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Un ejemplo clarificador para empezar
Francisco Javier Cuenca Villalba, el “padre Fran”, el sacerdote violador que drogaba y grababa a sus víctimas (Onda Cero), nació en Vélez-Málaga en 1989 (tiene 37 años), perteneció cuatro años a los Padres Trinitarios, ingresando luego en el Seminario y siendo ordenado diácono y presbítero en 2016 y 2017. En todo caso, en 2023 surgieron dudas sobre su proceso de formación, pues la Orden Trinitaria emitió un comunicado afirmando que Fran nunca llegó a ser religioso trinitario y solo estuvo un año de formación durante 2012, con lo que queda en entredicho los seis años de obligado seminario del mismo. Todo lo cual apunta a graves deficiencias de selección y formación.
Desde agosto de 2017 ejerció de párroco en Ardales y Carratraca, y como vicario parroquial en Álora, todos municipios de Málaga, pasando posteriormente a Melilla (Vicariato de Málaga).
Era, según algunos de sus feligreses y la prensa, “un cura moderno, bonachón, con empatía, y el primero en llegar y el último en irse de una fiesta”, rodeado de jóvenes de ambos sexos (sobre todo de mujeres), y que bebía como el que más, todo lo cual no dejaba de levantar comentarios.
En Melilla llegó a convivir con una mujer, “Rocío R.”, casi abiertamente (cohabitaban en el domicilio parroquial de Sª. Mª Micaela); y antes tuvo otra “novia” en Málaga, en Ardales. La de Melilla fue la que levantó el velo que cubría al personaje en las Navidades 2022-2023, tras descubrir una memoria de ordenador (“lápiz”) con imágenes sexuales explícitas en las que reconocía el cuerpo de su amante mientras abusaba de mujeres inconscientes. La despechada y escandalizada mujer hizo copia del disco duro y se lo contó a una amiga (“María”), quien, con su marido, lo denunciaron al vicario de Melilla, Eduardo Resa. Ella misma trató de reunirse con el vicario y se lo dijo “a varios sacerdotes de Melilla, que le pidieron que no hiciera nada”. Luego se puso en contacto con la diócesis de Málaga y el obispo, llamando por teléfono y por correo electrónico, en al menos en nueve ocasiones y enviando dos cartas.


A pesar de todo, según la Fiscalía que instruyó finalmente el caso, “sin que dichas autoridades (eclesiásticas) tuvieran a bien escucharla, o colaborar con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, o tomar medida alguna, más allá de trasladar al sacerdote, a principios de 2023, a las parroquias de El Burgo y Yunquera”, en la Sierra de las Nieves (Málaga). En su declaración en sede judicial la mujer testigo y denunciante aseguró que las autoridades religiosas de Melilla y Málaga conocían los hechos y no hicieron nada, y que incluso dos cargos de la Diócesis vieron los vídeos y no actuaron.
Entonces era obispo de Málaga Jesús Esteban Catalá Ibáñez (Villamarchante, Valencia, 1949), quien se retiró en junio de 2025 y actualmente es emérito en dicha diócesis y miembro de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Recuerdo un artículo de “La Cigüeña de la Torre” del (1-V-2013) que titulaba: “el obispado de Málaga niega la Resurrección” en el que se culpaba a Catalá de permitir que el presbítero Francisco Aranda, canónigo archivero y profesor del Seminario, perorara en ese sentido. Al hilo del artículo, los comentarios dibujaban una diócesis con graves desviaciones, especialmente en el seminario.


