¿Y si Sánchez no aspirase a gobernar solo hasta 2027?. ¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos separatistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?
El plan de Sánchez para 2031 y la Tercera República apunta a que el presidente quiere gobernar hasta el centenario de la Segunda República para impulsar un referéndum y cambiar el modelo de Estado.
De 2027 a 2031: la hoja de ruta real
Pedro Sánchez ha confirmado su intención de presentarse de nuevo a las elecciones de 2027 y agotar la legislatura actual. El plan de Sánchez para 2031 no se limita a repetir mandato en 2027. No es solo una cuestión de supervivencia sino que es, sobre todo, una hoja de ruta.
Expertos señalan que Sánchez tiene un objetivo más ambicioso. Sánchez no piensa en cuatro años más. Piensa a mucho más largo plazo.
Desde 2018 gobierna gracias a una mayoría frágil y fragmentada. Aun así, insiste en que tiene energía y motivación para seguir al frente del proyecto socialista. Fuentes políticas sostienen que la verdadera meta es resistir hasta 2027, ganar de nuevo y gobernar hasta 2031. Esa fecha no resulta casual.
En 2031 se cumple el centenario de la Segunda República. Para Sánchez, ese aniversario representa una oportunidad política de primer nivel.
El centenario como arma política
¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar desde su cargo el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos independentistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?.
El plan de Sánchez para 2031 es buscar cambiar el eje del debate nacional. Ya no se trataría de Sánchez o no Sánchez. Se trataría de monarquía o república. Sánchez quiere situarse en La Moncloa en 2031 durante el centenario republicano, no como un gesto simbólico sino como una estrategia política: aspira a liderar una nueva etapa institucional. Pretende presentarse como el dirigente del cambio histórico.
La idea consiste en abrir un gran debate nacional sobre la forma de Estado. El objetivo final apunta a un referéndum sobre monarquía o república. En ese escenario, Sánchez se mostraría como el presidente del nuevo modelo. La Tercera República llevaría su sello político.
Derrocar al «ministro» Felipe VI
Algunos analistas señalan que el Rey Felipe VI actúa últimamente más como un «ministro» de Sánchez que como un jefe del Estado independiente. Sus discursos son claramente desacertados. Parece como si le marcaran desde Moncloa la agenda de lo que tiene que hacer y decir. Sus últimas actuaciones han generado desafección incluso entre sectores moderados y proclives a la monarquía.
Según estas fuentes, Sánchez aprovecharía cualquier escándalo mediático de la realeza para debilitar la institución monárquica. Con medios alineados, la ofensiva resultaría efectiva.
El plan Sánchez necesita un clima de polarización constante. Sánchez se alimenta del conflicto político. La tensión le fortalece. Y con el dilema monarquía-república lo tendría asegurado.
Separatistas y referéndum
El plan Sánchez 2031 y la Tercera República depende de un actor clave: los separatistas vascos y catalanes. Hoy sostienen la mayoría parlamentaria del Gobierno. Sin ERC, Bildu y Junts, Sánchez no gobierna. Esa dependencia marca toda la legislatura.
Fuentes del entorno separatista aseguran que ya se comenta la posibilidad de un referéndum sobre la forma de Estado. El chantaje funciona: Pedro Sánchez la acepta.
Si Sánchez gana en 2027, podría explorar acuerdos para abrir esa consulta. El centenario de 2031 facilitaría el marco simbólico. ERC y Bildu siempre han defendido un cambio constitucional profundo. Junts mantiene una postura similar desde Cataluña. El plan Sánchez 2031 y la Tercera República permitiría a los separatistas avanzar en su agenda y debilitar el Estado desde dentro. A cambio, Sánchez obtendría el apoyo necesario para su proyecto personal de poder.
Estrategia frente a límites institucionales
Obviamente, el plan de Sánchez para 2031 choca con límites legales claros. La Constitución no permite cambiar la forma de Estado sin mayorías reforzadas. Sin embargo, Sánchez ha demostrado que sabe estirar los márgenes del sistema. Ya lo hizo con indultos, amnistías y pactos imposibles.
Analistas políticos reconocen su capacidad para resistir escenarios adversos. Convocar elecciones anticipadas supone un riesgo elevado para él. Por eso mantiene la legislatura a cualquier precio. Negocia cada ley. Cede en cada votación. Compra tiempo.
Otros expertos advierten del peligro de abrir debates históricos sin consenso. La memoria republicana divide a España desde hace décadas. Pero a Sánchez no le preocupa la división. La necesita. La polarización le da oxígeno electoral.
El plan de Sánchez se apoya en una estrategia simple: tensión constante, enemigos claros y control del relato mediático.
La pregunta no es si lo intentará. La pregunta es si las instituciones resistirán su ambición de poder.




