El tirano narcisista

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Lo hemos visto este verano. Mientras más de 80.000 marroquíes invadían Ceuta, Sánchez se iba de vacaciones y encima nos daba TikTok con canciones para escuchar. Semejante despliegue de frivolidad en medio de una crisis de soberanía nacional asimilaría el comportamiento del mandatario al de una enajenación mental. Pareciera lo propio de un loco, pero estaríamos equivocados. Atribuir sus decisiones al simple delirio o a la incompetencia administrativa reduce la gravedad de un fenómeno mucho más profundo y peligroso para la supervivencia de la nación española.

El error recurrente de los analistas y de la opinión pública radica en juzgar los movimientos de Sánchez bajo los parámetros de la lógica ciudadana común. El problema de intentar comprender lo que está pasando en España y con Sánchez es valorarlo desde nuestro propio punto de vista, del punto de vista de una persona normal de la calle. Y con Sánchez eso no ocurre. El presidente no opera bajo las normas de la empatía, la responsabilidad institucional o el deber moral que rigen para cualquier español. Su conducta responde a una estructura mental completamente ajena al sentido común y al servicio público tradicional. Es la de un tirano narcisista.

El culto a la personalidad y la sumisión de las instituciones

Para descifrar las verdaderas motivaciones de la acción gubernamental, resulta indispensable desnudas los rasgos psicológicos que guían cada ley y cada gesto de este personaje. Hay que entender que Sánchez es narcisista. Está encantado de haberse conocido. Considera que es lo mejor que le ha pasado a España. España debería aplaudirle allí por donde pasa. Él es lo máximo. Es un bien para España. Esta convicción mesiánica elimina cualquier atisbo de autocrítica en el seno del Consejo de Ministros y transforma la acción del Gobierno en una campaña perpetua de autoafirmación personal.

Bajo esta distorsión del ejercicio del poder, el andamiaje institucional de la nación pierde su independencia y se convierte en una simple herramienta de validación para el tirano.. Y como consecuencia de ello, Sánchez está por encima de todo y de todos, ya sea el rey, ya sea las instituciones del Estado. Todo tiene que estar a su servicio. Por eso, usa los medios del Estado como La Mareta o los Falcon cuando quiere o como quiere. Para uso público o privado. No es que se lo merezca solamente. Es que todo está a su servicio. Por eso desprecia a Felipe VI y relega la jefatura del Estado a un papel secundario en la vida pública. Porque él es numero uno, «el puto amo» como le decía alguno de sus pelotas ministros

El hostigamiento a la disidencia y la vocación de permanencia

La intolerancia absoluta hacia cualquier voz discrepante constituye la consecuencia directa de este mesianismo político. Sánchez vive en la irrealidad y por tanto no aguanta la crítica. Y ante la crítica lo que hace es aplastarla, cancelarla, perseguirla. No puede haber nadie que le lleve la contraria; todas las leyes que está haciendo van en esa dirección. Los ataques a los medios de comunicación independientes y la colonización del poder judicial pretenden blindar la figura presidencial frente al descontento de las calles.

Esta ambición no persigue un liderazgo temporal o sometido al desgaste del juego parlamentario ordinario. Sánchez además tiene sentido de permanencia. No está para una legislatura. Está para siempre. Porque España es suya. España es su cortijo. Las citas electorales operan únicamente como un trámite formal para legitimar un mandato que el presidente considera vitalicio por derecho propio.

El proyecto de desmantelamiento de la Transición

Detrás de este comportamiento ególatra no existe el vacío, sino un plan deliberado de transformación nacional que conecta de manera directa con los sectores más radicales de la izquierda. Y como además, no solo es narcisista, sino que tiene un proyecto ideológico marxista, considera que la II República fue la legítima, y que lo que vino después, ya sea la época de Franco o la Constitución del 78, es ilegítimo.

La hoja de ruta presidencial apunta hacia una mutación total del modelo de Estado. Quiere dar el salto de la II a la III República con él de presidente. Por supuesto, para eso está la ley de memoria histórica y la destrucción de todo lo que sea el pasado reciente. El desmantelamiento de los símbolos nacionales, la quiebra de la separación de poderes y la entrega de prebendas a los movimientos separatistas forman parte de este asalto final a la España. Este es el tirano Sánchez


Tags: Sánchez, Narcisista, Moncloa, República, Falcon, Oposición

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