Los comunistas genocidas ya no usan campos de concentración ni gulags, pero siguen persiguiendo el mismo objetivo: eliminar al adversario político mediante mecanismos sociales, culturales y demográficos.
El comunismo moderno y la eliminación de la oposición
Hablar de comunistas genocidas no resulta una exageración histórica. El comunismo ha provocado más de cien millones de muertos en el siglo XX según múltiples estudios académicos. Desde la Unión Soviética hasta China, Camboya, Corea del Norte o Cuba, el patrón siempre ha sido el mismo: eliminar al disidente, al opositor, suprimir la libertad y destruir la sociedad civil.
El método ha cambiado. Ya no se recurre al fusilamiento masivo, pero sí a la cancelación, al señalamiento público y a la ingeniería social. El objetivo permanece intacto: borrar políticamente al que no piensa igual.
En este contexto aparece Irene Montero como ejemplo del comunismo contemporáneo adaptado al siglo XXI.
Elon Musk y la acusación que incendió el debate
El debate sobre los comunistas genocidas se reactivó tras un mensaje directo de Elon Musk dirigido a la comunista Irene Montero.
Todo comenzó con un vídeo en el que la exministra de Igualdad celebraba la regularización masiva de inmigrantes como estrategia política para “barrer del mapa” a la derecha. Elon Musk reaccionó afirmando:
“She is advocating genocide. Utterly contemptible”. Es decir: “Está promoviendo un genocidio político. Absolutamente despreciable”.
La frase dio la vuelta al mundo en cuestión de horas. No se trataba de una acusación penal, sino de una denuncia ideológica: utilizar políticas demográficas para eliminar al adversario político.
La comunista Irene Montero y la ingeniería social
Irene Montero no habla de integración. Habla de sustitución política y demográfica. Quiere sustituir y reemplazar a los españoles con lo que no coincide ideológicamente por inmigrantes.
Defiende abiertamente que la regularización masiva de inmigrantes ilegales puede modificar el mapa electoral y neutralizar a la oposición conservadora. No se trata de derechos humanos. Se trata de votos. No se trata de justicia social. Se trata de poder.
Este enfoque encaja con la lógica histórica de los comunistas genocidas: cambiar la sociedad para eliminar al disidente, a la oposición, en este caso, sin necesidad de violencia directa. Antes se usaban purgas. Hoy se usan censos. Antes se cerraban periódicos. Hoy se controla el relato mediático. Antes se fusilaba. Hoy se cancela.
El reemplazo ideológico como arma política
La llamada “teoría del reemplazo” que esgrime Irene Montero describe una estrategia política real: modificar la base social para alterar mayorías electorales. Irene Montero ha defendido públicamente este modelo. No como hipótesis, sino como programa político.
Utilizar la inmigración como herramienta para cambiar el voto resulta una forma de ingeniería social sin precedentes en democracia. No se busca convivencia. Se busca hegemonía ideológica. No se persigue integración. Se persigue sustitución cultural. Así actúan los comunistas genocidas del siglo XXI: destruyendo identidades nacionales desde dentro.
El comunismo ya no mata cuerpos, mata naciones
El comunismo moderno ya no necesita violencia física masiva. Ahora destruye conceptos: nación, familia, religión, identidad, mérito, verdad. Disuelve comunidades. Fragmenta sociedades. Criminaliza tradiciones. Convierte al Estado en un laboratorio ideológico.
La comunista Irene Montero representa este nuevo modelo: un comunismo de laboratorio social, donde el enemigo no se elimina físicamente, sino que se le silencia. Se le cancela. Se le criminaliza y se encarcela. El disidente deja de existir.
Ese es el verdadero genocidio político: borrar al adversario sin disparar un solo tiro. No han desaparecido. Solo han cambiado de estrategia.
Irene Montero encarna esa mutación: menos violencia directa, más control cultural. Menos gulags, más censura. Menos fusiles, más ingeniería social. El objetivo sigue siendo el mismo: eliminar al que no se somete al pensamiento comunista suyo. Y eso sigue siendo totalitarismo comunista.




