Una visión crítica de la supuesta superioridad moral de la izquierda | Eusebio Alonso

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Desde que España tuvo la oportunidad de darse a sí misma un régimen democrático, devolviendo, con sus luces y sus sombras, la soberanía a manos del pueblo tras la Constitución de 1978, los partidos que formaron parte del derrotado bando republicano en la guerra civil, se han venido esforzando en autoproclamar que la izquierda española ostenta una incuestionable superioridad moral sobre la derecha. Opinión que, como poco, habría que justificar con evidencias, y que bien pudiera obedecer simplemente a una estrategia de márquetin descalificadora, consistente en asignar, a los partidos que no se adhieren a sus tesis de izquierda, una herencia política del régimen franquista. Herencia que marcaría, de facto, a los que defienden una opinión diferente, con un pecado original difícil de superar ante las jóvenes generaciones que no vivieron la guerra y se dejan llevar con facilidad por el relato. Máxime cuando la izquierda ha conseguido apropiarse de la historia, y sólo cuentan aquello que les interesa contar, con ayuda de una sectaria y revanchista ley de Memoria Democrática. Apropiarse del relato histórico desde la política es una muestra flagrante de deriva hacia la autocracia. La historia debería de estar siempre en manos de los historiadores independientes.

Antes de marcar diferencias, un buen punto de partida sería, al menos, el de reconocer con humildad que la derrota del bando republicano en la guerra civil evitó que España se convirtiera en un satélite de la Unión Soviética, compartiendo, con certeza, la triste historia de otros países que fueron controlados por la URSS, y, además, que entrásemos en la segunda guerra mundial en unos momentos especialmente difíciles. Circunstancias, ambas dos, que habrían sido absolutamente calamitosas para el futuro de nuestro país.

El objeto de este artículo es el de intentar cuestionar, de forma crítica, esa tesis de supremacía moral de la izquierda en base a hechos y a opiniones críticas derivadas de éstos.

EL ESTADO OBJETIVO QUE BUSCA ALCANZAR LA IZQUIERDA

Partidos de izquierdas hay tantos como colores. Algunos de apariencia moderada, como la llamada socialdemocracia, y otros más radicales que no hacen ascos a cualquier estrategia que les permita alcanzar el poder tan rápido como puedan, y crear las condiciones para no cederlo antes de conseguir su objetivo final. El que la izquierda no renuncia a la violencia como herramienta para alcanzar sus objetivos, no es una afirmación sin fundamento. A la vista está que los únicos grupos terroristas que existen en la actualidad solo defienden planteamientos de izquierda o el radicalismo islámico, reclamando por la fuerza unas exigencias nada democráticas. En España hemos padecido, durante más de 50 años, los asesinatos y las extorsiones de una banda terrorista, de ideología socialista. Me refiero, claro está, a la banda asesina ETA que, aunque nos quieran convencer de que fue un movimiento de lucha contra el franquismo, resulta que asesinó mucho más después de la muerte de Franco. Si ETA subsistió tanto tiempo solo pudo obedecer a la complicidad ideológica de la izquierda, supuestamente civilizada, a los intereses del PNV de lograr un país vasco independiente y al miedo de la población vasca a enfrentarse abiertamente con el terror.

El valor fundamental que preconiza la izquierda, en cualquier país del mundo, es el de la igualdad de todos los ciudadanos. Igualdad de derechos, que precisa, según su visión de las cosas, el reparto, por las buenas o por las malas, de la riqueza existente. Supongo que esa es la razón fundamental para que la izquierda consiga ese arraigo entre los más humildes, ignorantes y fanáticos. La primera grave inconsistencia de esa reclamación es que nunca se habla de deberes, por lo que cualquier equilibrio, basado en la sensatez, se rompe inevitablemente. Para que ese sistema se sostenga indefinidamente, alguien tendrá que seguir creando más riqueza que se pueda repartir. Sin embargo, a la izquierda no le interesa hablar de deberes, y mucho menos de a quién le corresponde satisfacerlos. Explicaciones que, sin embargo, su cantera no les suele exigir.

