Falta un camino real | Juan Hernández Hortigüela

Caminos reales españoles en América

Hoy ya no podemos poner en duda que fue el mar la ruta natural y principal escogida por España para la conquista, poblamiento y transmisión de nuestra cultura, para su expansión por una gran parte del mundo. Nuestros barcos surcaron las aguas saladas de los océanos descubiertos y las aguas dulces de los grandes ríos americanos, como rutas de expansión de la civilización occidental.

No obstante, esas grandes y famosas rutas navales de descubrimientos, que terminaban en los puertos españoles del Nuevo Mundo, no finalizaban definitivamente allí, sino que fueron etapas necesarias para continuar por los caminos proyectados de expansión terrestre para el poblamiento y evangelización de los naturales. Con el paso del tiempo, se crearon importantes rutas terrestres de comunicación, transporte y comercio que fueron esenciales para el mantenimiento de la presencia española en las Américas.

Es necesario explicar que los “caminos reales” fueron las principales rutas de comunicación y transporte, que unían ciudades importantes; estaban vigilados estos caminos por el ejército de la Corona con soldados encuadrados en la Caballería Ligera (Dragones de Cuera) encargados de la protección de las fronteras, de los viajeros, las mercancías y el gran tráfico de ganado. Los primeros y principales caminos reales de América fueron construidos como consecuencia de la expansión territorial llevada a cabo después de la conquista de México por Hernán Cortés. La necesidad de la búsqueda de riquezas dio lugar a una importante expansión por el Norte de Nueva España, cuyos protagonistas fueron los exploradores, los misioneros y los buscadores de minas. Ello permitió tanto la exploración y las campañas militares, como los asentamientos, el comercio y la evangelización de estos vastos territorios, donde se establecieron ciudades, poblaciones, haciendas, presidios, hospitales, conventos, reales de minas, cuya consecuencia más interesante fue la mezcla de diversas razas y culturas: el mestizaje

 Fue el quinto virrey de Nueva España, Lorenzo Suárez Mendoza y Jiménez, Conde de Coruña, quien promovió esta gran expansión. A partir de 1581, exploradores como Francisco Sánchez Chamuscado,[1]acompañado por el franciscano Fr. Agustín Rodríguez, Antonio Espejo (1582) y otros frailes de esta orden religiosa, llegaron hasta el Río Bravo (Río Grande) aproximándose a Nuevo México y Texas.

Los caminos reales ya se habían fundado en España antes del descubrimiento de América; a imagen y semejanza de ellos se fundaron los grandes caminos americanos. Los caminos reales españoles son, en la actualidad, una importante huella de la cultura española en las Américas. En los Estados Unidos de América, los restos y paisajes de estos caminos reales forman parte de una serie de rutas turísticas muy concurridas, bien protegidas y con numerosos monumentos y placas informativas, que exponen al viajero la huella española y sus personajes.

Importante Camino Real es el que recorre las misiones fundadas en California por Fr. Junípero Serra, que transcurre desde San Diego hasta San Francisco, con un recorrido de cerca de 1000 kms. O bien el famoso camino “Tierra Adentro” (también llamado en México Camino de Santa Fé) que, comenzando en la ciudad de México, recorre parte del territorio de Nuevo México hasta la capital del Estado, San Fe. Recorre este camino terrestre cerca de 2600 kms, con un contenido histórico de relevancia internacional.

En Norteamérica se catalogan, cuidan y realzan los caminos reales españoles, denominándolos como Caminos Históricos Nacionales. Entre estos caminos merece mencionarse, por su importancia, el Camino Real de los Tejas que, partiendo de Natchitoches (actual Luisiana) recorría de Este a Oeste todo el territorio de Texas, con un recorrido aproximado de 4000 kms, finalizando en el actual Estado mexicano de Coahuila. Para los norteamericanos el verdadero Camino de Santa Fe comenzaba en Kansas y finalizaba en San Fé, habiendo recorrido cerca de 2000 kms.

Otro camino muy interesante que transcurre por territorio norteamericano es el conocido como Viejo Camino Español que, partiendo de Santa Fe, recorría los actuales Estados de Colorado, Utah, Nevada y Arizona para acabar en Los Ángeles (California)

La utilidad en Norteamérica de estos caminos reales es muy interesante. Además de haber sido el original trazado de algunas de las actuales y modernas autopistas estadounidenses, representan unas expectativas turísticas verdaderamente interesantes que son aprovechadas por miles de turistas,  para ser recorridos, a veces, a pie.

Por la América Hispana también se inauguraron interesantes caminos reales, como los de Colombia, Perú y Argentina, de los que trataremos en otro artículo

Sin embargo, echamos de menos que no se haya declarado, oficialmente, como “Camino Real”, aquel que, durante 250 años, fue el más largo (más de 15000 kms) el más peligroso y el más comercial de todos los caminos catalogados, oficialmente, como “reales”. Nos queremos referir a la ruta seguida por el famoso Galeón de Manila, que comenzaba su navegación en la capital de Filipinas, Manila, para finalizar su ruta en el puerto mexicano de Acapulco. Desde esta ciudad, una parte de las mercancías que transportaba ese galeón eran trasladadas en carretas y caballerías, hasta el mercado del Parián de México, instalado en el actual Zócalo. Otras mercancías del galeón continuaban el camino terrestre hasta la ciudad de Veracruz, famoso puerto donde se embarcaban nuevamente en la Flota de Indias, para finalizar en el puerto de Sevilla. Es decir, la ruta completa de ese, todavía, inexistente   Camino Real, comenzaba en Manila y finalizaba en Sevilla.

Tal vez, la escasa importancia que se ha otorgado a nuestra extraordinaria Historia en las Islas Filipinas, o el escaso interés de los españoles por conocer los más de 300 años de presencia española en ese lejano lugar, haya sido el motivo por el que la Corona española, a la hora de catalogar, y reconocer, los caminos reales americanos, se haya olvidado de nuestras queridas Islas Filipinas.

Nuestra gran Historiadora, doña Lourdes Díaz Trechuelo, ya nos marcó el camino y la idea de ese poco interés histórico de los españoles, titulando su libro: Filipinas, la gran desconocida. No importa que hayan pasado poco más de 125 años desde que abandonamos ese esplendoroso Archipiélago filipino, porque todavía la Historia está dispuesta a perdonar y corregir los nuevos rumbos que se fundamenten adecuadamente…Estamos a tiempo, la Historia de España espera.

Madrid, a los españoles nos marea la alta velocidad, a 18 de febrero de 2026

Juan Hernández Hortigüela | Historiador y escritor 


[1] El apellido Chamuscado, en realidad era un apodo que se dio a este hombre debido, posiblemente, a su barba roja o por la tez negra o quemada por el sol.  

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