, unos colgados en un amplio perchero, otros a buen recaudo en cajoneras de gran tamaño. También deja constancia que en el templo están enterrados dos de los cuatro Condestables de Castilla, de la dinastía de los Fernán González, y dos monarcas, Sancho III de Navarra y Sancho II de Castilla.

Es la hora del aperitivo y en compañía de tan apañado párroco, con quien he quedado en mandarle algunas fotos, volvemos al mismo bar. En lo que dura nuestro recorrido hacia el ansiado bebedero, es saludado aquí y allá por numerosos vecinos, como su presencia, junto a un forastero alto con cámara de fotos, libreta y bolígrafo en mano, un hombre que nadie conoce, es motivo de curiosas miradas.

Poza de la Sal: Ese cariño por Félix Rodríguez de la Fuente (naturista y comunicador excepcional), cariño que arranca en mi adolescencia y ahora, a mis años, percibo intensificado, me lleva a visitar el que fuera su pueblo natal.

Placa en la puerta de la casa natal de Félix Rodríguez de la Fuente. Poza de la Sal (Burgos)

Poza de la Sal es un pueblo en la ladera de un cerro rocoso. Recorro sus calles hasta dar con la casa en que naciera Félix Rodríguez de la Fuente y leo la placa que así lo confirma a un lado de la puerta de entrada, dicha placa recoge un hermoso texto. Imagino a Félix de niño subiendo ese cerro que corona su pueblo en busca de nidos y coleccionando cromos de animales en aquellos álbumes de nuestra querida infancia, esa niñez que es patria de todo hombre.

Según he documentado, debido a que su padre no era partidario de una escolarización demasiado temprana, él mismo se ocupó de educar a sus hijos en casa, de ahí que las excursiones de Félix niño y su padre a los campos próximos fueran numerosas hasta los diez años, siendo el joven naturalista marcado por una naturaleza virgen apenas hollada por el hombre. Él mismo describiría su lugar de nacimiento como una “comunidad humana en convivencia armónica con los paisajes”.

El esplendor de la villa de Poza de la Sal se debe a sus salinas, ya explotadas desde antes de la época romana y cuyo valor estratégico justificaba la fortificación de la villa para su defensa en la Edad Media. Estas salinas, junto con las de Añana en Álava, fueron las principales del norte de la península ibérica.

Almuerzo en Poza de la Sal y de seguido busco la carretera CL-629 por la que bajar a Burgos y cenar de tapas. En este caso entro en el Bar Morito. Pido de primero unas habitas con jamón y huevo, de seguido revuelto de ajetes y pimientos del piquillo regado con medio tanque de cerveza fría.

Sólo queda rematar la jornada saboreando un cucurucho de helado de turrón y al tiempo contemplar la catedral de las catedrales, la de Burgos, bajo la bóveda de un pausado anochecer. Si bella es de día esta filigrana del gótico, tanto o más lo es de noche, y es que contemplar la extensa y bella España, tan cargada de historia y leyendas, tan amable (de amar), ya sea un paisaje natural o artificial, es hacerlo a distintas horas, en diferentes estaciones del año y a diferentes edades a lo largo de nuestra corta y mala vida, que diría don Antonio Machado.

José Riqueni Barrios | Escritor