Desgraciadamente, repartir la riqueza de los demás se pega frontalmente con un valor aún más fundamental que el de la igualdad. Este valor es el de la Justicia, que significa, en su definición más simple: dar a cada uno lo que ha logrado con su esfuerzo.

La izquierda buscaría, mientras simula aceptar el juego democrático, convertir el Estado en un sistema parasitario respecto de aquellos que poseen y crean riqueza que, fácilmente, se convertirán con el tiempo en minoría. Circunstancia que no les dejará otra opción que emigrar, mientras puedan hacerlo, para defenderse del abuso y el latrocinio sistemático.

La izquierda controla, o pretende controlar, toda la actividad económica con la excusa de evitar los abusos del capitalismo sobre el proletariado.

El Estado final de izquierdas es paternalista y pretende satisfacer todas las necesidades sociales. Necesidades que no son definidas por la sociedad, sino por la clase dirigente, la llamada Nomenclatura, sin que se aplique ninguna consideración crítica de eficiencia en el gasto realizado. La oferta de bienes y servicios de la competencia privada y el libre mercado quedarían progresivamente abolidos por las dificultades que encontraría. Como también quedaría abolida, más pronto que tarde, la democracia por resultar ya innecesaria y, sobre todo, peligrosa.

Dada la cantidad de necesidades a satisfacer, unas reales y otras fingidas, y el poco interés que se da a la eficiencia en el gasto del dinero público, será preciso realizar una recaudación enorme, a base de impuestos, que recaerán sobre los pocos capaces de crear valor.

La falta de incentivos al mérito y al esfuerzo tiene como resultado que se estrangula la actividad productiva. El Estado caerá inevitablemente en quiebra técnica y dejarán de satisfacerse las necesidades ciudadanas básicas y el bienestar desaparecerá, abriéndose paso la miseria. No crean que lo que les digo forma parte de un guion de una novela de ficción. Solo hay que fijarse en la degradación sufrida en países como Cuba o Venezuela desde que se instaló en ellos el socialismo, habiendo llegado a ser en el pasado países ricos. Escuchen a la gente que viene de allí si albergan alguna duda de la senda por la que nos quieren llevan.

EL CAMINO DESDE LA DEMOCRACIA HACIA LA IDÍLICA AUTOCRACIA SOCIALISTA

Durante el periodo de galanteo cuando, la izquierda aún pretende mantener una apariencia democrática, intentará aprovecharse de las debilidades de ésta para alcanzar el poder. La izquierda usa algunas herramientas con escaso soporte ético para intentar apoderarse de una mayoría permanente.

Deslegitimar la libertad del individuo para elegir el destino de sus impuestos

El Estado de izquierdas toma la responsabilidad de destinar los impuestos allí donde lo crea adecuado, sin que el contribuyente pueda intervenir en el proceso. Cuando el Estado gasta dinero de los ciudadanos, desempeña el papel de distribuidor de fondos. La tendencia natural cuando se gasta dinero ajeno en otros, provoca que no se vigile demasiado la eficiencia del gasto. Y si el distribuidor tiene una baja catadura ética, y los mecanismos de control no son eficaces, o las instituciones encargadas de vigilar el gasto están intervenidas por el poder, el mencionado distribuidor estará tentado de sacar algún beneficio personal o para su partido.

Hay una verdad irrefutable: cuanto mayor es el gasto público, resulta más inevitable la ineficacia de éste y los episodios de corrupción. Circunstancia que hace potencialmente más corruptos a los partidos de izquierda cuando llegan al poder porque siempre defienden un mayor gasto. Existe una institución denominada Tribunal de Cuentas que está concebida para vigilar el gasto público, pero que, al no ser independiente, nunca denuncia excesos cometidos por el partido que ostenta el poder. En partidas como las ayudas a países del tercer mundo, sobre las que no se hace ningún seguimiento, sería realmente fácil que algún cargo político, sin demasiados escrúpulos, pudiera obtener retornos o comisiones en algún paraíso fiscal con cargo a las ayudas proporcionadas. Hay fortunas de algunos personajes políticos que son realmente inexplicables.

