Sospechas de fraude electoral de Correos el 23-J: ocultan datos de custodia

Sede central de Correos con furgones de reparto de correspondencia y votos emitidos.

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La sombra del fraude electoral en España y el muro de opacidad en el voto por correo

Las sospechas de fraude electoral que enturbiaron los comicios generales del 23 de julio de 2023 han cobrado una nueva y alarmante dimensión. La ciudadanía asiste con estupor a un escenario donde la limpieza democrática genera profundas dudas. A la controvertida gestión de aquella cita con las urnas se añade ahora una preocupante falta de transparencia por parte de la cúpula de Correos. La empresa pública postal, controlada férreamente por el entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha levantado un muro de silencio. Esta resistencia a facilitar información sobre la custodia de los sufragios actúa como un indicio sumamente grave que alimenta la desconfianza institucional.

El Consejo de Transparencia y Buen Gobierno ha lanzado, señala The Objective, un severo correctivo contra la dirección de la compañía estatal. Este organismo público ha exigido formalmente a Correos que revele de inmediato cuántos votos permanecieron cada noche en sus instalaciones durante la campaña del 23-J. Hasta la fecha, la dirección del servicio postal se limitó a comunicar una cifra global y abstracta de 2.469.890 sufragios entregados a las mesas electorales. Sin embargo, ocultó por completo la evolución diaria de esos documentos y su distribución en los diferentes centros de almacenamiento. La negativa sistemática a desglosar estos movimientos estadísticos ha encendido todas las alarmas sobre la verdadera seguridad de los votos depositados por los ciudadanos.

El Consejo de Transparencia tumba el bloqueo informativo de la empresa pública

La resolución del Consejo de Transparencia estima de manera parcial la reclamación que interpuso un ciudadano particular ante el oscurantismo de la entidad postal. La petición exigía conocer con exactitud el volumen de papeletas que pernoctaron jornada tras jornada en los Centros de Tratamiento Automatizado, los Centros de Admisión Masiva y las oficinas de reparto. La dirección de Correos bloqueó de origen este requerimiento con argumentos que carecían de sustento legal real.

El dictamen oficial de Transparencia subraya que la empresa pública no logró invocar ninguna causa jurídica concreta que justificara semejante ocultación de datos estadísticos. La dirección postal esquivó los plazos legales de respuesta e incumplió el mes de margen que otorga la legislación vigente. El organismo fiscalizador ha ordenado la entrega obligatoria de todo el histórico diario de custodia en un plazo improrrogable de diez días hábiles. El retraso deliberado y la posterior resistencia a desglosar las cifras evidencian un patrón de conducta que busca blindar la gestión gubernamental frente al escrutinio de la opinión pública.

Las excusas de seguridad interna frente al derecho a la información ciudadana

La defensa jurídica de Correos intentó ampararse en supuestos riesgos para la integridad de futuros procesos electorales si desvelaba los protocolos organizativos. El ciudadano peticionario también demandaba detalles específicos sobre las cerraduras, la gestión de llaves, los sistemas de videovigilancia y la identidad de los cargos responsables de custodiar los sacos de votaciones. El Consejo de Transparencia ha considerado oportuno mantener bajo estricta reserva el diseño técnico de las alarmas y los turnos de los vigilantes para salvaguardar la seguridad pública de los centros de tratamiento.

No obstante, el órgano fiscalizador ha marcado una línea divisoria tajante entre la logística de seguridad y las estadísticas de ocupación real. El conocimiento del número exacto de sobres custodiados cada noche en cada provincia no compromete en absoluto la inviolabilidad de los edificios. El empeño de Correos en mezclar ambos conceptos para denegar la totalidad de la información destila una clara intencionalidad política encaminada a tapar cualquier anomalía en el flujo del voto emitido a distancia.

El control político de las instituciones y la degradación democrática con Pedro Sánchez

La crisis de credibilidad que atraviesa el operador postal no constituye un hecho aislado, sino que responde a una estrategia de colonización de las instituciones públicas por parte del sanchismo. Durante la celebración de las elecciones del 23-J, la presidencia de Correos recaía sobre Juan Manuel Serrano, amigo íntimo y estrecho colaborador personal de Pedro Sánchez que ejerció previamente como su jefe de gabinete en el PSOE. La colocación de perfiles de máxima fidelidad partidista en los nodos estratégicos del Estado deteriora gravemente la neutralidad que requiere un proceso electoral limpio.

El descrédito de la cúpula de Correos se agrava considerablemente con las investigaciones judiciales que salpican a sus antiguos gestores. El magistrado de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ordenó la imputación de Juan Manuel Serrano en una causa penal que examina el volcado y análisis de su teléfono móvil institucional. El procedimiento judicial indaga sobre una presunta trama de obtención de información confidencial para desacreditar procesos jurídicos incómodos para el Partido Socialista. Aunque esta investigación penal concreta no analiza la gestión directa del voto por correo, la implicación del expresidente de la entidad en escándalos de corrupción política desmorona cualquier atisbo de ejemplaridad en la gestión de la empresa que vigilaba los sufragios de millones de españoles.

Un sector público estatal sumido en la opacidad sistemática

El comportamiento obstruccionista de la dirección de Correos se encuadra dentro de un deterioro generalizado de los índices de transparencia en la Administración General del Estado. Las evaluaciones oficiales del Consejo de Transparencia revelan que las entidades estatales cumplen únicamente con el 47,1% de sus obligaciones de publicidad activa. Más de la mitad de la información que la ley obliga a difundir de oficio permanece completamente oculta o desactualizada por decisión de los ministerios y entes públicos.

Las plataformas gubernamentales recurren de forma sistemática al silencio administrativo o a contestaciones evasivas e incompletas para cansar a los solicitantes. En el caso del voto por correo del 23-J, la ausencia deliberada de datos diarios impide verificar de forma matemática si se produjeron descuadres o alteraciones en los depósitos de los sufragios durante las semanas previas a la apertura de las urnas físicas. La opacidad de Correos no hace más que confirmar que el sanchismo prioriza la protección de sus intereses de poder por encima de las de los ciudadanos.


Tags: fraude, elecciones, correos, opacidad, transparencia, sanchismo, custodia

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