La persecución religiosa: 18 de julio 1936 – 1 de abril 1939 | P. Gabriel Calvo

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La Segunda República o el paraíso que no fue (XI)

La persecución religiosa: 18 de julio 1936 – 1 de abril 1939

Con el inicio de la guerra, en la zona bajo el dominio del Frente Popular se inició una persecución religiosa cuya máxima letalidad abarca desde julio hasta diciembre de 1936. Una matanza de católicos que carece de precedentes en los veinte siglos de la historia de la Iglesia[1]. Basten como botón de muestra las cifras de la diócesis de Toledo, primada de España, aunque hubo otras tantas igual o mucho más castigadas que ella. Proporcionalmente a su número de habitantes, la diócesis de Barbastro fue la que más sufrió la represión de la izquierda. En tierras toledanas serán sacrificados 286 sacerdotes, casi el 50% del clero diocesano[2], sin contar los cientos de templos asaltados y destruidos.

Lo que se disputó en la guerra de 1936-1939 era mucho más que una forma política (monarquía, república o democracia) o un programa de partido (comunismo o fascismo); fue todo un concepto de España y de la civilización occidental. Los españoles que permanecieron neutrales, la llamada recientemente «tercera España», podrían contarse con los dedos, eran, por lo general, intelectuales de tradición liberal, selectos y extremadamente minoritarios. Al estallar la contienda prefirieron exiliarse, pero, dicho exilio se produjo desde el territorio republicano, porque temían por su vida, pero no desde territorio del bando nacional. Verdad ésta cuidadosamente silenciada por los historiadores a sueldo del PSOE, los comunistas y separatistas: Paul Preston, Santos Juliá, Ángel Viñas, Julián Casanova, Enrique Moradiellos, etc. El resto de la nación participó de una forma que puede llamarse activa. Cada grupo social, ideológico o político se encuadró en uno de los dos bandos. Lo cual les confirió una gran fuerza, pero también una enorme heterogeneidad.

Prácticamente de modo telegráfico, pasamos ahora a trazar un breve bosquejo cronológico de los hechos señeros acaecidos durante la persecución contra la Iglesia llevada a cabo por el «bando rojo», asimismo autodenominado de esta guisa. Conviene que el lector retenga los datos principales a fin de lograr una visión panorámica del periodo

El 3 de agosto la aviación frentepopulista atacaba la Basílica del Pilar en Zaragoza, un monumento paradigmático del catolicismo español y de un gran valor artístico, sin embargo, de forma inexplicablemente humana, no estallaron las bombas. El 7 de agosto se produce el fusilamiento definitivo y posterior voladura del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles realizado por mineros socialistas de la UGT asturiana. Al igual que la Basílica del Pilar no se trataba de objetivos militares sino ideológicos.

El 27 de agosto El Frente Popular se incauta de los edificios religiosos. Previamente, el 13 del mismo mes ya habían sido cerrados todos los establecimientos religiosos, incluidos los centros de beneficencia, por orden gubernamental. El culto público y privado u otra cualquiera otra actividad de la Iglesia, quedaban prohibidos en la zona roja bajo pena de muerte. El 29 de agosto se produce la incautación de los archivos parroquiales, muchos de los cuales serán destruidos, perdiéndose así irremediablemente, siglos de historia e información minuciosamente recogida, archivada y conservada. El 14 de septiembre, Pio XI recibe en una audiencia en Castelgandolfo a 500 prófugos españoles bendiciendo: «a cuantos se habían propuesto la difícil tarea de defender y restaurar los derechos de Dios y de la Religión»[3].

El 4 de noviembre de 1936, el encargado de negocios de la Santa Sede regresaba a Roma ante la certeza de un inminente asalto del edificio de la nunciatura por las fuerzas revolucionarias. En su mensaje navideño, el Papa se refiere particularmente a la persecución religiosa de la España republicana.

El 7 de enero de 1937 Manuel Irujo, perteneciente al PNV, católico y ministro sin cartera presenta un memorándum al Gobierno sobre la persecución religiosa y éste rechaza sus propuestas para acabar con la persecución. El 19 de marzo, Pio XI publica la encíclica Divini Redemptoris contra el comunismo ateo, dedicando una especial atención a España debido a la persecución religiosa del marxismo en sus tres variantes: socialismo, comunismo y anarquismo. El 1 de julio el cardenal Isidro Gomá junto con la práctica totalidad de los obispos que no habían sido asesinados por entonces, publica la Carta Colectiva del Episcopado Español destinada a explicar los sucesos de España al resto del episcopado universal, y que desgranaremos con detalle en próximas entregas a causa de su decisiva importancia.

El 21 de septiembre Monseñor Hildebrando Antoniutti es recibido por el Gobierno nacional del Generalísimo Franco como encargado de negocios de la Santa Sede. El 10 de noviembre Gomá preside la Conferencia de los obispos Metropolitanos en el Monasterio Cisterciense de Venta de Baños, en Palencia. El 16 de mayo de 1938, Mons. Cayetano Cicognani es nombrado nuncio apostólico ante el Gobierno nacional. El 26 de junio el ministro de Defensa Nacional proporciona facilidades a los soldados republicanos que soliciten auxilios religiosos.

