La escandalosa claudicación de Sánchez ante Marruecos y el papel de contención de Felipe VI

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La soberanía nacional de España afronta una de las etapas más oscuras de su historia reciente debido a la alarmante sumisión y entreguismo de Pedro Sánchez ante las ambiciones de Marruecos. La política exterior del Ejecutivo central ya no camufla un entreguismo sistemático que desprotege las fronteras de Ceuta y Melilla en beneficio de los intereses de Mohamed VI. Ante esta pasividad gubernamental, la indignación crece en los sectores estratégicos del Estado. El país asiste a un escenario de alta tensión donde la opacidad oficial coexiste con una labor crucial de la Corona para mantener la estabilidad institucional.

El intolerable entreguismo de Sánchez a Marruecos y la traición a Ceuta

Navantia entrega a Marruecos un buque de guerra en plena crisis de Ceuta. ¿Colaboración militar con quien practica la ‘guerra híbrida’ con su deslealtad? Sánchez financia y arma al mismo régimen que utiliza los flujos migratorios masivos como ariete político contra las ciudades autónomas españolas. Esta humillante entrega naval debilita la posición de fuerza de nuestras Fuerzas Armadas y premia las constantes provocaciones de un vecino enemigo que vulnera diariamente las aguas jurisdiccionales españolas en el Estrecho.

La capitulación de Sánchez ante Marruecos abarca también el ocultamiento de información vital para la seguridad nacional. El gobierno esconde una orden de acuartelamiento de Ceuta del 27 de julio por alerta de asalto. El Ministerio del Interior censuró este aviso de emergencia para no incomodar a la dictadura alauita ni destapar los fallos de su propia política migratoria. El Gobierno prefirió dejar en una situación de extrema vulnerabilidad a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado antes que denunciar formalmente los movimientos hostiles que coordinaban las autoridades marroquíes en el perímetro fronterizo.

El desprecio económico a la frontera sur y las sospechas judiciales

Por otra parte, el desprecio de Sánchez hacia los ciudadanos ceutíes adquiere tintes de sabotaje estructural a través del aislamiento económico. Ceuta lleva nueve meses esperando la interconexión eléctrica con la Península. El retraso deliberado de esta infraestructura vital ahoga el crecimiento de la ciudad y prolonga una dependencia energética insostenible en un enclave soberano. Mientras el dinero público fluye hacia convenios de cooperación con Marruecos, los proyectos estratégicos españoles permanecen congelados en los cajones de los ministerios.

A esta asfixia material se suman decisiones judiciales que provocan una profunda alarma social y minan la credibilidad del Estado de derecho. La Fiscalía cambia de opinión y libera a un empresario acusado de narcotráfico pero ligado a Marruecos. Inquietante. Este repentino cambio de criterio del Ministerio Público alimenta las sospechas sobre la existencia de pactos oscuros bajo la mesa. El Ejecutivo parece dispuesto a torcer el brazo de la justicia y conceder impunidad a redes afines a Rabat a cambio de una falsa y temporal paz en las vallas fronterizas.

El rey como dique de contención militar

Ante la indignación generalizada por la docilidad del presidente del Gobierno, los gestos de la Jefatura del Estado adquieren un significado mucho más profundo que una simple escenificación mediática. Mientras sigue el entreguismo de Sánchez a Marruecos se produce una tibia reacción -¿paripé?- de Felipe VI.

Felipe VI celebra un acto militar, se viste de Almirante y hace circular la foto. Al vestir el uniforme y asumir el mando simbólico de las tropas, el monarca canaliza el malestar de los oficiales, calma los ánimos en los cuarteles y frena cualquier tentación de desobediencia, actuando como dique de contención.

Con este gesto, los analistas de inteligencia descartan un intento de desafío militar al poder civil; la realidad apunta a una labor de arbitraje y pacificación dentro de los cuarteles. Felipe VI no atiza el fuego del descontento, sino que frena las tensiones internas ante la humillación que sufre el estamento militar por las cesiones de Pedro Sánchez. Felipe VI emula de esta forma la histórica estrategia de contención que su padre, Juan Carlos I, desempeñó con éxito frente a los mandos militares durante la Marcha Verde en 1975. Sin comentarios


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