Usan a los niños como caballo de Troya para una vigilancia total

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Es el truco más viejo del manual del tirano. Cada vez que Pedro Sánchez o un burócrata globalista de la Unión Europea mira a una cámara de televisión y declara que una nueva política se implementa «por los niños» o «por nuestra seguridad», la historia nos dice que resulta obligatorio echarse a temblar por lo que se nos viene encima. La izquierda política domina a la perfección el arte de la mentira y del camuflaje semántico. No pueden permitir la libertad. Por eso, las verdaderas intenciones de estos dictadores de izquierda implican el control total del Estado y el desmantelamiento sistemático de la libertad individual. Como estos objetivos resultan totalmente inaceptables para el ciudadano medio, el poder necesita ocultar sus agendas radicales represivas bajo el manto de la supuesta seguridad pública y la protección de los más vulnerables.

El camuflaje semántico de Pedro Sánchez y la Unión Europea

Estamos presenciando esta misma maniobra de distracción en varios frentes de batalla internacionales, pero especialmente en España, Reino Unido y en el seno de la Unión Europea. La repentina avalancha para aprobar leyes de seguridad infantil en línea comparte la misma esencia dictatorial en Bruselas y en Madrid. Al analizar estas normativas detenidamente, la verdad sale a la luz de forma inmediata. Estas leyes nunca persiguieron la protección real de los menores de edad. El verdadero propósito consiste en crear listas negras institucionales para atacar y neutralizar a los opositores políticos del régimen de turno.

A primera vista, la narrativa oficial suena razonable y bondadosa. ¿Quién en su sano juicio podría oponerse a la protección de los niños frente a los peligros de internet? La respuesta a esta trampa reside en la estructura misma de la legislación. Los reguladores digitales del gobierno de Sánchez y las comisiones de la Unión Europea utilizan a los menores como verdaderos escudos humanos. Mediante esta estrategia emocional, imponen la censura, la persecución ideológica y la represión estatal sin levantar sospechas entre la población adormecida.

La trampa de la verificación de identidad legal en internet

Esto nos lleva de fondo al control absoluto del ámbito digital. Para hacer cumplir las restricciones de edad en línea y bloquear el acceso de menores a plataformas específicas, los sitios web no pueden confiar en la buena fe de los internautas. El Estado obliga a las empresas a exigir una verificación de edad estricta y automatizada. Para demostrar la edad real de un usuario, el sistema necesita obligatoriamente verificar la identidad legal de la persona. Ahí está el quid. Todas las personas son identificadas y controladas aunque los defensores gubernamentales de esta medida dan a entender con astucia que solo los menores deben registrarse en estos sistemas de control.

Sin embargo, estos políticos omiten mencionar la peor parte de la medida de forma totalmente deliberada. Para demostrar que no son menores de edad, los adultos se verán obligados a subir su identificación oficial, pasaporte o credencial digital a bases de datos controladas. Sin este requisito, nadie podrá acceder a comentarios políticos, foros religiosos o sitios de noticias independientes. Las grandes plataformas tecnológicas optarán por el camino más fácil y restrictivo. Las empresas implementarán controles de identidad generalizados para evitar multas estatales cuantiosas. La principal y destructiva consecuencia de este sistema será la eliminación definitiva del anonimato político en la red.

El espejo del Reino Unido y el fin de la disidencia libre

Esto ya se ha visto en el Reino Unido. En los últimos dos años, lo ciudadanos británicos se han vuelto extremadamente cautelosos al responder ciertas preguntas de índole política. La población del Reino Unido evita prácticamente hacer comentarios críticos en internet por miedo a las represalias. Hoy en día, el mundo lee con horror noticias sobre ciudadanos británicos arrestados en sus propios hogares por hacer comentarios en público o publicar en línea opiniones que simplemente se oponen a las posturas oficiales de su gobierno. España y la Unión Europea avanzan a pasos agigantados hacia este mismo escenario de opresión. Cuando el ciudadano elimina los elementos emocionales de los discursos oficiales, la arquitectura subyacente del poder se vuelve evidente.

El plan de control poblacional consta de tres fases perfectamente ejecutadas por el marxismo cultural moderno. El primer paso consiste en obligar a toda la población a ingresar en bases de datos centralizadas, ya sea mediante registros de armas, pasaportes sanitarios o identificaciones digitales. Todo esto ocurre siempre con el pretexto de la seguridad pública.

El segundo paso persigue eliminar por completo el anonimato que permite la disidencia política libre, secreta y sin restricciones.

El tercer y último paso de la dictadura consiste en utilizar esas bases de datos masivas como un arma de persecución directa cuando el panorama político se radicaliza. Si los marxistas logran un poder ilimitado sobre el Estado administrativo, las agencias de inteligencia y el poder judicial, ya no necesitarán perseguir disidentes puerta por puerta.

La estructura de control digital que Pedro Sánchez y la Unión Europea construyen actualmente proporcionará una lista preseleccionada de sus oponentes políticos en bandeja de plata. El sistema identificará con nombre, apellido y dirección a cada ciudadano crítico con el gobierno. Y como estos mismos políticos ya habrían vaciado todas las cárceles comunes mediante amnistías y reformas penales ideológicas, el Estado totalitario tendrá camas de sobra para albergar a los nuevos prisioneros de conciencia. La supuesta protección de la infancia es, en realidad, el acta de nacimiento de la tiranía tecnológica europea. Quieren el fin de la libertad.


Tags: censura digital, Pedro Sánchez, Unión Europea, control poblacional, dictadura digital, libertad de expresión, identificación digital

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