Los mercenarios socialistas de Mohamed VI: De González a Sánchez pasando por Zapatero, Bono o Blanco

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La política exterior de una nación soberana debería responder exclusivamente a la defensa de su integridad territorial y a los intereses de sus ciudadanos. Sin embargo, la relación bilateral entre España y Marruecos ofrece un espectáculo de claudicación constante que desafía cualquier lógica diplomática convencional. Pedro Sánchez aparece a los ojos del mundo como un pelele de Mohamed VI. Esta sumisión flagrante no constituye un hecho aislado ni un tropiezo coyuntural de la presente legislatura, sino el síntoma visible de una dolencia estructural mucho más profunda. Y cada crisis entre España y Marruecos parece terminar de la misma manera: con el Gobierno español retrocediendo y el régimen alauí avanzando posiciones.

El desolador escenario actual confirma la gravedad de esta asimetría política. Lo más sangrante ahora es Ceuta, invadida y en caos, pero antes se produjo el giro histórico sobre el Sáhara Occidental, adoptado por Sánchez en 2022 sin explicaciones y rompiendo décadas de política exterior española. Sobre ese sonrojaste sometimiento planea inevitablemente el caso Pegasus. Está acreditado que el teléfono móvil de Sánchez y los de varios ministros fueron infectados y que del terminal del presidente se extrajo una enorme cantidad de información. Pero el analista saharaui Taleb Alisalem sostiene que esa explicación se queda corta frente a la realidad del problema.

Una estructura organizada para la defensa de los intereses de Marruecos

La vulnerabilidad tecnológica que desveló el espionaje a los teléfonos gubernamentales representa apenas la punta del iceberg de una trama de captación de voluntades mucho más compleja. En una entrevista concedida a ESdiario, y recoge Periodista Digital, plantea una hipótesis mucho más grave: que no estaríamos únicamente ante un posible chantaje, sino ante una red de influencia marroquí asentada desde hace décadas en el entorno socialista. son los mercenarios socialistas de Mohamed VI. Los indicios apuntan a una sumisión ideológica y económica que anula la capacidad de respuesta del Estado español frente a las agresiones de su vecino del sur.

La paradoja de una administración que abdica de sus funciones de autodefensa estremece a los observadores internacionales. Alisalem asegura que nunca había contemplado algo semejante: «un Gobierno que, siendo el atacado, protege al agresor». Detrás de la actitud del PSOE hacia Marruecos existe «una estructura dentro del Partido Socialista perfectamente organizada» que actúa en favor de los intereses marroquíes. Y cuando le preguntan si cree que esa estructura recibe dinero de Marruecos, responde tajante: «Sí, totalmente».

De González a Zapatero: los lazos históricos y residencias de lujo

Esta red de favores y capitulaciones no nace con el sanchismo, sino que hunde sus raíces en los albores de la transición democrática. El analista no señala a un personaje aislado, sino que recorre varias generaciones del PSOE. Cita la tradicional sintonía de Felipe González con la monarquía alauí; las relaciones de José Luis Rodríguez Zapatero y sus conferencias remuneradas; y menciona también a Miguel Ángel Moratinos, José Bono, Juan Fernando López Aguilar y María Antonia Trujillo, esta última con vinculos muy personales e íntimos. Algunos de estos dirigentes se habrían tejido durante años relaciones políticas, personales y económicas con Marruecos y con el Majzén, el entramado de poder que rodea a la monarquía de Mohamed VI.

Diversos pesos pesados del PSOE han tejido lazos económicos y personales con Marruecos. Por ejemplo, Felipe González permanece vinculado a terrenos en la zona de Jbila, a las afueras de Tánger, donde se encuentran propiedades de la familia real marroquí y saudí. Esta conexión es una de las más antiguas del partido en relación con el ámbito económico marroquí. Asimismo, José Bono ha disfrutado de estancias en el hotel de lujo Le Mirage, situado en la costa de Tánger, un lugar habitual de encuentro entre las élites españolas y marroquíes. Por su parte, José Luis Rodríguez Zapatero viaja con frecuencia a Marruecos y se ha posicionado como uno de los defensores más visibles de las posturas marroquíes sobre el Sáhara, participando en foros y actos públicos en la nación del Magreb.