Recaudar impuestos no solo busca satisfacer las necesidades sociales

La izquierda busca financiar el clientelismo que le proporciona un valioso voto cautivo, mercadeando privilegios a cambio de apoyo y pago de favores. En España la izquierda utiliza esta estrategia para premiar a colectivos afines como los sindicatos, que deberían ser independientes; al cine, que debería ser rentable por sí solo; al colectivo LGTBI, que debería recordar lo que hacía con los homosexuales un ídolo de la izquierda como el Che Guevara; a la inmigración ilegal, que legitima la falta de interés por el respeto de la ley; al islam, que tiene unas creencias y costumbres incompatibles con la civilización occidental y la libertad de credo, a los animalistas, los separatistas e incluso, a los filoterroristas y demás enemigos declarados de España, que buscan dinamitar el Estado de Derecho aprovechando la debilidad de la democracia para protegerse de la felonía de los que deberían defenderla.

La pérdida del poder para la izquierda supone una auténtica tragedia, porque limita el proceso de crecimiento clientelar. No es porque los chiringuitos, ineficaces y costosos, ya creados por ésta, corran el riesgo de desaparecer, dado que la derecha medrosa los seguirá manteniendo por miedo a desatar una ola de descontento social por parte de los colectivos amamantados. El problema que se crea es que, al no controlar los presupuestos, esos chiringuitos no tendrán un incremento significativo en su dotación presupuestaria, y tampoco existirá la posibilidad de crear ninguno nuevo que les permita ampliar su influencia pagada a costa del contribuyente.

El mero hecho de recaudar más impuestos no supone ninguna garantía de mejora en el bienestar ciudadano. Los indicadores de degradación del bienestar como son, entre otros: el número de personas por debajo del umbral de pobreza, los ciudadanos que tienen dificultades para acceder a una vivienda y a un trabajo dignos, no para de crecer; así como el valor de la deuda pública en términos absolutos. Deuda que ya se come, con sus intereses, buena parte de los ingresos anuales que recauda el Estado. Esta circunstancia hipoteca, de forma progresiva, a las nuevas generaciones. Por si alguien no se ha enterado todavía, la deuda pública no tiene coste cero y sube salvajemente tras cada legislatura socialista. Cada recién nacido, cuando viene al mundo, ya asume una deuda de 35.000 € que corresponde al prorrateo de la deuda sobre toda la población. Las recientes alegrías populistas de la izquierda como la sanidad universal, tendrá que pagarlas alguien. Hágase bueno el dicho de que «el que venga detrás que arree».

Colonizar las instituciones y eliminar la independencia de poderes

En España los poderes legislativo, ejecutivo y judicial no son independientes porque la Constitución, ingenua o intencionadamente, permite que así suceda. Esta circunstancia invalida a cualquier sistema como auténticamente democrático porque la democracia se basa en la supervisión mutua de poderes para evitar los excesos. En la actualidad todas las instituciones relevantes de nuestro país están controladas por el poder político: Fiscalía, Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas, Abogacía del Estado, Agencia Tributaria, etc… Recientemente hemos tenido noticia también de la imputación de la cúpula política y operativa, de una institución sagrada para mí como es la Guardia Civil. Imputación, nada menos que por prevaricación y obstrucción a la Justicia a la directora general y al DAO.

Afortunadamente, si algo todavía funciona es debido a la judicatura profesional independiente y a determinadas agrupaciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como la UCO y la UDEF, que pese a presiones y represalias de sus mandos políticos, realizan su trabajo con profesionalidad intachable porque saben que solo a la patria le deben lealtad. Hay que agradecer también el trabajo de asociaciones de la sociedad civil como HazteOir, Manos Limpias, Abogados Cristianos y Iustitia Europa, que no dudan en emprender acusaciones particulares, al coste que sea, cuando detectan algún asunto turbio. Contrasta su postura con la de la Fiscalía, la Agencia Tributaria y la abogacía del Estado que prefieren inhibirse, o no, en función de quien sea el encausado. Si esto es una democracia, que venga Dios y lo vea.

