La legislación ha convertido al matrimonio en un contrato-basura | Mariano Martínez-Aedo (IPF)

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Al abordar la situación de la familia nos encontramos con una realidad paradójica y contradictoria . Y es que la primera palabra o imagen que puede venir a la mente cuando hablamos hoy de familia es la de crisis. La familia es una institución en crisis, sin duda, porque nuestra sociedad está en crisis. Y esto se hace más palpable y grave aún, si tenemos en cuenta los efectos adversos que ha tenido la pandemia de la Covid en la sociedad española,

Desde hace veinte años, el Instituto de Política Familiar (IPF) –una una institución fundada en el 2001 y que por tanto acaba de cumplir 20 años de existencia -publica el ‘Informe de Evolución de la Familia» un informe que se ha convertido en referente tanto en las administraciones, políticos y agentes sociales.

El presente Informe de Evolución de la Familia 2021 que acaba de presentar constata esta situación dramática de la institución familiar: la natalidad no sólo ha caído a niveles dramáticos, sino que se está agravando aún más con el aborto. Una sociedad sin hijos es, sin duda, una sociedad sin futuro. Por otra parte, España tiene cada vez menos matrimonios y, por el contrario, la ruptura familiar está creciendo espectacularmente, siendo uno de los principales problemas de la sociedad española. Y si a todo ello se suma la deficitaria conciliación entre la vida laboral y la vida familiar, que sigue sin resolverse, podemos concluir que, y aunque nos duela decirlo, España es en la actualidad una sociedad envejecida, sin niños, con hogares solitarios, con cada vez menos familias y cada vez más rotas e insatisfechas

Desde Adelante España nos hemos puesto en contacto con Mariano Martínez-Aedo es el portavoz y vicepresidente del Instituto de Política Familiar para que nos detalle más este importante informe

Mariano Martínez-Aedo | Vicepresidente del Instituto de Política Familiar (IPF)

¿Por qué y para qué el IPF ha elaborado el informe evolución de la familia en España 2021?

El Instituto de Política Familiar (IPF) tiene como objetivo promover y ayudar a la familia, y su principal actividad es la realización y difusión de Informes que analicen su situación, detallen sus problemas y propongan medidas que puedan corregirlos.  Por ello, este Informe sobre Evolución de la Familia en España 2021, es un instrumento central de nuestra actividad y, salvo el año pasado debido a la crisis del COVID, lo hemos elaborado todos los años de nuestra actividad.

¿Cuáles son las principales conclusiones del informe?

El informe abarca muchos datos, análisis y hechos pero podríamos resumir en que en España la familia sufre una tremenda crisis en muchos aspectos (pocos matrimonios, más tardíos, más frágiles, menos hijos, cultura antifamiliar, legislación negativa, etc.), lo cual se agrava cuando comprobamos que las administraciones, el mundo político y el mundo cultural ni valoran ni ayudan a la familias, con lo que agravan esa crisis.  Todo ello desemboca en una crisis social, más grave cuanto más se niega (derrumbe demográfico, aislacionismo personal, debacle del estado de bienestar, etc.)

Los datos nos dicen que cada vez menos gente se casa en España. Y esto, a pesar del incremento de población y de la inyección de los matrimonios internacionales. ¿Cuáles son las causas de este descenso? ¿Son causas culturales, económicas, jurídicas?

Pues el problema es que es un cúmulo de causas que convergen todas contra el matrimonio.

En primer lugar, hay que destacar un tremendo ataque cultural contra la familia, que impregna los medios de comunicación y se impone en los programas políticos, creando un ambiente claramente negativo para la familia y el matrimonio.

En paralelo con esto, e influenciado claramente por esa cultura antimatrimonio, España cuenta con una situación laboral y de vivienda que dificulta enormemente la conciliación y la formación de matrimonios, sobre todo a los jóvenes.

Por último, la legislación remacha esta situación, teniendo un matrimonio deconstruido, convirtiendo al matrimonio en un contrato-basura sin estabilidad ni ventajas legales, y al que se recortan derechos continuamente.

Se está produciendo un trasvase de los matrimonios hacia las parejas de hecho . El número de parejas de hecho se ha triplicado desde el 2001.Han pasado de 563.785 parejas de hecho en el año 2001 a 1.826.850 en 2020. ¿Por qué parece que las parejas optan por unirse en parejas de hecho en vez de casarse? ¿Son las parejas de hecho una mejor opción que los matrimonios?

Aquí hay que volver al tema de las causas culturales (amén de las laborales, …).  El matrimonio se ha devaluado y dificultado como opción vital.  Por ello, se incrementa continuamente el número de los que optan por no comprometerse y el de que lo retrasan.

