Por tierras de España: Baeza y Úbeda | José Riqueni Barrios

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         Lo sé, siempre se escribe “Úbeda y Baeza”, pero como el que escribe es un enamorado de la obra de D. Antonio Machado, el poeta más completo que ha dado la literatura española, pasear por Baeza, visitar el aula en que él impartió clases y transitar por las calles que recorriera el poeta suponen un plus personal frente a la monumentalidad de Úbeda, que ahí está y es indiscutible. De modo que al sano propósito de ejercer de baezanos por unos días nos alojamos en el TRH**** Baeza, mismamente de lunes a miércoles durante la Semana Santa de 2014.

Y como lo primero es lo primero, antes que nada y como es menester, recordemos al gran D. Antonio, un poeta siempre actual y que uno admira más cuanto más años cumple:

“Creo más útil la verdad que condena el presente que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero”. A. Machado. “Autobiografía” (1913) en prosas Dispersas.

Baeza (baezanos)

La vida de Baeza gira en torno a la Plaza del Mercado Viejo o de la Constitución y la memoria de Machado, el gran D. Antonio, se materializa en numerosos lugares de esta ciudad, como su viva imagen, ataviado con largo abrigo negro, sombrero y bastón, uno lo imagina caminando pausadamente y perdiéndose allá a lo lejos por entre los soportales de esta plaza.

Un 1 de noviembre de 2014, día de niebla, llega D. Antonio a Baeza en un tranvía de vía estrecha cuyo conductor se llamaba Berlanga. Machado se dirige a la casa del director del Instituto y allí, la criada le dice: “Don fulanito está en la agonía”. Lo siento mucho, en qué mal momento he llegado -respondería el poeta. A lo que la citada empleada de hogar le aclararía “no, no le ocurre nada malo, la agonía es el Casino, al fondo de la plaza, allí lo encontrará”. “La Agonía”, así era conocido el Casino (C/San Pablo) por los lugareños de aquella época, pues los agricultores siempre se estaban quejando y lloriqueando: “¡Ay, que no cae ni una gota, que no llueve desde…!”. En este Casino aún se conserva el piano que tocase D. Antonio, socio de honor, hombre aficionado a la cerveza y a la tertulia culta.

Justo a la espalda de la Plaza de la Constitución encontramos la antigua Universidad (S.XVI) y el Instituto Santísima Trinidad, en cuyo patio se conserva en buen estado el aula museo Antonio Machado en la que éste impartiera francés, dependencia que alberga, tarima, mesa sillón y pizarra, también paragüero con un viejo paraguas, así como vitrinas de mesa que muestran documentos relacionados con la vida académica del poeta profesor: 4.500 Ptas./año era el sueldo que le correspondió en 1913 como catedrático numerario de Instituto tras superar las oposiciones, cuya última prueba era la “prueba de la templanza” (toda la grada lo insulta). Sin duda, entrar en esta aula y observarla en detalle es uno de los recuerdos más imborrables de los que uno pueda atesorar sobre los grandes de España, máxime si es su favorito.

Aula de Antonio Machado

Salimos del aula del poeta con el corazón palpitando de gozo, de seguido transitamos por los callejones con arcos situados en las traseras de la catedral hasta dar con el Paseo de las Murallas, un mirador al que gustaba acudir a D. Antonio y a los lejos se vislumbra una panorámica de sierras y valles. De izquierda a derecha: Sierra de Segura, Sierra de Cazorla, Valle del Guadalquivir, Valle del Guadiana Menor, río Guadalquivir y Sierra Mágina. Monumento a Antonio Machado (1966).

En la calle Gaspar Becerra, en la segunda planta de una casa que hace esquina con calle prado de la Cárcel, residió el poeta hasta a1919.

Martes Santo, abril de 2014, merendamos en pastelería Morral (Portales Tundidores, 14. Casa fundada en 1886). Pedimos su especialidad, el pastel baezano, un hojaldre finísimo espolvoreado de azúcar y relleno con cabello de ángel. Visitamos la librería Antonio machado y el Casino.

