¿Vox se diluye en el sistema?

El viraje de Vox hacia la moderación con el PP y la trampa de la moción de censura instrumental

El escenario político español asiste a una mutación estratégica que redefine la posición institucional del soberanismo parlamentario. En este contexto, ¿estamos asistiendo a una paulatina transformación de Vox, -un partido que irrumpió en las instituciones con un discurso de ruptura frente a lo que denominaba el consenso progre o «derechita cobarde»-, a una creciente asimilación dentro de las dinámicas tradicionales del sistema?. Tal como señalan analistas y expertos, este fenómeno se hace evidente en el replanteamiento de sus relaciones con el Partido Popular y en la adopción del concepto de moción de censura instrumental.

Tal como señalábamos en un editorial anterior, esta fórmula, lejos de representar un desafío real al orden establecido, sitúa a la formación en una posición de subordinación táctica respecto a Génova, aceptando participar en un juego aritmético que fía el futuro del país a la convocatoria de unas nuevas elecciones generales que corren el riesgo de perpetuar el mismo bloqueo e inercia institucional. Al ofrecer concesiones parciales o «migajas» de poder, el régimen logra que el soberanismo caiga en su juego, integrándolo en la gestión del día a día y diluyendo su potencial disruptivo en una paz negociada que mantiene el statu quo básico.

El repliegue estratégico: Vox suaviza el tono frente a Génova

La dirección nacional de Vox, encabezada por Santiago Abascal, ha modificado de forma drástica la agresividad discursiva que dirigía hacia Alberto Núñez Feijóo. En anteriores ventanas de oportunidad política, la formación priorizaba la confrontación directa con el PP, acusándolo de tibieza y de buscar pactos bilaterales con el PSOE. Sin embargo, la consigna actual se fundamenta en la distensión y en evitar cualquier choque frontal que pueda distorsionar las negociaciones parlamentarias dirigidas a desbancar al Gobierno de Pedro Sánchez.

Las declaraciones del vicepresidente de Vox, Ignacio Garriga, y que recoge Periodista Digital, al afirmar que su formación presentaría la moción pero que el PP es quien ostenta la capacidad real para articularla, reflejan esta renuncia al liderazgo de la oposición. Al delegar la iniciativa en el PP y apelar a la necesidad de negociar con grupos separatistas como el PNV y Junts, Vox adopta un pragmatismo institucional que difumina su perfil diferenciado.

Esta renuncia a ejercer como alternativa nítida se complementa con la aceptación de dos condiciones que limitan su capacidad de influencia: la renuncia explícita a formar parte de un Ejecutivo de transición y la flexibilidad para coincidir en el sentido de voto con formaciones separatistas, siempre que la votación se catalogue como estrictamente puntual.

El encaje de bolillos parlamentario: Dependencia del separatismo

La viabilidad de la denominada moción instrumental exige una mayoría aritmética imposible de alcanzar sin la participación de los golpistas del 1O de Junts o del PNV. Al reducir el coste político de la operación mediante el compromiso de no reclamar carteras ministeriales, Vox facilita indirectamente que el PP tienda puentes hacia el separatismo. Esta postura debilita el núcleo doctrinal de Vox, edificado sobre la oposición frontal a las concesiones de carácter autonómico y la denuncia de los pactos con fuerzas secesionistas.

Por su parte, la dirección del Partido Popular gestiona los tiempos con extrema cautela. Alberto Núñez Feijóo insiste en que no registrará ninguna iniciativa constructiva de censura sin poseer garantías plenas de éxito, evitando una reedición de anteriores intentos fallidos que reforzaron la cohesión de la coalición gubernamental. El cómputo de 184 diputados que, según Génova, respaldarían un adelanto electoral, incluye formaciones de diversa naturaleza ideológica, obligando al PP a emitir mensajes calculados para atraer a las minorías nacionales sin desairar a su base electoral tradicional.

La paradoja radica en que Vox, al presentarse como un socio predecible y dócil en la votación, se presta a una estrategia diseñada por el PP para demostrar a los partidos nacionalistas que el concurso de la formación no condicionará las futuras estructuras gubernamentales.