La ausencia de contrapoderes independientes y de una legislación ética que se aplique con rigor, conduce, inevitablemente, a la autocracia. Autocracia que conlleva la pérdida de libertades. Y, cuando es la izquierda quien alcanza el poder autocrático, también a la miseria de la población, porque la falta de alternancia productiva y de incentivos al esfuerzo y al mérito destruye la creación de riqueza.

Combatir a los tres grandes enemigos de la ideología de izquierdas

La izquierda pretende que parezcan innecesarios e incluso perjudiciales para el ciudadano, intentando sustituir su función por el propio Estado. Estos supuestos enemigos son:

La Religión. Sin embargo, la izquierda no ataca a todas las religiones. Solo a aquellas que transmiten un sentido ético de la existencia y deslegitiman la violencia y el lema de que el fin justifica los medios. A las otras las protege como colaboradoras temporales, con arreglo al lema «El enemigo de mi enemigo es mi amigo». Me refiero, en particular, al Islam.

La Familia es el núcleo fundamental de protección del individuo, papel que pretende ocupar el Estado de izquierdas a cualquier precio. El Estado interviene progresivamente la educación con su sesgo ideológico sin necesidad de autorización explícita de los padres.

La Propiedad Privada. El patrimonio individual proporciona seguridad e independencia al individuo frente a la esclavitud que pretende conseguir el Estado de izquierdas. No faltan ejemplos para demostrarlo. No solo se encarece la vivienda con la aplicación de políticas ineficaces e ideológicas como indico en mi artículo https://adelanteespana.com/quien-encarece-el-acceso-a-la-vivienda-en-espana-eusebio-alonso, sino también con la utilización de impuestos trasnochados que suponen un reiterado gravamen sobre la propiedad, como son el impuesto de Patrimonio y, sobre todo, el de Sucesiones. Muchos herederos, mayoritariamente en comunidades autónomas bajo control del PSOE, ha tenido que renunciar a la herencia de sus padres por no poder pagar la tributación que se les ha aplicado. Perseguir la propiedad privada es perseguir, en última instancia, la libertad, el mérito y el esfuerzo.

Alterar el electorado natural

Cuando la mayoría electoral peligra, la izquierda, carente de todo fundamento ético, busca ampliar su área de influencia con nuevas canteras de votos. Cuando ya no quedan sectores, en el interior, a los que seducir con premios o con engaños, busca votos en el exterior. En nuestro país hemos visto como se ha permitido y alentado la entrada de inmigración ilegal masiva, inmigración que nuestra economía no puede absorber y pone en riesgo el bienestar y la paz social.

Un país como España con una tasa de paro preocupante, no se puede permitir acoger una inmigración descontrolada que produce enormes desequilibrios en la atención sanitaria, educativa y en la seguridad ciudadana. Las ayudas sociales dejan de ser percibidas por el español de nacimiento, para ser canalizadas al inmigrante, por entenderse que está más necesitado. Al cabo de unos años, esos inmigrantes ilegales son regularizados y acaban, con el tiempo, teniendo derecho al voto y agradeciendo con su voto al que permitió este descontrol.

Una estratagema reciente para ampliar el electorado es la llamada ley de nietos que otorgaría la nacionalidad española a descendientes de exiliados españoles que, supuestamente, abandonaron España tras la guerra civil. Estos nuevos nacionalizados podrán votar en la demarcación española que ellos elijan sin que se les exija haber vivido, ni haber pagado impuestos en España, ni, tampoco, haber acreditado suficientemente la condición de exiliado de su antepasado, les bastará con establecer la fecha de su salida de nuestro territorio. Circunstancia que se permite por una interpretación de la revanchista ley de memoria histórica que redactó el PSOE.

¿A quién imaginan ustedes que votarán mayoritariamente estos nuevos electores? ¿Tiene importancia elegir la demarcación? Pues sí porque el voto no tiene el mismo peso electoral en cualquier parte de España. La ley d’Hondt así lo establece. Siendo preocupante lo mencionado, lo peor es la presumible falta de control que tendrá el voto CERA en futuras elecciones, que hasta ahora no había sido demasiado significativo.

