Prioridades: nacionales y anti-nacionales | Javier Toledano

prioridad nacional

Por una vez, y sin que sirva de precedente, la derecha ha colado un concepto en el debate político. ¿Un espejismo? Hasta hoy la izquierda monopoliza el mercadeo de consignas. Tiene una ocurrencia y la traslada al punto a la sociedad con ayuda de sus propagandistas. Y en los medios reina un runrún de cambioclimatismos, vulnerabilidades, perspectivas de género y micromachismos entre un sinfín de futesas variopintas esquivas al cálculo. Así ha sido siempre, cuando menos desde los tiempos de Willi Münzerberg, el mítico agente estalinista (“El fin de la inocencia”, imprescindible ensayo de Stephen Koch). Ya se sabe, la izquierda es más “intrusiva” que la derecha y prefiere los colectivos a los individuos y para ello es preciso ganar conciencias, o sea, “lavar cerebros”. La izquierda propone, impone, y la derecha a rebufo. No falla.

Los gobiernos, en un momento u otro, acuden a las “prioridades”. Todo ejecutivo, local, regional, nacional, e incluso supranacional, sea el caso de la UE, delimita su acción al territorio sujeto a su jurisdicción. Se entiende, el ayuntamiento de Calahorra aprueba normativas de aplicación para los calagurritanos, y residentes de otras procedencias, avecindados en su municipio. No para los habitantes de Bollullos del Condado. Estaríamos ante un caso de prioridad local. Ergo, Calahorra es lo primero. El concejo, vela, eso dice, primero que nada por los intereses de los suyos, y las cuitas y porfías de los gerundenses, neoyorquinos y moscovitas no son de su incumbencia. Si un candidato a dicha alcaldía basara su campaña en escudriñar la problemática diversa que menoscaba la calidad de vida de los ilicitanos, en Calahorra no se comería un colín.

Hay cosas evidentes y que no admiten discusión, pero en estos tiempos que corren incluso las obviedades requieren explicación. Los españoles de hoy no somos el lapicero más afilado del estuche. Para un gobierno de escala nacional procurar por la mejora de la industria de la nación cuyos destinos rige, parece obligado. Luego, se puede hablar de una prioridad nacional con relación a la industria. Otra cosa es que el gobierno de turno sea torpe, incompetente, y su gestión un bodrio del carajo de la vela, y la consecuencia de ello la desindustrialización y la ruina. En este caso, su prioridad, acaso inconsciente, sería anti-nacional.

El mismo baremo habría de aplicarse a todos los sectores productivos. La prioridad de la agricultura nacional frente a las importaciones de otros países, o la firma de tratados que erosionan por competencia desleal el sufrido agro español, sin caer ni en un proteccionismo anquilosado, ni en una autarquía aislacionista. La gente dice que prefiere con mucho consumir frutas y hortalizas locales a las foráneas, el llamado “quilómetro cero” que garantiza el mantenimiento de los cultivos cercanos, y por una cuestión de escalas, las nacionales a las extranjeras, procedan de China o Marruecos. Y nadie se alarma: primero las patatas españolas que las rumanas y, más allá, que las vietnamitas.

Esa prioridad se extiende también a la fauna y flora y se habla, peyorativamente, de especies zoológicas “invasoras” que depredan a destajo, colonizan nichos ecológicos expulsando a las autóctonas y ello es motivo de preocupación entre los ecologistas. Que si el caracol manzana, el mejillón tigre o la tortuga de Florida. Si la especie de la que hablamos es la humana, con individuos por millones, decae de inmediato el concepto “invasión” por inconveniente, tachado de xenófobo y racista. Puede que su impacto demográfico y sociológico sean considerables en atención a su número, pero aquí y ahora esa interpretación no pasa el filtro de calidad. Para invasión ya tuvimos la de los visigodos que, al decir de los expertos, apenas sumaban unas pocas docenas de miles.

Nos preocupa, genéricamente, el estado de la Sanidad nacional (aunque la atención médica no priorice a los nacionales), de la Educación (aunque su enfoque por voluntad política de los sucesivos gobiernos, amén de transferencias competenciales a las regiones, esté supeditado a la “desnacionalización” de España). Casualmente, la “prioridad nacional” goza de buena aceptación en la izquierda cuando se habla de la cinematografía, y se nos invita a degustar “Sidosa” con sibarítica fruición, documental subvencionado de Eduardo Casanova y Jordi Ébola al alimón, una dupla estelar, que ha reventado las taquillas con un pírrico cargo en taquilla y apenas un puñado de espectadores en las salas de exhibición. Otrosí, a nuestras fenomenales actrices se les anima a vestir alta costura nacional en festivales y vernissages artísticas, aunque muchas de ellas, famosas por su apostolado ferviente del cine patrio, prefieren, en cambio, desfilar por la alfombra roja ataviadas con diseños de prestigiosas marcas internacionales, sea Dior, Prada o Chanel.    

A menudo se nos dice “nos preocupan los problemas de la gente”. “Dar respuesta a sus necesidades básicas es prioritario”. Su bienestar. Y lo tenemos por justo y bueno… hasta que sustituimos “gente” por el gentilicio. Y es obvio que la gente de la calle en España son los españoles, mayoritariamente. Pero, hete aquí que siendo las frutas españolas prioritarias, como el textil español frente al del sudeste asiático, la promoción del deporte nacional o nuestra cinematografía y nuestra avifauna lacustre, cuando tratamos de las personas ya no es de uso la fórmula mágica. Mira por dónde. Los españoles, en España, no han de ser prioritarios so pena de incurrir en una suerte de supremacismo insolidario. Chúpate ésa. Y lo que por su simplicidad e inmediatez habría de ser una redundancia fácilmente comprensible (sentido común) incluso para una persona de luces limitada, o para un socialista, desata un encendido debate, una demencial tormenta política.

Javier Toledano | escritor


Tags: prioridad nacional, debate político, sentido común, izquierda y derecha, soberanía económica, batalla cultural, opinión

Comparte con tus contactos:

Deja un comentario