Un masón de grado 33 lidera la coalición de ateos, izquierdistas, sindicatos e independentistas contra la visita del Papa
El anuncio de la visita del Papa León XIV a Barcelona ha desatado una campaña de hostilidad que, bajo la máscara del laicismo institucional, esconde una estructura de intolerancia ideológica y cristofobia. La plataforma anticatólica «Yo no te espero» no es una movilización ciudadana espontánea, sino un ataque directo al catolicismo y a la libertad religiosa coordinado por la masonería de alto grado. Al aglutinar a sectores ultraradicales, la orden masónica instrumentaliza el espacio público para boicotear la presencia de la máxima autoridad de la Iglesia Católica. Este entramado evidencia una agenda cristofóica militante que busca arrinconar la fe y silenciar los valores cristianos en la sociedad civil.
El Masón de Grado 33 que dirige la operación
Detrás del manifiesto de rechazo a León XIV se encuentra, tal como recoge Infocatólica, la Fundació Ferrer i Guàrdia, una entidad cuya cúpula responde de forma directa a la disciplina masónica. Al frente de la fundación se sitúa Joan Francesc Pont Clemente, catedrático universitario y masón investido con el Grado 33, el máximo escalafón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Pont ha ocupado cargos de máxima relevancia como gran maestre adjunto de la Gran Logia Simbólica de España y gran comendador del Supremo Consejo Masónico de España.
La presencia de un líder de este rango desmonta el mito de la neutralidad masónica. La implicación de Pont Clemente demuestra la persistencia de una línea histórica beligerante contra la Iglesia Católica. El uso de plataformas laicistas por parte de altos dignatarios de las logias masónicas evidencia una estrategia planificada para neutralizar la influencia de la fe en la vida pública y socavar los lazos espirituales de los fieles con el Romano Pontífice.
La Red de Aliados en el Patronato Masónico
La estructura que promueve el boicot contra el Santo Padre cuenta con terminales políticas incrustadas en las principales instituciones del poder autonómico. La vicepresidencia de la Fundació Ferrer i Guàrdia está ocupada por Vicenç Molina Ferrer, venerable maestro de la logia Minerva-Libertad. Sin embargo, la conexión más alarmante es la de Santiago Castellà, primer secretario del PSC de Tarragona, presidente del Puerto de Tarragona, exsenador y hombre de confianza del presidente de la Generalidad, Salvador Illa. Castellà también pertenece al Supremo Consejo Masónico.
Esta infiltración en la política catalana genera una grave contradicción interna dentro del socialismo. Mientras que el presidente Salvador Illa se define públicamente como un católico practicante, figuras clave de su organización interna se alinean con logias anticlericales para desestabilizar la visita papal. La sumisión a los dictados masónicos por encima de la sensibilidad religiosa de millones de ciudadanos demuestra cómo la influencia de estas organizaciones secretas antepone su agenda antirreligiosa a la cohesión social y al respeto institucional.
La paradoja del separatismo
La campaña contra el Papa León XIV también expone la incoherencia moral y política dentro de las filas del separatismo catalán. En el patronato de la fundación organizadora figura Lluís Pérez Lozano, codirector de la Fundació Josep Irla, la entidad vinculada a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Se da la circunstancia de que el expresidente del partido, Oriol Junqueras, se ha declarado públicamente católico y ha mantenido vínculos estrechos con entornos eclesiales.
Que las fundaciones que sostienen económicamente a estos partidos colaboren activamente en campañas de hostilidad contra la Iglesia muestra una profunda fractura ideológica. Mientras determinados líderes utilizan la fe de manera estratégica, las estructuras de sus organizaciones se alinean con la cristofobia masónica. Este sectarismo busca desmantelar la tradición cristiana del pueblo catalán para sustituirla por un modelo laicista radical y excluyente.
Una sede única para orquestar la campaña
La falta de espontaneidad de la campaña «Yo no te espero» queda demostrada al analizar la infraestructura física donde operan sus promotores. Organizaciones dedicadas a la educación juvenil, como Esplais Catalans y Acció Escolta de Catalunya, comparten el mismo domicilio social que la Fundació Ferrer i Guàrdia. Esto evidencia una dirección unificada que utiliza recursos comunes para amplificar la protesta contra el Pontífice.
- Esplais Catalans: Entidad vinculada al independentismo que gestiona una red con más de 8.000 menores de edad.
- Acció Escolta de Catalunya: Organización juvenil laica que promueve valores asamblearios y anticapitalistas.
- Sindicatos de Extrema Izquierda: Organizaciones como CGT y USTEC que aportan soporte logístico a la movilización.
- Partidos Radicales: Formaciones como la CUP y Comunistes de Catalunya que respaldan políticamente el boicot.
Esta concentración de colectivos bajo una misma tutela masónica revela un esfuerzo por adoctrinar a las nuevas generaciones en el anticlericalismo. Al instrumentalizar la educación no formal de miles de niños y jóvenes, estas entidades perpetúan prejuicios históricos contra los católicos, utilizando el rechazo al Papa como una herramienta de agitación ideológica.
El argumento «Españolizador» del sectarismo
El bloque independentista adherido a la campaña ha intentado justificar su oposición a la visita eclesial mediante argumentos identitarios. Sostienen que los poderes fácticos del Estado español utilizan la figura de León XIV para apropiarse de los símbolos de la identidad catalana. Según sus manifiestos, las visitas previstas a la basílica de la Sagrada Familia, a la Abadía de Montserrat y el acto en el Estadio Olímpico Lluís Companys forman parte de una maniobra de asimilación cultural.
Cristofobia y violación de la Libertad Religiosa
El despliegue de la campaña «Yo no te espero» de cara a la concentración del 9 de junio en el Paseo del Born no es una simple crítica política, sino una manifestación de intolerancia religiosa. Al programar movilizaciones apenas una hora después de que el Papa comience su agenda en Montjuïc, los organizadores buscan crear un clima de confrontación y coacción social contra los fieles que desean ejercer su derecho fundamental a la libertad de culto y de reunión.
El manifiesto de la coalición ataca frontalmente los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede, exigiendo la eliminación de la asistencia religiosa en hospitales y prisiones, así como la retirada de la financiación eclesial. Esta ofensiva legal, religiosa e ideológica liderada por la masonería confirma su objetivo final: erradicar cualquier vestigio del cristianismo de la esfera pública y privar a los ciudadanos del amparo legal para vivir su fe de forma comunitaria.
La intolerancia laicista
La agitación masónica en Barcelona demuestra que la cristofobia sigue siendo un motor de movilización para los sectores masónicos que rechazan el pluralismo democrático y la libertad de conciencia. La visita de León XIV pone al descubierto los hilos de poder que las logias manejan detrás de partidos, sindicatos y colectivos juveniles.
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