China obtiene datos de estadounidenses y busca envenenar todos los aspectos de su vida social | Steven Mosher

Figura de hacker espía oculto mostrando bandera del gobierno de China en el fondo.

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China ha robado los registros electorales de 220 millones de estadounidenses. Sin embargo, esta impactante revelación del presidente Donald Trump es apenas la punta del iceberg.

Pero ¡qué punta! Los servidores del Partido Comunista Chino contienen ahora expedientes detallados —con nombres, direcciones, números de teléfono, afiliación partidaria y otros datos— sobre usted, sobre mí y sobre la mayoría de los votantes registrados de todo el país.

Este enorme caudal de información permite desde la elaboración encubierta de perfiles electorales, la microsegmentación y las operaciones psicológicas, hasta el reclutamiento directo, el robo de identidad y el fraude.

Estados Unidos tomó plena conciencia del alcance del espionaje cibernético chino en 2015, cuando se reveló que Pekín había hackeado los sistemas informáticos de la Oficina de Administración de Personal y sustraído los detallados formularios de autorización de seguridad de 22 millones de estadounidenses, incluido el mío.

Desde entonces, los ciberataques dirigidos contra todo tipo de información —desde nuestros registros telefónicos hasta nuestros historiales médicos— no han hecho más que intensificarse. A estas alturas, es probable que China sepa más sobre nosotros que nosotros mismos.

Pero la situación es aún más grave: Pekín también ha puesto la mira en nuestros hijos.

Decenas de millones de ellos utilizan TikTok, una plataforma acusada de recopilar masivamente su información personal mientras, al mismo tiempo, moldea su percepción del mundo: China es buena; Estados Unidos, malo.

Si usted se pregunta por qué sus hijos se oponen a las acciones de Estados Unidos en Irán, la respuesta puede estar en TikTok.

¿Y quién habría imaginado que agentes de una potencia extranjera hostil llegarían a infiltrarse en los niveles más altos de los gobiernos estatales, hasta convertirse en asesores de gobernadores estadounidenses, como presuntamente ocurrió con Linda Sun, quien trabajó para la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul?

¿O que incluso instalarían comisarías secretas en territorio estadounidense?

Cerramos la comisaría clandestina del Partido Comunista Chino que operaba en Chinatown, Manhattan. Sin embargo, otras estaciones secretas —camufladas como centros comunitarios o asociaciones culturales— continúan funcionando en territorio estadounidense.

Desde allí vigilan a ciudadanos y residentes permanentes de origen chino, e intimidan y acosan a quienes se atreven a criticar al régimen de Pekín.

El pastor Bob Fu, de Midland, Texas, es apenas uno de los muchos estadounidenses de origen chino que han sido blanco de los agentes del régimen.

Después de denunciar la persecución de los cristianos en China, grupos de manifestantes rodearon su casa y lanzaron amenazas de muerte, hasta que el FBI tuvo que intervenir.

China, sin embargo, no se inmuta por perder una comisaría secreta aquí o un agente de alto nivel allá.

China continúa ampliando sus esfuerzos para debilitar y desestabilizar a su principal adversario, Estados Unidos. Estas operaciones son dirigidas, en gran medida, por el Departamento de Trabajo del Frente Unido del Partido Comunista Chino.

Entre sus métodos se encuentra el flujo constante de estadounidenses que viajan a la República Popular por invitación de China y, con frecuencia, con todos los gastos pagados, para contemplar las supuestas maravillas del “socialismo con características chinas”.

Muchos de ellos, incluido el gobernador de Minnesota, Tim Walz, han regresado de estas peregrinaciones políticas colmados de elogios.

Al mismo tiempo, las empresas estadounidenses que hacen negocios en China y las universidades que reciben millones de dólares en financiamiento vinculado a Pekín son sometidas a una presión constante para promover las narrativas del Partido Comunista Chino y silenciar tanto las críticas como a quienes las formulan.

La carrera de Richard Gere en Hollywood sufrió un duro golpe después de que enfureciera a China por su apoyo al Tíbet.

En mi caso, la Universidad de Stanford puso fin a su relación conmigo después de que mis comentarios sobre la política china del hijo único indignaran tanto a Pekín que este exigió que yo fuera “severamente castigado”.

Los grupos vinculados al Frente Unido que operan en Estados Unidos son tan numerosos que incluso se han especializado.

Algunos concentran sus esfuerzos en los gobiernos estatales y locales; otros, en las comunidades de estadounidenses de origen chino; y otros, en determinados sectores empresariales o profesiones estratégicas.

Pero el Partido Comunista Chino no se limita a jugar a la defensiva: también está decidido a sembrar el caos social.

Redes vinculadas al Estado chino, como Spamouflage Dragon, se hacen pasar por estadounidenses en las redes sociales con el propósito de profundizar las divisiones internas.

Otros medios controlados por China —incluidos periódicos y emisoras de radio que operan en Estados Unidos— difunden de manera habitual contenidos negativos sobre el país.

Todo ello forma parte de una misma estrategia: doblegar a Estados Unidos a la voluntad de China, silenciar las críticas, capturar instituciones y personas, y moldear tanto las percepciones como las políticas públicas.

También busca preparar el terreno para una eventual confrontación. ¿Qué otra explicación habría para que agentes vinculados a China estén comprando terrenos junto a algunas de nuestras bases militares más sensibles?

A estas alturas, China participa de manera sistemática en actividades de abierta subversión.

Durante los disturbios protagonizados por Antifa en 2020, el Departamento de Estado ordenó el cierre del consulado chino en Houston, después de que agentes de inteligencia chinos fueran sorprendidos reclutando agitadores desde esa sede.

Más recientemente, grupos vinculados a China han impulsado activamente campañas contra los centros de datos, con el objetivo de frenar el desarrollo de la inteligencia artificial estadounidense y despejar el camino para que China alcance el dominio en este campo.

Al mismo tiempo, los modelos chinos de inteligencia artificial —con frecuencia vinculados al Ejército Popular de Liberación y entrenados con datos estadounidenses robados— ya están siendo utilizados de forma depredadora. Esto permite a China incrementar de manera extraordinaria la sofisticación, la escala y la velocidad de sus operaciones de hackeo y ciberespionaje.

Permitir el ingreso de vehículos eléctricos fabricados en China a Estados Unidos equivaldría a abrir la puerta a dispositivos móviles de recopilación de datos, capaces de ser desactivados e incluso controlados de manera remota desde territorio chino.

En plena era de la inteligencia artificial, los estadounidenses están cada vez más preocupados por la posibilidad de que el Gran Hermano los vigile.

Pero deben comprender que el mayor Gran Hermano de todos tiene su sede en Pekín y que su objetivo final no es solo influir en las elecciones, sino derrotar y destruir la propia democracia estadounidense.

Steven W. Mosher | Presidente de Population Research Institute y autor de The Devil and Communist China.”


Tags: China, Espionaje, Datos, Elecciones, Washington, TikTok, Ciberseguridad

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