La pareja del cura finalmente denunció los hechos a la policía. Fue entonces cuando, a finales de septiembre de 2023, el Obispado retiró las licencias al cura … un día antes de que fuera detenido.
En el juicio celebrado recientemente en Málaga, el fiscal pidió 72 años de cárcel y 1’2 millones de euros en indemnizaciones para el cura acusado de drogar y violar a cuatro mujeres de forma continuada entre 2014 y 2018 (es decir, alrededor de su ordenación sacerdotal) durante distintos viajes de amigos. Hay constancia de que “el padre Fran” viajó en 2023 a la JMJ de Lisboa con su parroquia y el grupo de la Diócesis de Málaga.
La Fiscalía, según Europa Press, «… en este entorno religioso … el procesado aprovechaba la “fuerte” e “íntima” relación de amistad con las mujeres, quienes, movidas por la “confianza” y “su condición de religioso”, pernoctaban con frecuencia en sus domicilios; una vez allí, y sin que ellas se percataran, supuestamente les suministraba “una sustancia desconocida -con toda probabilidad éxtasis líquido-” que las sumía en una profunda somnolencia, dejándolas inconscientes». Por cierto, según testimonio policial, cuando fue detenido “no colaboró en absolutamente nada”, y continua en esa actitud, dado que no se conoce la droga que utilizaba. Volviendo a Europa Press, la Fiscalía mantiene que «el acusado grababa y fotografiaba los actos con la “evidente intención de vulnerar su intimidad” y sin su consentimiento … (las) imágenes, que permiten precisar las fechas de los hechos, sustentan la acusación por cuatro delitos de abuso sexual, revelación de secretos (ambos continuados) y lesiones».
José Antonio Satué Huerto (Huesca, 1968), actual obispo de Málaga desde que en 2025 le nombró León XIV, ha pedido perdón pero ha defendido la acción de la diócesis (Cadena SER), asumiendo que, si el “cura Fran” es declarado culpable, la Iglesia indemnizará a las víctimas. Concretamente, el pasado 22 de mayo dijo en rueda de prensa que los abogados del Obispado “van a defender que a la diócesis no se le debería exigir tal responsabilidad porque no ha propiciado, ni se ha favorecido, ni ha mirado para otro lado cuando se han conocido las gravísimas acusaciones de abuso contra el sacerdote”. Afirmaciones que se contradicen con las de la denunciante.
Desde 2021 Satué es miembro en la Subcomisión de Migraciones de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana de la CEE. En 2022 Bergoglio ordenó volver a juzgar a José María Martínez antiguo profesor del colegio Gaztelueta (Vizcaya), del Opus, quien ya había sido juzgado y absuelto por el cardenal Luis Ladaria en 2015. La controvertida repetición del juicio fue ordenada por el Papa a petición de la víctima, en un programa de televisión. Satué fue nombrado presidente-delegado del Papa (juez) y decretó probadas las acusaciones y la expulsión del numerario de la Prelatura, levantando una importante polvareda de críticas por su mal hacer “canónico”.
Y otra pincelada gruesa sobre el obispo de Málaga: apoya públicamente las bendiciones a homosexuales (“la bendición de personas que tienen un proyecto de pareja del mismo sexo es un paso adelante”); todo muy en la línea Fiducia Supplicans. Lógicamente, los comentarios a los artículos de “La Cigüeña de la Torre” de este año no tienen desperdicio y pintan un panorama manifiestamente aterrador.

Josete bendiciendo pareja en Madrid (X-2025)
Otros casos
Por supuesto que ha habido otros casos, demasiados, en los que no se ha visto la corrección fraterna o la aplicación del Código de Derecho Canónico con rapidez y equidad. Casos en los que el escándalo y el mal ejemplo han sido claros, y en los que se han permitido situaciones sacrílegas.
Los casos del obispo de Mallorca y los curas de San Carlos Borromeo (Vallecas) son deslumbrantes.
Julio Pérez Pinillos, un histórico “cura obrero” (comunista), casado (fue presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados) y, según José Manuel Vidal (El Mundo, 27-V-2014), “sigue atendiendo a su comunidad de Vallecas, celebra la eucaristía (sic) y asiste a las reuniones de curas de su arciprestazgo e incluso a las reuniones de curas de la zona … (y) en ellas, a veces, se topa con el cardenal Rouco, que conoce su actividad ministerial (en S.C. Borromeo) y la consiente”.
El Obispo Javier Salinas, en Mallorca por aquellos mismos años, fue denunciado por el marido de su secretaria de relaciones institucionales, Sonia Valenzuela, ante el Vaticano y los juzgados de la isla.
Y no solo con mujeres. En enero de 2024 murió asesinado por su amante el canónigo Alfonso López de la catedral de Valencia. Un mes después Alfonso Raúl Masa, párroco de Don Benito (Badajoz) fue detenido por traficar con viagra y otras drogas junto a su pareja homosexual en Don Benito. En septiembre de 2025 fue detenido en Torremolinos (Málaga) el sacerdote Carlos Loriente,de 45 años,canónigo de la Catedral de Toledo, director del Instituto Teológico “San Ildefonso” y hasta poco antes Vicario Episcopal para el Clero de la Archidiócesis de Toledo, en compañía de otros cuatro jóvenes hispanos (24 a 38 años), y en posesión de cantidades considerables de cocaína rosa (tusi), otras sustancias y “juguetes sexuales).

Y qué pensar del arzobispo de Madrid, José Cobo Cano y las manifestaciones en vídeo de su amigo el sacerdote homosexual José Castro Cea (“Josete”)? Infovaticana publicó que Joseste mantuvo por entonces dos conversaciones con Bergoglio en las que le recomendó a Cobo como “ el hombre adecuado para liderar la diócesis … poco después, Cobo fue nombrado obispo auxiliar, y el resto es historia”.
Castro se autoproclamó públicamente sodomita en otoño de 2024 (ver Vídeo), cuando era párroco de El Pilar (c/. Juan Bravo, Madrid), fue mantenido luego por Cobo al frente del Instituto Internacional de Teología a Distancia, para ser relevado a comienzos de este año tras una orquestada bendición/boda de una pareja homosexual. En la actualidad dice que se dedica “al sosiego y la reflexión”, y a una consultoría independiente de educación y transformación digital en el ámbito civil.
Desde luego, estos reiterados comportamientos, sobre todo los de las jerarquías eclesiales, poco o nada tienen que ver con la Religión Católica. Se mire como se mire y sin paliativos.
Y lo digo desde la meditada y dolorida posición de quien busca ser buen miembro de la Iglesia Católica.
José María Manrique García | Cor. Artª. (R.). Escritor
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