Yo creo que una parte de estos que lo retrasan, optan por “probar” con parejas de hecho como una especie de pre-matrimonio, al que llegarán si todo marcha bien, especialmente cuando llega algún hijo.   Otra parte que han rechazado el matrimonio por razones ideológicas o prácticas simplemente optan por la pareja de hecho como una alternativa de vida no “estigmatizada” o tan complicada como el matrimonio.

En mi opinión, la pareja de hecho no es una “alternativa” sino algo distinto al matrimonio, aunque algunos las ven como una especie de “matrimonio libre”.  El matrimonio está orientado a la estabilidad, a un proyecto en común con vocación de permanencia, dirigido a formar una familia, donde los hijos suelen ser parte esencial.

Salvada la libertad personal, está claro que para la sociedad el matrimonio es una institución con evidentes valores frente a la provisionalidad esencial de las parejas de hecho.

Los españoles se casan cada vez más tarde: a los 37,3 años de media.  España es, junto con Suecia, el país de la UE27 donde más tarde se casan las parejas. ¿Por qué nos casamos tan tarde? ¿Estos matrimonios tardíos tienen influencia con el menor número de hijos, con el aumento de las roturas, etc.?

Según lo comentado antes, la cultura anticompromiso unida a una visión negativa del matrimonio, concebido como opresivo o como utópico hace que los jóvenes cada vez piensan menos en el matrimonio como proyecto de vida.  Unido al problema laboral y de vivienda, retrasan sus decisiones en este sentido, quedándose con sus padres, viviendo con amigos o constituyendo parejas de hecho de momento.

Evidentemente este retraso lleva por una parte a tener menos hijos (y muchas veces a edades ya altas).  Por otra parte, a mayor edad, es más difícil la conjunción matrimonial, y hace más fácil la decisión de romperlo en las crisis, especialmente si el entorno empuja  a la “solución” del divorcio.

Y además de casarse menos y más tarde, las parejas se divorcian mucho más, por lo que formar una familia se antoja más y más difícil. La ruptura familiar, además de provocar unos datos preocupantes, implica problemas emocionales en los más pequeños. ¿Se ha convertido los divorcios en uno de los principales problemas de las familias españolas?, ¿Cómo se puede reducir la ruptura familiar existente?

Creo que este es uno de los puntos más graves del panorama actual.   Es increíble que un fenómeno tan grave como es la ruptura matrimonial, con la enorme repercusión personal y social que tiene, y más con el nivel que hay en España, no esté en el centro del debate social y político.

En 2019 (2020 por el COVID no es representativo) hubo 166.530 matrimonios y 95.319 rupturas (3 rupturas por cada 5 nuevos matrimonios, un 36% más que en la UE).

Es decir, cada año 277.000 personas (190.638 cónyuges y 86.355 hijos menores o discapacitados) ven romperse su proyecto de vida, amén de otros cientos de miles de hijos mayores, padres y demás familiares, también afectados.   Y este tremendo impacto social se presenta casi como un “derecho” normal, como si no tuviera implicaciones personales, económicas y sociales, como si no fuera algo tremendamente negativo y necesitara acciones.

Las únicas medidas que llegan a debatirse e implantarse son centros para intercambio de niños, medidas para cuando no pagan las pensiones, etc.  Vamos, como si ante los accidentes de tráfico sólo se pusieran más ambulancias.

Y no sólo es increíble el silencio mediático y político ante el mayor problema de las familias y por extensión uno de los mayores de la sociedad, sino que la gente lo acepta acríticamente, como si se tratar de un volcán ante el que no se puede tomar más que medidas paliativas a posteriori.

“el divorcio engendra divorcialidad”:  esta acriticidad hace que se alimente más una mentalidad divorcista, donde el matrimonio es un cuento “Disney” mientras dura y cuando acaba, lo mejor es liquidarlo.

Es necesario un cambio drástico urgente y general, volver a valorar y proteger el matrimonio legal y socialmente, con campañas de promoción, es necesario ayudar a los matrimonios en crisis con apoyo psicológico, con centros de ayuda (como demanda el Consejo de Europa desde hace más de 40 años).  Este cambio debería reflejarse en una política familiar decidida por todas las administraciones, y en un cambio cultural que llegue incluso a que las series no presenten siempre estereotipos negativos del matrimonio.

 Según los datos actuales, se producen casi 100.000 abortos anuales (un aborto cada 5,3 minutos). La magnitud de estos datos indica que el aborto se ha convertido, junto con el cáncer, en una de las principales causas de mortalidad en España. ¿Qué opina de que haya unos 100.000 abortos anuales?

