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Relaciones con Marruecos del PP: la farsa del amago y la sumisión del bipartidismo
La historia de la política exterior española repite siempre el mismo guion previsible cuando afecta a la soberanía Ceuta y Melilla. En el PP, amagan pero no dan. Son parte de lo mismo: del sistema bipartidista PPPSOE. Amagan de cara a su electorado pero sin romper. En este caso es con Marruecos. Da igual que Marruecos demuestra que las dos grandes formaciones del régimen comparten una misma agenda de claudicación, donde los discursos encendidos solo sirven para camuflar una renuncia planificada a la integridad nacional.
La pose de firmeza del principal partido de la oposición se desvanece en cuanto los ciudadanos rascan la superficie de sus puestas en escena. La pose era clara y se aprovechó la visita del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, del PP, a la capital de España en el día de ayer con motivo de su participación en el Nueva Economía Fórum provocó un momento de aparente gran unión entre los barones autonómicos del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el gobierno ceutí. Todos los presidentes regionales de la formación, así como candidatos electorales a las próximas elecciones, apoyaron a Vivas, el que ha hecho una política cómplice con el islam desde hace años y el que apoyó el uso del puerto de Ceuta para acoger a invasores marroquíes en sus reuniones con Pedro Sánchez.
Esta exhibición de unidad interna no pasa de ser un ejercicio de mercadotecnia electoralista que oculta la verdadera debilidad de las filas populares ante las embestidas geopolíticas del vecino del sur.
El falso debate sobre la firmeza con el régimen alauita
Detrás de los aplausos y las fotografías institucionales en los hoteles de Madrid se esconde una profunda incapacidad para ejecutar medidas de castigo reales. El debate sobre cómo afrontar las relaciones con Marruecos genera tensiones ficticias en las oficinas de Génova:
«Revisar las condiciones de su relación, sí; dinamitar, no».
Con este lenguaje ambiguo y timorato, el equipo de Alberto Núñez Feijóo asume de antemano el marco que le impone la diplomacia de Marruecos, renunciando a cualquier represalia contundente que verdaderamente disuada al palacio real de Rabat de utilizar la presión migratoria como un arma de chantaje permanente.
El Partido Popular, y especialmente Núñez Feijóo, ha cambiado el tono cuando habla de la responsabilidad de Marruecos en todo ello. Ahora, cuando las pruebas son incuestionables, habla de la complicidad de la cúpula marroquí en todo ello. En Génova ya piensan cómo deben cambiar las relaciones con el país vecino si alcanzan la Moncloa en las generales del 2027. Sin embargo, estas reflexiones programáticas carecen de credibilidad. La dirección de los populares fía toda su estrategia a una supuesta moderación diplomática que es un simple miedo a romper el statu quo colonial de facto que sufre la frontera sur española.
Las líneas rojas de Génova se disuelven ante la realidad
El programa exterior que airean los colaboradores de Feijóo constituye un catálogo de intenciones estériles que nunca verán la luz. El primer escalón es endurecer la línea roja con Rabat, lo que pasa por pedir las explicaciones. Reforzar la frontera, llamar a consultas a la embajadora marroquí en España y al embajador español en Marruecos, posar sobre Ceuta y Melilla una posición estratégica en la política nacional y devolver a los ilegales cuanto antes. Hasta aquí pose y paripé. Pero un pronunciamiento compartido por la dirección del partido, en la que opinan que volar puentes con Marruecos sin mayor diligencia no es lo más inteligente. Esto es, amagar.. Nuevamente, la cúpula del PP se ampara en la supuesta prudencia geopolítica para justificar su inacción con su mantra habitual: «Revisar las condiciones de su relación, sí; dinamitar, no».
La política exterior es uno de los pilares de un Gobierno, y su complejidad escala mucho cuando los asuntos salen fuera de las fronteras de la Unión Europea. Con la invasión, el PP amagará pero no hará nada. Para el PP, al igual que para el PSOE, Marruecos es su vecino amigo. Y el bipartidismo, aunque duela, ha decidido que Ceuta y Melilla son para Marruecos. Amago y traición. Los dos pilares del turno dinástico español acatan la directriz internacional que entrega paulatinamente el control del Estrecho a la monarquía alauita. Las promesas de Feijóo se desintegrarán en la Moncloa exactamente igual que se desintegraron las de sus predecesores, confirmando que el destino de las ciudades autónomas está sentenciado en los despachos del estado profundo.
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