Un grupo compacto de figuras socialistas actúa como un auténtico lobby pro-marroquí dentro del propio partido. Esta facción incluye a Zapatero, Moratinos, Trinidad Jiménez, María Teresa Fernández de la Vega y María Antonia Trujillo. Esta última llegó incluso a residir en Larache y defendió públicamente la “marroquinidad” de Ceuta y Melilla, una postura que se alinea con las ambiciones históricas de Marruecos sobre estas ciudades autónomas. La asimilación de las tesis expansionistas de Rabat por parte de antiguos ministros del Reino de España evidencia la eficacia de la estrategia de captación alauí.

La profesionalización del lobby y el giro sanchista

La influencia política mutó con el tiempo hacia la explotación comercial de las influencias adquiridas en los despachos ministeriales. José Blanco, exministro de Fomento, emerge en el reportaje como una de las figuras clave en la formalización de estas relaciones. Tras abandonar la primera línea del partido, fundó la consultora Acento Public Affairs junto a miembros del PP, dedicada a la intermediación y al lobby institucional. Parte de su actividad está relacionada con la defensa de intereses marroquíes tanto en España como en la Unión Europea, aprovechando su experiencia con instituciones comunitarias. Esta transición de la política a los negocios realza la percepción de que la relación con Marruecos va más allá de la mera lógica diplomática, adentrándose en un terreno donde los contratos, la reputación y la habilidad de abrir puertas en Bruselas y en grandes empresas españolas son fundamentales.

El clímax de esta sumisión estructural coincide con el ascenso de la actual dirección gubernamental, que eleva la claudicación a la categoría de dogma oficial. Alisalem subraya que todo se ha agravado con el Gobierno actual. Invita a examinar especialmente la trayectoria y los contactos de José Manuel Albares, incluida su etapa en París, y pone también el foco sobre Fernando Grande-Marlaska. La conclusión que deja sobre la mesa es inquietante: Pegasus podría ser sólo una pieza del puzle. La verdadera explicación del sorprendente sometimiento de sucesivos dirigentes socialistas a Rabat está en una relación de influencia mucho más antigua, profunda y estructural.

El desolador balance para la soberanía española

En 2022, el presidente rompe con la tradicional postura de neutralidad de España respecto al Sáhara Occidental, respaldando el plan de autonomía marroquí como “la base más seria, creíble y realista”, tal como han reportado múltiples medios y agencias. Este giro, transmitido mediante una carta al rey Mohamed VI, no fue explicado en profundidad ni en el Parlamento ni ante la opinión pública. Muchos analistas critican lo que consideran una “sumisión inexplicable” del Gobierno a la agenda marroquí, sugiriendo que Rabat ha trabajado durante años para que las lealtades de destacados nombres del PSOE favorezcan sus intereses. La combinación de espionaje mediante Pegasus, la gestión de crisis diplomáticas y los beneficios económicos en juego añaden capas de presión difíciles de evaluar.

Marruecos ejecuta una estrategia nítida para reforzar su control de facto sobre el Sáhara Occidental con el respaldo político de socios fundamentales, ampliar sus reivindicaciones sobre aguas y espacio aéreo relacionados con el territorio saharaui, y mantener activa la discusión sobre Ceuta y Melilla. A cambio, España solo recibe ventajas inmediatas y volátiles como el control temporal de flujos migratorios, un acceso comercial privilegiado y una estabilidad operativa precaria en el Estrecho. El costo político resulta prohibitivo para la dignidad nacional. Las decisiones estratégicas del país se toman en medio de una penumbra inquietante, donde los lazos personales y económicos de los dirigentes del PSOE con Marruecos pesan tanto como la agenda oficial. Los nombres de González, Zapatero, Bono, Blanco y Sánchez se entrelazan con las siglas del PSOE para configurar una relación que continúa en expansión ante el silencio cómplice de la política española.


Tags: Mercenarios, Socialistas, Marruecos, PSOE, Lobby, Pegasus, Influencia

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