Visitamos el sepulcro de la Venerable Sor Mónica de Jesús, en el centro del casco urbano de esta localidad, lugar al que llegan sus devotos desde todos los lugares para rezar, hacer sus suplicas y agradecer los favores, en suma, para estar unos instantes de recogimiento en una pequeña sala dedicada a su memoria.

Hacemos tiempo con las miras puestas en la catedral que abre sus puertas a las 7:30 de la tarde justo en el rellano de la plaza de Santa María. Asistimos a la interpretación de “El Miserere” de Hilarión de Eslava. Entramos por la Puerta de la Luna y allí encontramos a San Cristobalón -el mismo que quiso espantar a la lechuza en el poema de A. Machado- en un cuadro oscurecido con unos años a sus espaldas. El Miserere comienza a las 8:30 y es, en toda regla, uno de esos regalos inesperados que uno recibe cuando viaja por España, porque nos hemos enterado horas antes, obsequio del destino que a la postre resulta ser una manifestación cultural de extraordinaria belleza, impecable ejecución y grato recuerdo, todo ello en un escenario bellísimo.

Cae la noche y toca tapear por Baeza. Damos con “El Acediano” en C/Barbacanas s/n. Un local pequeño decorado con velas y regentado por un tal Ramón, todo un descubrimiento. Melva, tortilla, croquetas y ¡vinos también! Todo buenísimo, incluido el trato de quien nos atiende; que lo sencillo en el comer, oiga, también gusta de tarde en tarde.

Buscamos el hotel, toca descansar para mañana reponer fuerzas y echar el día pateando esa piedra tallada que es Úbeda, situada a pocos kilómetros de aquí.

Úbeda (ubetenses)

De Baeza a Úbeda navegamos por un mar de olivos. No descubrimos nada al decir que Úbeda (“Reina y gitana” A. Machado) es un conjunto monumental de primer orden. Llegados allí, callejeamos por un mar de piedra elevada a su máxima expresión y ya es hora de un primer cafecito que acontece en el Palacio del Deán Ortega, obra de Andrés Vandelvira, a día de hoy Parador Nacional.

Sacra capilla de El Salvador (Úbeda)

Visitamos en el que al cabo de la jornada sería el recinto que más honda huella nos dejó. Se trata de la Sacra Capilla de El Salvador, recinto de extraordinaria ornamentación que en su día mandó construir para su eterno descanso D. Francisco de los Cobos, secretario del Emperador Carlos V hacia 1536. La obra fue concebida por Diego de Siloé en 1536 y realizada por Vandelvira, un virtuoso en el modelado de la piedra, entre 1540 y 1556. La reja se atribuye a Fco. de Villalpando, el mismo que forjó la reja del Altar Mayor de la catedral de Toledo; el retablo, obra de Alonso de Berruguete, siendo encargado en 1559 por Dña. María de Mendoza.

Desandamos nuestros pasos y ya es hora del segundo café. Tenemos la suerte de dar con churrería Millán, todo un clásico en esta ciudad y alrededores. El local está atestado, pero al poco encontramos una mesa y damos cuenta de unos churros deliciosos.

Ahora toca aprender un poco más acerca del aceite, ese oro líquido que es el zumo de cada oliva, y a pocos pasos de la churrería entramos en el Museo del Aceite donde nos explican que la provincia de Jaén tiene unos 60 millones de árboles que producen 600.000 toneladas de aceite al año, correspondiendo 8.667 ha Úbeda y 5.689 ha Baeza, existiendo un total de 260 variedades de aceitunas en España. Aunque sólo predominan unas veinte entre las que están la picual, cornicabra, hojiblanca, empeltre, arberquina y prudo.

Toca recorrer las calles de una ciudad que es un incesante transitar de gentes y vehículos a motor. Damos con la Plaza de Andalucía y allí encontramos la escultura del general Saxo Martín, agujereada a tiros en aquello trágicos día de nuestra pasada guerra Civil.

Llega la hora del tapeo. Preguntamos a un parroquiano por los bares que frecuentan los lugareños, nada de bares para turismo, sino bares de toda la vida y anotamos un par de ellos, porque eso nos gusta, buscar siempre lo auténtico, lo más del lugar de cada pueblo o ciudad por “Tierras de España”.

José Riqueni Barrios | Escritor