El Papa que la izquierda cita a medias: los dos pilares que callan de su doctrina sobre inmigración | Alfonso P. Sanz

doctrina de la Iglesia

Cada vez que León XIV habla de inmigración, los titulares se escriben solos. “El Papa pide acoger.” “El Papa dice que no son animales.”. Las frases se cortan ahí, se enmarcan y se sirven como prueba definitiva de que la Iglesia respalda una sola política: abrir las puertas y callar. Estos titulares vienen a imponer que el cristiano que piense distinto, debe examinar su conciencia.

El problema es que esas citas están amputadas. La doctrina social de la Iglesia no se sostiene sobre un pilar, sino sobre tres: dignidad, justicia y bien común. Quedarse con el primero y enterrar los otros dos no es resumir al Papa: es falsificarlo.

La dignidad es innegociable, y conviene decirlo sin matices: ningún ser humano es basura, y tratar a una persona peor que a una mascota es indigno de una civilización cristiana. Ahí León XIV es tajante, y hace bien. Pero el propio Papa no se detiene ahí, aunque sus altavoces mediáticos sí.

Sobre la justicia, León XIV ha recordado algo que sus traductores progresistas omiten: que un Estado tiene derecho a poner reglas en sus fronteras y que “no todos deben entrar como sea, sin orden”, porque el desorden genera situaciones más injustas que las que se huían. No lo dice un diputado de Vox; lo dijo el Pontífice a los periodistas camino de España. La justicia, enseña, es “dar a cada uno lo suyo”, y eso incluye al país que acoge, no solo al que llega.

Sobre el bien común, el Papa fue aún más lejos en su encíclica Magnifica Humanitas: el bien común “nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad”. Es decir, los pueblos europeos también tienen derecho a seguir siendo ellos mismos. Esa frase, que cualquier conservador firmaría, no aparece en los resúmenes de telediario.

Y hay un cuarto silencio, quizá el más revelador. León XIV insiste en el derecho a no emigrar: en que los jóvenes del Sur puedan construir un futuro en su tierra en lugar de ser empujados a un viaje mortal hacia un Norte que, en sus propias palabras, “a veces no tiene respuestas que ofrecer”. Preguntó sin rodeos qué hacemos los países ricos para cambiar la situación en los pobres, y reclamó inversión y desarrollo allí, “para que no haya necesidad de emigrar a España”. El verdadero amor al migrante, sugiere el Papa, empieza por no necesitar que emigre.

Nada de esto es xenofobia disfrazada. Es la doctrina completa. España es ya el primer destino migratorio hispanoamericano de Europa, con más de cuatro millones de personas. Un continente con el peor invierno demográfico de su historia no puede improvisar: necesita orden, vías legales y un proyecto, no eslóganes. La acogida sin justicia es caos; la justicia sin bien común es ingenuidad; y el bien común que ignora la dignidad es crueldad. Los tres, o ninguno.

Por eso, cuando alguien le cite al Papa para defender el “puertas abiertas para todos”, responda con tranquilidad: ese no es el Papa, es media cita. El otro medio —justicia y bien común— lo han escondido porque les estorba. Y una verdad a medias, en boca de quien presume de buenismo, es simplemente una mentira mejor disfrazada.

Alfonso P. Sanz | Jurista y escritor


Tags: Papa, inmigración, Iglesia, doctrina, fronteras, justicia, verdad

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