El consenso de las narices | Luis Losada

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PSOE, Podemos y PP votan la renovación del TC con la nariz tapada. ¿Consenso?

El Constitucional prevé que la renovación de los órganos institucionales se haga por consenso de la Cámara. Eso significa que unos y otros deben de buscar personas que despierten el suficiente consenso de todos, personas equilibradas, de gran trayectoria profesional, que sean capaces de asumir sus responsabilidades institucionales a cabalidad, profesionales que se vistan de institución cuando juran el cargo.

Desgraciadamente, la práctica de las últimas décadas no ha sido esa sino el reparto de cromos. No hay candidatos de consenso, sino consenso en los candidatos: unos para ti y otros para mi. El reparto ha sido tan obsceno que cada cargo llevaba puesta en la espalda la etiqueta de ‘progresista’ o ‘conservador’ sin ningún rubor. Se han estado vistiendo más de quien les proponía que del cargo que representaban.

Pero en el proceso de deterioro institucional en el que nos encontramos, hemos dado un paso más en la ‘prostitución’ de nuestras instituciones: anunciar que votarán las candidaturas “con la nariz tapada”. Es decir, no sólo no son candidatos de consenso, sino que alguno me produce un rechazo total. Pero como quiero colocar a los mis leales candidatos, estoy dispuesto a ‘aceptar pulpo como animal de compañía’…

Y no sólo eso, sino que lo hago público para que mi parroquia tenga la tranquilidad de que estoy en el terreno de juego mordiendo. Pero al mismo tiempo, muerdo tanto, que terminó mordiendo el mismo prestigio de las instituciones.

Una vez que Elorza verbaliza su voluntad de votar con la nariz tapada, otros socialistas se secundan, Podemos se suma con entusiasmo y los ‘populares’ reconocen tener también problemas con la protuberancia. Voilá el consenso de las narices.

Quien se queda fuera de este consenso vergonzante es Vox que marca distancia del chalaneo indigno con nuestro entramado institucional.

Lo más alucinante de todo es que aunque PP, PSOE y Podemos comparten el consenso de las narices, Podemos decide romperlo en bloque y 11 diputados socialistas también deciden liberar sus narices de la presión. Podemos sabía que sus votos no eran necesarios y que sumarse al consenso de las narices evidenciaba su condición de casta acelerada.

El PP cumple con su palabra vergonzante y se queda solo con la brocha en la mano. En todo caso, da igual. Unos y otros consiguen lo que querían: colocar a los suyos. ¿De verdad que alguien se cree el discurso de que quieren despolitizar y regenerar las instituciones?

Luis Losada | Periodista