Las reticencias de las fuerzas periféricas frente al factor Vox

A pesar de los esfuerzos de optimización discursiva ensayados por las fuerzas estatales, tanto el PNV como Junts mantienen una actitud de distancia respecto a la operación parlamentaria. Los nacionalistas vascos, por mediación de figuras como Aitor Esteban, enfocan sus cálculos en el diseño del calendario electoral de los años venideros, manifestando su preocupación por la coincidencia de procesos municipales, autonómicos y generales que pudieran tensionar su espacio de competencia electoral con los proetarras de EH Bildu. El coste de asociar sus votos a una iniciativa apoyada por Vox se percibe en Sabin Etxea como un riesgo difícil de asumir ante su electorado autonómico.

En el ámbito catalán, Junts maneja variables de alta sensibilidad vinculadas al liderazgo del prófugo golpista Carles Puigdemont. La portavoz del grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, Míriam Nogueras, ha reiterado de forma sistemática que su partido no participará en maniobras destinadas a arbitrar la gobernabilidad del Estado español, fijando además en Vox una frontera insalvable.

La toxicidad electoral que representa la formación para los partidos nacionalistas periféricos anula el efecto de las garantías ofrecidas por Feijóo sobre la composición del gobierno interino, evidenciando que el repliegue táctico de Vox no logra desatascar la parálisis numérica del Congreso de los Diputados.

La trampa del adelanto electoral: Más de lo mismo

La insistencia en la moción instrumental como un mero resorte técnico para la disolución de las Cortes y la convocatoria inmediata de elecciones generales plantea serios interrogantes sobre la utilidad real de la estrategia de Vox. Expertos y analistas de diversas corrientes advierten de que acudir a las urnas bajo el actual clima de polarización estructural y fragmentación de bloques podría abocar a la política española a un bucle idéntico. Un nuevo proceso electoral corre el riesgo de reproducir un Parlamento atomizado, donde las mayorías sigan dependiendo de las minorías territoriales y donde la gobernabilidad exija compromisos idénticos a los actuales. Y con unas encuestas que constatan que Sánchez mantiene un electorado fiel.

Por otra parte, si se celebraran unas nuevas elecciones generales, el escenario más probable para una hipotética victoria del Partido Popular sería la obtención de una mayoría simple con un margen extremadamente estrecho. Este resultado obligaría a Alberto Núñez Feijóo a someterse de nuevo a la parálisis de los bloques aritméticos, salvo que gobierne con Vox, abriendo la puerta a que la gobernabilidad de España quedase supeditada al chantaje y las exigencias de los partidos separatistas para poder sacar adelante la investidura. En la práctica, acudir a las urnas bajo estas condiciones se traduciría en una repetición del bucle político actual, donde las siglas del Gobierno cambian pero las lógicas de dependencia territorial permanecen intactas, ofreciendo a los ciudadanos más de lo mismo.

Vox, engranaje del sistema

Al validar este mecanismo, Vox se introduce en el engranaje del sistema parlamentario que antes censuraba, aceptando las reglas de una alternancia bipartidista tutelada por el PP. La renuncia a plantear un programa alternativo de gobierno integral dentro de la propia moción rebaja las expectativas de sus electores, que ven cómo la formación asume el papel de fuerza auxiliar de la dirección popular.

Desde la Moncloa se observa este movimiento con tranquilidad relativa, confiando en la incapacidad de la oposición para articular un bloque coherente con fuerzas separatistas en un contexto de alta presión judicial y parlamentaria.

La asimilación institucional de la disidencia

El debate en torno a la moción instrumental confirma que las posiciones maximalistas que caracterizaron los inicios de Vox han cedido ante la necesidad de supervivencia y encaje institucional dentro del sistema bipartidista actual. Al coordinar su acción con las directrices del PP y modular su discurso para no entorpecer los contactos con el PNV o Junts, Vox corre el riesgo de diluir su identidad política, transformándose en una corriente predecible de la derecha convencional.

La aceptación de unas elecciones generales como la única solución posible sitúa a la formación en el mismo punto de partida, participando en un juego donde las siglas cambian, pero las lógicas de poder y los bloqueos del sistema permanecen inalterados.


Tags: Vox, Santiago Abascal, Partido Popular, Feijóo, Mocion de censura, Elecciones generales

Comparte con tus contactos:

Deja un comentario