Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno de España y Ministra de Trabajo y Economía Social, ha dicho en los últimos días que: «el trabajo hoy desgasta y enferma y no lo podemos ni debemos ocultar”. Está bien que la responsable del gremio, el Trabajo, sea la que haga del mismo uno de los males de la actualidad.
Virgilio en el canto VI de La Eneida personificó a los grandes males del mundo, mientras Eneas descendía a los infiernos. Reveló que entre el el dolor, la muerte, la vejez, el miedo y la pobreza, se encontraba el trabajo. Probablemente la ministra está totalmente de acuerdo con esta idea, y de ahí que intente mejorar las condiciones de los pobres trabajadores españoles, más explotados que en la antigua Roma. Su intención es mejorar la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Como no podía ser de otra forma durante el acto estuvo escoltada por sus fieles acólitos y bien agradecidos, los secretarios generales de UGT y CCOO.
Quiero recordar a la ministra que cuando se estigmatiza una acción, ésta se puede volver en contra de lo que se propuso, es decir, da la impresión que trabajar es algo desagradable e inevitable y, por lo tanto esa misión, mejor que la hagan otros, y no lo digo por la últimas declaraciones, si no por la suma de las que lleva desde que pertenece al ejecutivo. Cuenta Heródoto que cuando en Esparta el crecimiento demográfico quedó descontrolado, los espartanos decidieron aprehender tierras y esclavos, de tal forma que tuviesen asegurados los alimentos y la mano de obra para producirlos. Para conseguirlo se introdujeron en el centro del Peloponeso con la intención de invadir Arcadia, que era una región muy próspera. El contingente iba cargado de grilletes con los que esclavizar a sus habitantes. De forma sorprendente fueron vencidos y tuvieron que trabajar las tierras encadenados con sus propios grilletes. ¿Lo ve señora ministra? No se puede abominar de una acción tan noble como el trabajo, sino, que se ha de ennoblecer.
La prevención de los riesgos laborales (PRL) ha sido una preocupación para el ser humano desde que existe el trabajo, lo único que debemos hacer es adecuarlos a los tiempos con la correspondiente legislación según la tecnología que se esté desarrollando. Lo que no se debe hacer es soltar diatribas como la que ha soltado la ministra diciendo que la prevención: «tiene que evitar el desgaste, tiene que evitar la soledad, el aislamiento, tiene que evitar el daño prolongado, la tensión , el estrés, el malestar que genera el estrés climático y el estrés térmico» . Yolanda Díaz nos tiene acostumbrados a decir sandeces vacías de contenido, pero podría descansar de vez en cuando y premiarnos con su silencio. Porque además, lo dice una persona que no ha trabajado más que lo justito como para conocer cuales son las condiciones en las que se trabaja en las empresas españolas.
Ahora arremete contra el teletrabajo, cuando eso era la salvación para la conciliación familiar, frente a lo que ellos nunca han hecho nada, más que poner como referente a los países nórdicos, pero sin mover ni un dedo para legislar en favor de ello. Pues bien, el teletrabajo ahora, según la ministra, provoca un desgaste que no es individual, sino colectivo, y aquí le sale el tinte marxista que no puede eludir. Eso de la colectivización le excita sobremanera, porque la defensa de las libertades individuales no es una de sus virtudes, ahora bien, el fomento del bien social (colectivo) sí, aunque sea a costa de cercenar al ciudadano, aunque sea de forma temporal, como muy bien explicaban Marx y Engels.
Mire señora ministra, como ya he dicho un par de párrafos más arriba, la prevención en el trabajo existe desde siempre. Hipócrates, siglo IV-V antes de Cristo, ya describió enfermedades propias de los mineros y artesanos, de esta manera sentó la base para el estudio de las enfermedades en el ámbito laboral. El emperador Valentiniano I prohibió el trabajo nocturno en las canteras por el alto riesgo de accidentes que podía sufrir. Y Plinio el Viejo, siglo I, recomendó el uso de mascarillas a los mineros para protegerse del polvo. Sin irnos tan lejos y, dentro del territorio nacional, la Ley de Accidentes del Trabajo de 1900 ya se promulgó para velar por los intereses de los trabajadores. No le voy a contar lo que significa en una gran empresa moderna la Prevención, no se lo puede ni imaginar, la Industria se adelanta a la ministra en decenas de años, por no decir en un siglo. Dese una vuelta por un laboratorio farmacéutico, una petroquímica, una factoría de coches, una acería o una cementera, sólo por ponerle algunos ejemplos claros.
Afortunadamente en el siglo XXI, la PRL, desde hace mucho tiempo señora ministra, se dedica, no solo a evitar accidentes, sino también a promover el bienestar de los trabajadores. Para esto no hacen falta políticos, ni sindicalistas de salón como los que han estado a su lado para firmar la norma que hayan firmado, lo que nos hace falta, y lo tenemos, son técnicos eficientes que conozcan bien sus trabajos y sus necesidades. Para el perfecto desarrollo de la prevención en el trabajo, no hacen falta fantoches que salgan en los medios hablando sin hablar, que es lo que habitualmente hacen. Las medidas con respecto a la ergonomía y la salud mental están escritas desde antes de que usted estuviese en su facultad de Santiago estudiando Derecho. Las nuevas tecnologías son capaces de predecir riesgos, la robótica y la automatización han reducido la exposición de los trabajadores en tareas peligrosas de forma exponencial y los sistemas de monitorización han permitido controlar las condiciones de trabajo de forma muy eficiente.
Para saber esto, solo hay que trabajar, sí señora ministra, trabajar en el sector que cada uno sea competente, pero trabajando, no en un sillón de un despacho divagando. Ese es el peor de los males que afecta a Europa, a la hora de defender la economía: la burocracia desenfadada exenta de conocimientos técnicos que puedan adecuar la normativa a la realidad productiva. La historia de la prevención de los riesgos laborales nos enseña la capacidad del ser humano para adaptarse y mejorar de forma continua, y siempre para proteger la vida y la salud de los trabajadores. No lo olvide señora ministra, nos sobran políticos bisoños que no hacen más que entorpecer lo que de forma natural se irá reglamentando.
José Carlos Sacristán | Colaborador de Enraizados