Podemos añadir también la falta de control que existe en el voto por correo. Voto que no se custodia y que en las últimas elecciones tuvo unos resultados con un sesgo marcadamente diferente al del voto en urna, como asegura el propio CIS, cosa que resulta estadísticamente inexplicable cuando el porcentaje del voto por correo es, como fue, muy significativo. Si nadie remedia todo esto, tendremos un escenario absolutamente preocupante. Para que no falte la guinda, hay que recordar que Juanma Serrano, presidente de correos entre 2018 y 2023 y amigo íntimo de Sánchez, ha sido imputado recientemente por formar parte de la trama de Leire Diez, la llamada fontanera del PSOE. ¡Como para estar tranquilos el día de las elecciones!

Carencia de compromisos éticos

Lejos de vigilar los posibles casos de corrupción que aparecen en su formación política, la primera estrategia es tratar de ocultarlos. Cuando se hacen púbicos, se defienden acusando a la justicia de lawfare, y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado de fascistas. Cuando ya no pueden negar las evidencias, se presentan como ajenos y desconocedores del delito, para intentar desvincularse del infractor. Siempre parecen estar en la inopia y se enteran de todo por la prensa. La prueba manifiesta de su complicidad es que nunca se personan como acusación particular contra el presunto delincuente que pone en entredicho la decencia de su partido. Y no solo eso. También pagan a los abogados de éste para poder controlar sus declaraciones y evitar que aparezcan nuevos posibles miembros de la trama. ¡Será posible tanta desfachatez! Todo eso lo estamos viendo en el día a día con terca obstinación.

En este apartado se puede incluir también la guerra sucia contra el rival político. Recordemos la utilización del fiscal general del Estado, Alvaro Ortiz, contra Isabel Ayuso. Este fiscal fue condenado e inhabilitado por revelación de secretos. A Ayuso también se la intentó culpabilizar de las muertes en las residencias de ancianos de Madrid durante el confinamiento Covid, a sabiendas de que había sido el propio Pablo Iglesias, a la sazón vicepresidente del gobierno, quien se había comprometido públicamente en gestionar las residencias de ancianos de toda España.

Por último, para proteger a sus delincuentes, siempre dispondrán del recurso del indulto y de un tribunal, como el Constitucional, no necesariamente profesional de la judicatura, y profundamente politizado, que podrá oponerse a las sentencias de altos tribunales independientes como el Supremo, con argucias legales como es la de alegar la indefensión del condenado.

El Tribunal Constitucional no está concebido como tribunal de casación. Es decir, su función no es la de ser la última instancia para revisar sentencias establecidas por otros tribunales. La función que le asigna la Constitución es la de revisar la constitucionalidad de las nuevas leyes antes de su entrada en vigor. Esta función primigenia, así como la independencia inicial del citado tribunal respecto del poder político, desapareció en 1985 a manos de Felipe González. ¡Otro demócrata de libro!

Cinismo y carencia de la mínima responsabilidad

Unas de las banderas de las que más orgullosa se siente la izquierda son el feminismo, la lucha contra el cambio climático de origen antropogénico, la defensa de la educación y la sanidad públicas «de todos y para todos» y la preocupación por la calidad y seguridad de las infraestructuras del país. Sin embargo, la realidad les pone en entredicho:

Cosificación de la mujer

Aparición numerosa de responsables políticos de izquierda, que compraban sexo a costa de nuestros impuestos, o que eran acosadores de sus subordinadas o de sus alumnas. Circunstancias que han querido ocultar hasta que se ha acabado convirtiendo en un secreto a voces, y han optado después por decir que no tenían noticia de nada y que se han enterado por los periódicos. Otro insulto más a la inteligencia de los ciudadanos y especialmente de sus votantes. A los que, tal vez, les dé igual todo.

Cambio Climático

Sobre el cambio climático, yo ya sólo me creo lo que digan los científicos de prestigio jubilados, cuando se apoyan en argumentos con fundamento. De aquellos que tienen que mentir para poder llevar las lentejas a sus familias, prefiero no creerme nada. No me voy a extender sobre el tema porque ya he expresado sobradamente mis opiniones en otros artículos. Lo que sí quiero decir es que no sé a qué espíritus críticos pretenden convencer los que aparecen sin corbata con pose para ayudar a combatir el cambio climático, y luego movilizan varios aviones, que viajan casi vacíos, para acudir a una cumbre política nacional o internacional.

