En plena vorágine de publicaciones de escándalos, Sánchez sigue conservando a 1 de cada 4 votantes

La soberbia del PP ante las encuestas

Alberto Núñez Feijóo peca de soberbia triunfalista ante las encuestas, El PSOE retiene un voto fiel blindado frente a la corrupción.

La soberbia es, históricamente, el peor enemigo de la derecha española. En los despachos de la sede del PP parece haberse instalado una peligrosa alucinación colectiva: la creencia ciega de que las próximas elecciones generales están ganadas por inercia. El Partido Popular asiste al goteo diario de sumarios judiciales y escándalos políticos como quien mira un partido cuyo resultado ya conoce, autoconvencidos de que la demolición del sanchismo es una fruta madura que caerá por su propio peso. Sin embargo, la realidad de las encuestas es tozuda y dibuja un escenario radicalmente distinto para quien decida mirarla sin las anteojeras del triunfalismo de partido.

El equipo de Alberto Núñez Feijóo se ha especializado en una lectura selectiva y complaciente de la demoscopia. Analizan los sondeos según les conviene, maximizando las décimas de subida propias y minusvalorando la capacidad de resistencia del adversario. No se dan cuenta, o no quieren ver, que la descomposición institucional no se traduce automáticamente en un trasvase masivo de papeletas hacia sus siglas. Mientras en Génova descorchan el champán antes de tiempo, las tripas de los estudios sociológicos lanzan una advertencia ensordecedora: el Partido Socialista Obrero Español cuenta con un suelo electoral granítico, un voto fiel e impermeable a cualquier tormenta política que debería quitar el sueño a los estrategas de la oposición.

Las falsas expectativas de la derecha ante los últimos escándalos

Creían los populares que lo peor para el socialismo les iba a pasar en mayo tras la catástrofe anunciada en las elecciones andaluzas del día 17. En el cuartel general del PP se frotaban las manos esperando un desplome histórico provocado por los efectos del impacto de dos auténticos meteoritos políticos en las dos últimas semanas: las derivadas judiciales en torno a la figura de José Luis Rodríguez Zapatero y el estallido fulminante del caso Leire Díez. La maquinaria mediática de la oposición daba por amortizado el cambio de ciclo, asumiendo que la acumulación de causas judiciales en el entorno del Palacio de la Moncloa provocaría una desbandada generalizada en el electorado de centro-izquierda.

Pero el análisis apresurado ha vuelto a chocar contra la resistencia psicológica del sanchismo. A pesar de que el PSOE pierde porcentajes en dos meses —una caída de 2,2 puntos que la mayoría de los expertos demoscópicos considera que recupera en cuanto vuelva una cierta tranquilidad al debate diario—, lo verdaderamente significativo, lo que demuestra la resiliencia del bloque gubernamental, es que la formación sigue teniendo un robusto 25,4% de intención de voto y una estimación de entre 103 y 105 escaños. Esto significa que, en el peor momento posible de la legislatura, acorralado por los tribunales y los escándalos de corrupción, 1 de cada 4 votantes españoles le seguirán votando de manera incondicional.

Radiografía del sondeo: el asalto a Ferraz y la realidad parlamentaria

Los datos no admiten interpretaciones partidistas. El sondeo de Target Point para El Debate fue realizado con un trabajo de campo milimétrico, llevado a cabo entre el miércoles —el preciso día en el que los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil estuvieron 12 horas en la sede central de Ferraz en el marco de la investigación de la cloaca del PSOE— y el jueves. Incluso bajo esa máxima presión ambiental, con las televisiones retransmitiendo en directo el registro de la sede socialista, el suelo electoral del Gobierno de coalición se mantuvo firme.

Y el PP baja

El reverso de la encuesta ofrece una lectura muy preocupante para la alternativa conservadora. El PP baja medio punto desde el pasado mes de marzo, retrocediendo del 31,7% al 31,2% en intención de voto. Los populares se resienten directamente del sabor agridulce del resultado de Juanma Moreno en los comicios andaluces, donde el barón regional no logró revalidar su cómoda mayoría absoluta y se quedó a las puertas, a tan solo dos escaños de distancia.