Lo más grave es que va contra el derecho más fundamental: el derecho a la vida. Si no respetamos los derechos de los más débiles, ¿cómo vamos a ser una sociedad humana?

Y este respeto a la vida incluye la ayuda a las mujeres con embarazos imprevistos.  Pueden parecer muy bonitas las campañas por la “libertad de la mujer” pero aparte de falsas, encubren un sórdido aspecto económico:  el negocio del aborto por una parte y el “ahorro” de no tener que ayudar a todas esas madres que no lo serán (sólo hay que ver cómo son más numerosos los abortos en los grupos más débiles, adolescentes e inmigrantes).

El aborto frena la natalidad. En el caso de España el aborto está provocando, entre otras cosas, la disminución del índice de fecundidad. De hecho, si no hubiera abortos el índice de fecundidad estaría alrededor de 1,52 hijos/mujer y, por tanto, más cerca del nivel de reemplazo generacional. Por otra parte, el hecho de que uno de cada cinco embarazos termine en aborto y que desde 1985 casi se hayan alcanzado los 2,6 millones abortos acumulados, evidencian esta pérdida de capital humano.  ¿Qué relevancia cree que puede tener de cara al futuro?

El aborto viene a ser el remache de la debacle demográfica en que estamos:  Ese índice de apenas 1,52 embarazos por mujer, por culpa del aborto se convierten finalmente en sólo 1,18 hijos por mujer, poco más de la mitad de la tasa de reemplazo (2,1).

Es decir, ese drama personal que aplasta a esa mujer muchas veces empujada al aborto, tiene un tremendo impacto social que ya estamos viendo y cuyas consecuencias van a ser todavía más graves en el futuro.

Actualmente hay un proyecto de ley que ha sido aprobado por el Consejo de Ministros que pretende legalizar la eutanasia en España, por la que la Seguridad Social financiará este supuesto derecho, que no deja de ser un atentado a la vida, y está a falta de completar su tramitación parlamentaria. ¿Nos puede indicar cuales son los puntos principales de esta ley?; ¿Qué valoración hace de esta ley?; ¿No sería más razonable la alternativa de una ley nacional de cuidados paliativos?

El aborto empezó como una excepción en ciertos casos extremos para consolidarse luego en el derecho-aborto de la ley de Zapatero, respetada por el gobierno Rajoy.

Una vez consolidado el principio de que la vida humana no es un derecho fundamental, la consecuencia lógica es que se legisle para acabar con otras vidas que no sean tan valiosas o “dignas”.  Como siempre, se empieza por casos más extremos para irse ampliando, como hemos visto en otros países.

De esta forma, se banaliza cada vez más la vida de las personas que pasan/pasamos a ser valiosas sólo mientras sirvamos a los dirigentes sociales.  Las antiguas novelas terroríficas de ciencia ficción van haciéndose realidad, eso sí, en medio de una “sociedad abierta, de derechos, social, diversa, integradora, etc.”, cuanto más epítetos grandilocuentes, peor estamos.

Lo razonable sería hacer una ley de cuidados paliativos, pero sólo si nos preocupamos por el sufrimiento de los enfermos y sus familias.  Como la prioridad es de otro tipo: su agenda ideológica, pues ni caso (además, como con el aborto, eso costaría mucho más).

España es uno de los  países de la Unión Europea que menos ayuda a la familia siendo, además, que las escasas ayudas que proporcionan las administraciones sean de cuantías insuficientes y solo a destinadas a muy pocas familias. ¿Cree que la ausencia de una política de protección de la familia y de fomento de la natalidad es uno de los más acuciantes problemas de la familia española?

No exactamente, sobre los problemas de la familia y la natalidad hemos hablado anteriormente.  Esta ausencia de una política familiar y pronatalidad es consecuencia de esos valores antifamiliares de ciertos grupos de presión que hoy dominan nuestras sociedades.

El problema es que sin estas políticas, que han demostrado en muchos países que mueven significativamente la situación social de las familias,  es muy difícil revertir estas situaciones tan difíciles para que las familias se constituyan, puedan vivir adecuadamente y cumplir sus funciones.

Es más, algunos de estos problemas han nacido de esas políticas antifamiliares implantadas en nuestra sociedad desde hace años.

Por ello, y animaría a todos a defender en primer lugar su familia, a reivindicar y ejercer sus derechos familiares (conciliación, decisión sobre educación de sus hijos, etc.) y luego a decidir su voto en función de la posición política de los partidos en estos temas.