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Viene la próxima pandemia. El guion está escrito y quienes lo preparan, según advierte Fernando López-Mirones, saben perfectamente cómo actuar. Puede parecer una afirmación excesiva para algunos, pero después de lo ocurrido durante la pandemia de COVID-19 resulta imposible ignorar el debate sobre qué sucedería si volvieran a declarar una emergencia sanitaria.
López-Mirones lleva tiempo señalando que la cuestión decisiva no estará únicamente en el origen de la próxima enfermedad, sino en quien la está manejando y en la respuesta que la sociedad esté dispuesta a aceptar. Y sitúa el escenario fundamental en un lugar muy concreto: hospitales y centros de salud.
Ahí estaría, en su opinión, la auténtica prueba de algodón.
La primera batalla será la aceptación social
La cuestión puede parecer sencilla: aparece (?) una nueva alerta sanitaria y las autoridades recomiendan determinadas medidas. Los guionistas y los medios de comunicación la amplifican. El miedo en la poblacion se extiende. Pero el verdadero problema comienza cuando una recomendación empieza a convertirse en una obligación y la excepcionalidad vuelve a presentarse como imposición.
El uso de las mascarillas en hospitales y centros sanitarios será ese primer test social. No porque llevar una mascarilla sea, por sí mismo, una cuestión política, sino porque la reacción de los ciudadanos enviará un mensaje sobre el grado de aceptación existente ante nuevas medidas restrictivas.
Si una parte importante de la población vuelve a aceptar determinadas imposiciones simplemente por timidez, miedo, presión social, comodidad o por evitar ser señalada como políticamente incorrecta, quienes defienden una respuesta cada vez más restrictiva entenderán que existe margen para continuar. Los guionistas habrán ganado y continuarán.
Y ahí está el verdadero peligro. No estaríamos hablando solamente de una mascarilla. Estaríamos hablando de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando acepta progresivamente restricciones que inicialmente parecían excepcionales.
Del hospital a la restricción de derechos
Si la sociedad acepta nuevamente el primer escalón, llegará otros: Restricciones a la movilidad. Limitaciones para viajar. Confinamientos, Exigencias de vacunación. Pasaportes sanitarios. Controles internacionales. Recuerden que el gobierno aprobó e pasado 31 de julio el pasaporte de vacunación internacional. ¿Casualidad? No
La experiencia de la COVID-19 demostró que determinadas medidas que parecían extraordinarias se implantaron con enorme rapidez cuando te hicieron creer que había una situación de emergencia.
La prueba será nuestra respuesta
Por eso, la próxima batalla no se librará únicamente en laboratorios, hospitales o despachos ministeriales. Se librará en la conciencia de cada ciudadano.
Si ante las primeras medidas existe una aceptación prácticamente automática, el mensaje será claro: la sociedad está dispuesta a asumir nuevas restricciones.
Si, por el contrario, los ciudadanos se niegan, exigen explicaciones, evidencia científica, proporcionalidad, límites temporales y respeto a sus derechos fundamentales, el mensaje será completamente diferente. Y pararán, Se trata de algo mucho más profundo: no entregar nuestra libertad por miedo.
No podemos volver a cometer los mismos errores
La próxima pandemia, si llega, no debería encontrar a una sociedad asustada y dispuesta a aceptar cualquier cosa en nombre de una supuesta emergencia. Debería encontrar ciudadanos informados y conscientes de sus derechos. Ciudadanos capaces de preguntar, exigir pruebas y reclamar límites.
La verdadera prueba de algodón llegará cuando alguien vuelva a decirnos que, por nuestra seguridad, debemos obedecer sin preguntar. Entonces sabremos si hemos aprendido algo de la última pandemia.
Porque la libertad no desaparece de golpe. Se pierde cuando una sociedad acepta, paso a paso, que renunciar a ella es el precio inevitable de sentirse segura.
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