El cinismo es tal, que sabiendo que la construcción de la presa de Cheste, ya presupuestada en 2004 y que iba a ser pagada con fondos europeos, podría haber salvado muchas vidas en la tragedia de la última Dana de Valencia, no solo no la han construido, sino que parece que no hay intención de hacerlo, aunque la amenaza de una nueva catástrofe siga existiendo en la región valenciana. ¿Alguien, con dos dedos de frente, se cree de verdad que los ciudadanos les preocupamos lo más mínimo a esta gente?

Por otra parte, poco o nada se hace en lo que respecta a la limpieza de cauces, ríos y montes, aludiendo a cuestionables argumentos de índole ecológica. Limpiezas que evitarían en gran medida las dramáticas consecuencias de las anegadas y facilitarían el control de la mayoría de los incendios. Muchos de ellos provocados.

Me da el olfato que todos estos desastres ayudan a que la población se embaule mejor la historia del cambio climático de origen antropogénico, y con ello la instalación descontrolada de renovables que, contra todo pronóstico, encarecen el precio de la electricidad, fragilizan la disponibilidad del suministro eléctrico y afean y contaminan el paisaje.

Elusión de responsabilidades políticas. La catástrofe de Adamuz, que no ha supuesto ni una sola dimisión, podía haber sido evitable, si se hubiera realizado adecuadamente el mantenimiento de las infraestructuras y supervisado, con la periodicidad adecuada, el estado de éstas. Si algún político, periodista, tertuliano, ingeniero o científico cree que esa tragedia fue inevitable, tendrá que asumir, por pura decencia intelectual, que viajar en la alta velocidad española supone un riesgo considerable que nadie ha querido medir con seriedad. ¿Se gasta lo necesario en mantenimiento de infraestructuras? Parece que si así fuera, es notorio que, al menos, no se destinan esos fondos al propósito adecuado. 

Defensa de la Educación y la Sanidad públicas

Otro de los mantras de la izquierda es la defensa a ultranza, en sus discursos, de la educación y la sanidad públicas. Nada en contra de que la sanidad y la educación públicas sean buenas y competitivas. De lo que sí estoy en contra es que se presenten como una opción exclusiva, y se impida, o dificulte, el acceso libre de los ciudadanos a otra sanidad y a otra educación a un precio justo. Máxime cuando la inmensa mayoría de los dirigentes de izquierdas de nuestro país se permiten sanidad privada y colegios privados de élite para sus hijos, sufragados con nuestros impuestos. No dejo de recordar lo que decía el bueno de Orwell: “todos los animales son iguales, pero unos más que otros”.

CONCLUSIONES PERSONALES

Existen fundamentalmente dos modelos de gobierno:

  • El de izquierdas que defiende su concepto de “igualdad” y deja a papá Estado en manos de gente muy ideologizada, con poca preparación y de ética muy cuestionable, que supone para el ciudadano un quebranto económico cada vez mayor.
  • El liberal que defiende la libertad del ciudadano y deja que el Estado se ocupe solo de todo aquello que es estrictamente necesario y que la iniciativa privada no puede abordar. Con este modelo la presión fiscal es mucho menor y el ciudadano puede elegir el destino de la mayor parte de sus impuestos.

La izquierda propone una idea incompatible e irreconciliable con el pensamiento liberal a medio y largo plazo.

El estado de izquierdas es caro, ineficaz y más propenso a la corrupción. Es una opción política parasitaria que degenera en una autocracia que lleva inevitablemente a la pérdida progresiva de bienestar y de libertades ciudadanas.

La izquierda deforma, igual que también lo hace con la historia, conceptos como el de Democracia y el de Libertad, para captar a las cabezas menos críticas de la sociedad. ¿Como va a ser demócrata un sistema en el que las elecciones no sean limpias, no gobierne el más votado, o no haya ni siquiera elecciones? ¿Cómo va a ser libre un país en el que el ciudadano tenga enormes restricciones en su día a día, se le confisque la mayor parte de su salario y no pueda elegir el destino de sus impuestos?

