Sánchez quiere controlar y censurar a todos los medios: aviva la campaña contra la prensa crítica y sus anunciantes

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Sánchez quiere terminar con los pocos medios de comunicación disidentes e independientes y endurece el tono contra ellos, a los que asocia a la desinformación, a ser fachas y antidemócratas.

El PSOE pide vetar la entrada al Congreso de los «pseudoperiodistas».

En su golpe de estado institucional que está dando Sánchez ya tiene totalmente controlado a la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles. ¿Todos? No, aún hay un pequeño grupo de medios independientes. Son la disidencia ante el dictador.

Y Sánchez no puede permitir la mínima crítica. La libertad de expresión no está con él. Por eso, quiere destruir a esos medios independientes.

Ataque sin precedentes de Sánchez

En la entrevista que concedió el pasado fin de semana a La Vanguardia cuando Pedro Sánchez pronunció el término fachosfera, al cual había hecho referencia Óscar Puente anteriormente y que sirve para encuadrar a los medios de comunicación disidentes e independientes que según él se dedican a “polarizar, insultar” y a “generar una desconfianza con un fin claro”, que es el de desestabilizar la democracia. Esto es, quien  critica a Sánchez es un facha y un antidemócrata.

Así lo definió Sánchez y así lo dejó también claro en su último libro, Tierra firme, en el que acusa a la derecha y a sus medios afines de “envenenar la convivencia” con “discursos insultantes”. “Cuando se echa leña al fuego durante mucho tiempo, un día puedes prender la casa entera de la democracia”, expone.

Son varios los ataques que ha dedicado el presidente y su entorno a la prensa disidente independiente desde la pasada campaña electoral, aconsejado por sus asesores, quienes concluyeron que Moncloa había infravalorado durante cinco años el efecto nocivo sobre la sociedad de la prensa «intoxicadora». No es casual la frase que el presidente repitió en varias de las entrevistas que concedió antes de las elecciones, entre otras, en el plató de El Hormiguero o en el de Ana Rosa Quintana. “La opinión publicada es muy diferente a la opinión pública”, sostuvo.

Campaña de desprestigio

Esta campaña contra la prensa crítica disidente se ha librado en varios frentes desde entonces. Veámoslo brevemente. ¿El objetivo?: Destruirla o amordazarla.

Hace unos días, el PSOE pidió amparo a la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) y a la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ante lo que consideraba la “amplificación y difusión de un discurso de odio hacia ese partido y sus representantes y afiliados por parte de quienes califica de pseudomedios pseudoperiodistas” que son cercanos a Vox.

Este lunes, el partido iba un paso más allá y pedía la retirada de la acreditación de prensa del Congreso y del Senado para estos medios activistas. El director de Comunicación del PSOE, Ion Antolín aseguraba, en declaraciones recogidas por Europa Press, que estos pseudomedios sólo alimentan y difunden contenidos que no respetan la obligación de información veraz y pueden suponer discursos de odio, que provocan crispación y ataques hacia diferentes colectivos como los inmigrantes, las mujeres o los LGTBI».

El PSOE y sus terminales mediáticas no sólo han señalado el aspecto editorial, sino también el económico. De hecho, hace dos semanas, el presidente de Prisa Media, Carlos Núñez, expresó en una intervención pública la necesidad de “añadir a las siglas ESG (que se refieren, en inglés al medio ambiente, el aspecto social y la gobernanza), cada vez más en boga entre las empresas, la D de democracia como factor a tener en cuenta” a la hora de realizar inversión publicitaria en los medios de comunicación. En otras palabras, apeló a gastar las partidas publicitarias en la buena prensa, en detrimento de la que perjudica la “sostenibilidad democrática”.

Moldear el panorama mediático

En paralelo a esta campaña de intentar destruir los medios críticos, Sánchez está realizando varios movimientos para el control y moldeo de los medios de comunicación. El más evidente fue la designación de Miguel Ángel Oliver como presidente de la Agencia EFE, en sustitución de Gabriela Cañas.

Desde que comenzó enero, también se han producido dos sucesos relevantes: el primero fue una reunión en Moncloa entre la presidenta interina de RTVE, Elena Sánchez, y Félix Bolaños y Francesc Vallés -este último, secretario de Estado de Comunicación-. Según ha transmitido la directiva en su entorno -incluido algún consejero de la casa-, el tono de la reunión fue bronco, lo que dentro de la casa se interpreta como una maniobra de presión hacia ella.

El próximo marzo, vence el mandato de cinco de los nueve consejeros de RTVE y el PSOE tendrá que buscar un pacto con otras fuerzas parlamentarias para promover su sustitución, así como la designación del nuevo inquilino de la plaza que quedó vacante tras la dimisión de José Manuel Pérez Tornero, acaecida a finales de 2022 después de que algunos vocales designados para su puesto por el PSOE  orquestaran una rebelión contra él.

Cientos de millones de publicidad institucional

Entre medias, el Consejo de Ministros realizaba un movimiento significativo hace unas semanas, cuando designó a José Manuel Nevado como nuevo director del Departamento de Publicidad Institucional de Moncloa. Nevado controla un área del Ejecutivo que repartirá durante los próximos cuatro años cientos de millones de euros en publicidad institucional, los cuales pueden servir para premiar a afines o para castigar a críticos o «pseudomedios».

En 2023, esta partida ascendió a 145,9 millones de euros, a los que hay que sumar los 25 millones de campañas de 2024 que fueron anticipadas. La pregunta que ronda entre los editores de medios de comunicación estos días es si, para repartir estos fondos, se aplicará ese criterio ESGD que piden desde Prisa y, en ese caso, cómo se medirá la aportación a la democracia de los medios de comunicación.

Y ya se sabe, quien paga manda. Es lo malo de ser un medio subvencionado: que te vuelves sumiso del poder.

Menos mal que aún quedan unos pocos medios críticos, disidentes e independientes. Irreductibles como los galos de Astérix. Extrapolando el inicio del cuento: «Estamos en el año 2024. Todos los medios de comunicación de España están ocupados por Sánchez y sus secuaces… ¿Todos? ¡No! Unos medios disidentes, críticos e independientes formado por irreductibles españoles resiste, todavía y como siempre, al dictador. Y la vida no es fácil para Sánchez…que no se lo esperaba.

(Con información de Voz Populi)

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