Este frenazo territorial deja al descubierto las costuras de una dirección nacional encabezada por un Alberto Núñez Feijóo percibido de nuevo por parte de su electorado potencial como débil y cobarde, incapaz de capitalizar el desgaste de su rival. Si bien los de Génova suben en torno a tres diputados por los caprichos matemáticos de la ley D’Hondt y se colocan en una estimación de entre 134 y 136 asientos, este incremento es fruto de la carambola del sistema electoral y no de un crecimiento orgánico e ilusionante de la derecha.

El muro del trasvase de voto y el limbo de los indecisos socialistas

La clave que desarma la autocomplacencia del Partido Popular se encuentra en el trasvase de voto entre los dos grandes bloques, una corriente que sigue completamente congelada. A pesar de la gravedad de los casos de corrupción que asedian al Gobierno y a las siglas del PSOE, el flujo directo de votantes desencantados de la izquierda hacia las filas del PP se mantiene en cifras residuales y ridículas: solo el 5,3% de los ciudadanos encuestados que apoyaron la papeleta de Pedro Sánchez en las elecciones generales de julio de 2023 asegura ahora que optará por la opción de Feijóo. No hay un puente tendido entre ambas realidades; la frontera sigue cerrada.

¿A dónde va entonces el voto perdido de la izquierda? El más de medio millón de votantes que se deja el PSOE a lo largo de este último bimestre no se muda a la oposición, sino que se refugia fundamentalmente en el limbo de los indecisos. En el caso específico de los votantes socialistas, este porcentaje de duda y repliegue asciende al 20,1%, es decir, uno de cada cinco antiguos electores del bloque gubernamental se encuentra hoy en la abstención técnica o la duda.

La experiencia histórica de las últimas citas electorales demuestra de forma implacable que la inmensa mayoría de estos indecisos del PSOE acaban volviendo a los brazos de Pedro Sánchez en la última semana de campaña ante la agitación del miedo a la alternativa de la derecha. En el cuartel general de Ferraz conocen perfectamente esta dinámica de movilización reactiva y trabajan con la total seguridad de que estos votos son cien por cien recuperables.

El error de dar por muerto al sanchismo antes de tiempo

Si el PP cree que las próximas elecciones están ganadas por el simple peso de la actualidad judicial, se equivoca de forma catastrófica. Las encuestas no anuncian un cambio de ciclo irreversible, sino una polarización enquistada donde Sánchez retiene un suelo firme, inamovible y blindado contra los escándalos éticos. El votante socialista fronterizo prefiere perdonar las faltas de su partido antes que validar el proyecto de una oposición que percibe carente de alternativas reales y sobrada de triunfalismo de despacho.

Dar por muerto políticamente a Pedro Sánchez ha sido el error de inicio de todos sus adversarios. El líder del Ejecutivo no solo cuenta con ese 25% de resistencia ultra fiel que no le abandonará bajo ninguna circunstancia, sino que guarda en la recámara una batería de «armas especiales» —en forma de giros de guion legislativos, ofertas de gasto público clientelar y control de los tiempos institucionales— que ya tiene preparadas para activar cuando las urnas se abran de verdad. Si Alberto Núñez Feijóo y su equipo continúan leyendo las encuestas con los ojos de la complacencia y la soberbia, se encontrarán en la noche electoral con una amarga sorpresa que las tripas de los sondeos ya están avisando hoy con absoluta claridad.

Pensar que Sánchez está acabado es no conocer su manual de resistencia: mantiene un suelo de titanio y eso, no lo olviden, sin empezar a activar las ‘armas especiales’ que ya tiene preparadas para la campaña.»


Tags: Alberto Núñez Feijóo, Pedro Sánchez, encuestas electorales, intención de voto, suelo del PSOE, elecciones generales, soberbia del PP

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