La izquierda no cree en la democracia. La usa para alcanzar el poder y luego la pervierte para consolidarse en él. La historia está plagada de ejemplos. Esto no es una invención mía, existen innumerables declaraciones de políticos de izquierdas como la Pasionaria o Pablo Iglesias Posse, por solo mencionar dos de ellos, en la que muestran profundo desprecio a la democracia cuando ésta no satisface sus intereses.

La izquierda, en su fase pseudo-democrática, se aprovecha del clientelismo, del enfrentamiento de clases y de la ignorancia e ingenuidad de su electorado. Fomenta el enfrentamiento entre clases sociales y bendice la envidia hacia el que ha alcanzado una posición desahogada gracias a su esfuerzo. Si los votos no les dan para gobernar, alteran el electorado con leyes que dictan a su conveniencia.

La izquierda adolece de falta de escrúpulos y fundamentos éticos. El gobierno de Sánchez llegó al poder con el apoyo, no solo de toda la izquierda, sino también de la anti-España: partidos independentistas y filoterroristas, conocedores de que un gobierno débil, de un líder sin escrúpulos, les aseguraría la mejor rentabilidad para alcanzar sus objetivos.

¿Es justo culpabilizar a toda la izquierda de seguir sosteniendo a un gobierno plagado de casos de corrupción? Pues sí, porque con su apoyo incondicional se comportan como cómplices necesarios. El apoyo a los corruptos legitima su comportamiento. Esta circunstancia demuestra, una vez más, cuál es la catadura moral y las prioridades de la izquierda de nuestro país. ¿Por qué actúan así? Pues porque “el que se mueve no sale en la foto” y, desgraciadamente, el que ha vivido siempre de la política, tiene miedo a tener que ganarse la vida fuera de ésta en un entorno competitivo en el que hay que demostrar la valía profesional, y no basta con la fidelidad inquebrantable al líder. Esto lo conoce muy bien el socialista García Page, que se queja con frecuencia de todo lo que hace Sánchez, con intención de que parezca que existe un PSOE decente. No obstante, pudiendo hacer mucho, no hace nada para cambiar las cosas.

La izquierda, con ese currículo, no puede hacer gala de superioridad moral alguna frente a nadie. Es verdad que la derecha del PP ha hecho poco o nada para mejorar la deriva democrática en la que nos ha metido el PSOE, y muy posiblemente por eso no resulte digno, actualmente, de demasiada confianza. No obstante, hay que reconocer, al menos, que es capaz de facilitar mejores condiciones para la creación de riqueza. Riqueza que ayudará, sin duda, a la supervivencia del PSOE en alguna nueva legislatura, en su camino hacia la autocracia, cuando vuelva a caer el poder en sus manos. ¿Complicidad? Sin duda. Tal vez condicionada por el miedo a la calle o, simplemente, porque el poder globalista que controla a ambos partidos en Europa les impone ese papel a cada uno de ellos.

Aunque me duela tener que decirlo, la única opción de convivencia, que se me ocurre, de una ideología liberal con la izquierda, es la aplicada en las dos Coreas, dejando que cada una de ellas se busque la vida, por separado, según su concepción política. Resultado: por un lado, miseria y esclavitud y por otro progreso y bienestar. ¡Allá cada uno con sus gustos! El problema es cómo puede acabar ese planteamiento, porque, como todos sabemos, Corea del Norte no deja de apetecer lo que ha conseguido la del Sur, aunque ello se consiga por la fuerza. Si la alternancia en el poder, no resulta tranquilizadora, por saltarse una formación política las normas de convivencia con perversas interpretaciones interesadas de nuestra Constitución ¿qué otra solución nos quedaría a los que deseamos vivir en libertad?

Eusebio Alonso | licenciado en ciencias Físicas. Subdirector de Adelante España desde 2022


TAGS: España, Izquierda, Política, Relato, Historia, Democracia, Autocracia

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