En forma de V, de U, o de L. Letras que nos hablan de la posible recuperación de la grave crisis socioeconómica anunciada y que conlleva la alerta sanitaria en España; pero crisis que parece quedar escondida, por su impacto, en la conciencia ciudadana ante una imprescindible solidaridad oficial de muy escasa crítica, y las necesarias prestaciones temporales de dudosa financiación. “Panem et circenses” decía el poeta romano Juvenal en su décima Sátira.

El sueño es que fuera en V: una caída rápida y una recuperación aún más rápida, con daños muy mínimos. La posibilidad es que sea en U: reconstrucción más lenta pero al final del camino, con mayor o menor esfuerzo, se volvería a una situación de relativa normalidad socioeconómica. Y el gran temor es la letra L: una recuperación que o no llegará pronto o que producirá una recesión de larguísima duración.

Los pronósticos cuantitativos pronostican caídas históricas del PIB para 2020: del 8% al 13%, aunque podría ser mayor en función de un confinamiento demasiado profundo y un “desescalamiento” demasiado  improvisado; y señalan, por ello, tasas del paro tremendas: del 16 al 25% de desempleados. Cifras que sitúan, de nuevo, a España entre los países más afectados por el impacto de la crisis del Coronavirus, ponen en entredicho el modelo de confinamiento usado (el segundo más duro del mundo, y con amplias y polémicas restricciones de libertades), y vuelven a demostrar la fragilidad de un sistema productivo nacional muy marcado por el ocio y el turismo.

Pero la evidencias cualitativas nos muestran, además, la cara más humana y trágica de esta crisis, como de toda crisis: aumento exponencial de las familias que piden ayuda asistencial, crecimiento en las colas de los comedores sociales, posibles patologías mentales y conflictos intrafamiliares aún no lo suficientemente advertidos, perdida de recursos de servicios asistenciales, subida plausible de la marginación y exclusión social, o profundización de la depresión demográfica nacional. Ya pasó en la anterior crisis “globalizada” del siglo XXI: demasiadas víctimas colaterales y demasiadas lecciones que dejamos para más tarde.

No es cuestión de optimismo o pesimismo; y nunca lo puede ser, más allá de fidelidades inquebrantables ante gobiernos ineficientes u oposiciones políticas y lógicas al mismo. La reconstrucción, y su diagnóstico paralelo, es cuestión de realismo, y siempre lo debe ser: para comprender las causas verdaderas, sacando las enseñanzas a aprender de una vez o adaptarse a la de nuevo descubierta fragilidad humana; y para atender las consecuencias materiales y espirituales, iniciando rápidamente la reconstrucción y buscando un nuevo modelo más eficaz y más sostenible de manera compartida.

V, U, L. Letras siempre usadas, como símbolos sencillos, para explicar didácticamente esas curvas macroeconómicas que determinan el presente y el futuro de un país, y que indicarán si los gobiernos hicieron bien su trabajo o no, si los ciudadanos fueron críticos o callaron, si somos verdaderamente solidarios, y si estamos preparados para el sacrificio imprescindible. Pero en cualquiera de los escenarios postcrisis posibles, siempre debe haber una letra fundamental dentro de los acrónimos con los que nombrar las políticas sociales, públicas y privadas, para la construcción de una nueva España tras la pandemia: F de Familia.

La célula social básica, desprotegida jurídicamente y denostada culturalmente en España y Occidente, ha demostrado en esta crisis, otra vez, su importancia crucial: 1) Durante el Confinamiento “lo familiar” ha acogido y cuidado a sus miembros incondicionalmente, ha apoyado a los superados sistemas sanitarios y educativos, ha sostenido socioeconómicamente a los parados con menos recursos, ha financiado el sistema productivo ampliamente paralizado, y ha suplido con ingenio y esfuerzo los fallos del Mercado y del Estado; 2) Y durante la Reconstrucción, resulta esencial conciliando en la producción y responsabilizando en el consumo, recuperando su papel en los cuidados más humanos, y difundiendo la belleza del hogar, del matrimonio y de la convivencia entre diversas generaciones (hijos, parejas, abuelos). Porque en esta dura cuarentena hemos contemplando, de nuevo, a padres compartiendo juegos con sus hijos, a matrimonios que recuperan el tiempo perdido, a hombres y mujeres que se comunican como nunca, a mayores rescatados del olvido o la soledad, a vecinos que se ayudan unos a otros… “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”, nos recuerda El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Una gran lección de esta crisis, de toda crisis. Ahora y siempre F de Familia.

Sergio Fdez Riquelme

Por Redaccion

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