Ambos bandos, y en definitiva el país pobre que siempre había sido España, estaban agotados. No obstante, la zona del Frente Popular, desastrosamente gobernada y todavía peor administrada, llevándose la peor parte en las operaciones militares, había sufrido mucho más que la zona nacional. A pesar de la abundante ayuda soviética, pagada con los cientos de toneladas de oro pertenecientes a las reservas del Banco de España, además de la apabullante superioridad económica y militar, reconocida por el ministro socialista Prieto[4]. La población que la integraba era presa de un hambre que acuciante. El régimen que continuaba designándose como Segunda República, ya no tenía nada que ver con el proclamado el 14 de abril de 1931, debido al monopolio en el control del Gobierno por los grupos más fanáticos de la izquierda[5]. Así, tras un período de recuperación, el 23 de diciembre de 1938, los nacionales lanzaron la última y definitiva de sus grandes ofensivas militares cuyo objetivo era Cataluña.

El 26 de enero de 1939 las tropas nacionales al mando del general Juan Yagüe entran pacíficamente en Barcelona, restableciéndose así el culto católico, suprimido por completo desde julio de 1936. El 7 de febrero, a menos de dos meses de que finalice la contienda, fray Anselmo Polanco OSA, obispo de Teruel y su vicario general Felipe Ripoll, son asesinados en Gerona mientras las tropas izquierdistas cruzan la frontera. Desde la caída de Teruel en febrero de 1938 había sido tomado como rehén y torturado.

El 8 de febrero fue tomada Figueras, última sede del Gobierno de una República en territorio español. Un gobierno fantasma, supuestamente republicano, en quien nadie creía desde hacía años, pues su entrega a Moscú desde el inicio de la guerra con el envío de las reservas de oro del Banco de España cerraba un pacto de sumisión voluntaria a los dictados de Stalin. En el Gobierno discutían los partidarios de seguir la lucha, en espera de la inminente guerra mundial, que podría cambiar las tornas. Aunque no sabemos muy bien de qué manera, pues el pacto nazi-soviético era inminente (23-8-1939) y ambas naciones se encaminaban hacia unas relaciones diplomáticas de colaboración, como pudo comprobarse durante la invasión de Francia por Alemania durante el mes de mayo de 1940. Los tanques germanos funcionaban entonces con el combustible vendido al III Reich por los pozos petrolíferos de la Unión Soviética y Stalin felicitó a Hitler por su conquista[6].

A excepción de los comunistas en bloque y de la mayor parte de los socialistas que los apoyaban, aunque no todos, como Besteiro, había miembros del Gobierno que estimaban imperioso entablar negociaciones con los nacionales de cara a la firma de una rendición condicional. El coronel republicano Segismundo Casado se reveló de esta forma contra los comunistas, iniciándose la segunda guerra intestina entre las izquierdas durante la contienda civil en marzo de 1939, como ya sucediera en Barcelona en mayo de 1937[7]. Uno de los factores de la derrota del bando rojo fue su profunda desunión, que terminó por producir en su propio seno este golpe de Estado del coronel Casado.

Madrid, Valencia y Cartagena fueron las últimas ciudades en rendirse al ejército nacional que entró en la capital de España, al igual que ya había sucedido en Barcelona, sin disparar un solo tiro. El 10 de febrero muere Pio XI y el 27 Manuel Azaña se exilia a Francia dimitiendo como presidente de una República que se había caídos a pedazos, dinamitada por las propias izquierdas desde su inicio debido a la continua violación del Estado de Derecho.

El 2 de marzo Eugenio Pacelli es elegido Papa con el nombre de Pio XII. El 1 de abril es proclamado por el Generalísimo Franco el final de la guerra y de la persecución religiosa[8]. El 16 del mismo mes, Pio XII dirige un mensaje de felicitación a España, donde ensalza el heroísmo de los mártires de la persecución religiosa y de los soldados del pueblo que: «se alzó decidido en defensa de los ideales de fe y civilización cristianas»[9].

Haciendo un balance final de la guerra el historiador Comellas afirma que: «Puso de manifiesto, como nunca, las virtudes, el coraje y el valor humano de una raza. Presenció actos sublimes de heroísmo, de abnegación y generosidad hasta el límite. Hizo ver que los errores históricos se pagan muy caros, y en este sentido constituye una formidable lección, que las nuevas generaciones están gravemente obligadas a aprender»[10].

P. Gabriel Calvo | Sacerdote e Historiador

 

[1] Pio Moa, Los mitos de la Guerra Civil, La esfera de los libros, Madrid 2003, 223 y ss.

[2] Juan Francisco Rivera, La persecución religiosa en la diócesis de Toledo (1936-1939), Toledo 1995, 41. Las múltiples cuidadas y obras de Jorge López Teulón dedicadas a la persecución religiosa conforman un monumental archivo de documentación. Basten la mención de algunas como botón de muestra: Mártires de Toledo, Edibesa, Madrid 2007; Toledo 1936. Ciudad mártir. Persecución y martirio, Edibesa, Madrid 2008; El mártir de cada día, Edibesa, Madrid 2013, 2 vols.; Profanación de la clausura femenina, San Román, Madrid 2021.

[3] AAS 28, 1936, 380.

[4] Cf. Francisco Gijón, La Segunda República y la Guerra Civil, Ediciones RG, Las Vegas 2021, 207.

[5] Cf. Alfonso Bullón de Mendoza-Luis Togores (Coord.), La República y la Guerra Civil setenta años después, Actas, Madrid 2008, 62

[6] Cf. Antony Beevor, La Segunda Guerra Mundial, Pasado y presente, Barcelona 2012, 172.

[7] Cf. Ángel Bahamonde, Madrid 1939. La Conjura del coronel Casado, Cátedra, Madrid 2015, 156,

[8] Cf. César Vidal, La guerra que ganó Franco, Planeta, Barcelona 2006, 410

[9] Antonio Montero Moreno, Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, BAC, Madrid 1961, 744.

[10] José Luis Comellas, Historia de España moderna y contemporánea, Rialp, Madrid 2003, 342.