Por tierras de España ¡Estás en Babia! | José Riqueni Barrios

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En esto de la escribanía que refiere rutas en coche por la extensa España, días de atenta, mesurada y prudente conducción de nuestro humilde carruaje, hospedajes en son a nuestro linaje común, yantares y charlas con mil parroquianos, todo comienza por planificar cada nueva ruta e ir rellenando en parte el cuadernillo de viaje que hemos confeccionado de modo artesanal y que se irá completando in situ con un diario, esto es, una vez pongamos en práctica lo antes saboreado e imaginado.

Cabe no dejar atrás y advertir puntualmente de ello a nuestros pacientes lectores que el gozo de viajar acontece y surte todos sus efectos balsámicos en nuestra maltrecha y sufrida alma ya desde los trajines de mirar y remirar mapas, guías, folletos, apuntes y páginas webs de internet al objeto de ir familiarizándonos con el lugar elegido, recopilando información y seleccionar lo importante hasta recogerlo, anotarlo de forma breve.

Es en el discurrir de esas tardes de otoño, al amor del fuego de leña de encina y una copa de coñac, tras los cristales un lejano cielo gris que se oscurece al compás del anochecer, es cuando estamos más receptivos y más dados e elegir la próxima ruta, instantes en los que nos asalta la plena e intensa conciencia de esa pasión que sentimos por nuestra tierra, por sus gentes, paisajes, tradiciones, historia y modos de vida, una paleta de culturas hermanas, una gran familia en un hogar común, la grande España.

Se cuenta que hace ya muchos años, entrado el invierno en tierras extremeñas, cuando la trashumancia era un modo de vida en España, sucedió que uno de aquellos pastores llegados meses antes desde los valles del norte de León, ensimismado, quieto y con la mirada perdida, su barbilla descansando sobre sus curtidas manos, a su vez apoyadas éstas en la curva de su cayado, de algún modo escuchó decir a su amigo y vecino del pueblo de al lado eso de “¡Estás en Babia!”. Lo que le hizo despertar de un sueño que se desplegaba en plena vigilia, al recuerdo de un amor incontrolable por una tierras y familia, una conmoción que lo asaltaba de súbito y que se repetía con la misma intensidad emocional de tarde en tarde, una señal inequívoca del desgarro que supone salir de tu tierra por necesidad, abandonar lo que más amas para poder seguir sobreviviendo.

En una Babia imaginada vivía por unos segundos, quizás durante algún minuto escaso, aquel hombre llegado del frío, pastor trashumante, con su mente sumergida en una de las siete comarcas de los cuatro valles que discurren al norte de León. Por más señas recordando el primer beso de un amor primero en los agostaderos de verano, los pasodobles en la plaza del pueblo, la construcción de un teito o cabaña de su tierra cuando era niño, la ilusión de la lejana juventud…

Pero toda esa fantasía se hacía añicos al despertar y volver al ladrido del perro ovejero, cada uno con su significado, y al concierto de los balidos de las ovejas… era entonces cuando la realidad se le mostraba al desnudo, en su crudeza,  y una vez más le sobrecogía tomar conciencia plena del desengaño que trae la vejez, cuando uno repara en que todo es mentira, en que “el tambor sólo lo toca quien se lo cuelga”, como repetía el bueno de Periche (Carmona)… de modo que para aquel hombre el amor por unos paisajes del ayer y el recuerdo de la niñez, como el amor de siempre a los suyos, era lo más auténtico que atesoraba y día a día, hora hora, procuraba conservalos intactos, tan impolutos como aquellos prados de altura que lo vieron nacer.

De esa naturaleza y no otra eran las cavilaciones que se sucedían sin orden y concierto en la limpia y serena conciencia de un hombre que había pasado de la niñez a la vejez como si del sueño de una noche de verano se tratase, porque esa y no otra es la fugacidad de la vida.

Dejemos atrás la narrativa melancólica y vayamos a lo que aquí nos ocupa, a las rutas en coche con las que descubrir los mil rincones de la bellísima España.

A Babia se accede por la A-66, salida Villablino y se continúa por la CL-623. Babia agrupa dos concejos: Babia de Arriba con capital en Cabrillanes y Babia de Abajo en San Emiliano.

En Babia nacen el Sil (cuenca del Miño) y el Luna (cuenca del Duero). Al N Peña Ubiña (2411m). Valles glaciares se suceden dando forma a las faldas de la cordillera Cantábrica y tapizando sus lomas con pastos trashumantes en los agostaderos de León durante un verano que es visto y no visto, tal como reza en el refranero popular: “El verano en la montaña empieza en Santiago (25 de julio) y termina en Santa Ana (26 de julio)”.

La casa popular babiana presenta las características de la montaña leonesa, como la escalera exterior o patín, la cuadra bajo la vivienda y algunos elementos accesorios como los hornos, en los que cada familia cocía su propio pan, o el hórreo, donde se guardaban la cosecha y la matanza a salvo de humedad y los ratones.

El yosco, chosco o botillo es un embutido a base de carne de huesos, panceta y algún trozo de carne magra para encontrar alegría en el plato cuyo adobo se compone de orégano, guindilla, ajo machacado, pimentón ocal y sal.

Seguidamente transcribimos a estas páginas, en su tenor literal, las anotaciones que figuran en nuestro cuadernillo de viajes:

Babia Baja

Sena de Luna: 1139m. Capital de la comarca de Luna.

Senderismo: “Brañas de Caldas”: Inicio en el balneario de Caldas de Luna. 8,5 km. Dificultad media. 4h. “Cordel de las Merinas”: inicio en Abelgas de Luna. 9 km. 3,5 h.

Villafeliz de Babia: Puerta de entrada a la Babia. Pozos de agua y pozos de nieve.

Alrededores: Ermita de Pruneda.

Villasecino: 1200m. Ermita Ntra. Sra. de Lazado (15 de agosto). Casa solariega de los García-Lorenzana (s.XVII).

Villasecino

Cospedal: Un cuenco natural, “un nido aislado e impoluto”. Tradición del Jueves Santo es pasar la Fuente del Abedul.

Robledo de Babia: 1340m. “El balcón de Babia” (vistas de Babia Alta). De Robledo parten tres rutas: Laguna Las Verdes, a Riolago y a Cospedal y La Majúa. Paseo por el bosque de robles.

Fiestas: Ntra. Sra. del Rosario (primer domingo de octubre).

Huergas: Enclave.

Riolago: 1240m. Al pie de la cordillera que separa Babia de Omaña. Su plaza es Conjunto Histórico Artístico (1995). Casa del Parque (Centro de interpretación de los parques Babia y Luna). Palacio de los quiñones. Casa del Escribano (familia de los “Flórez”).

Alrededores: Lago Tchao (ranas de montaña y tritón).

Leyenda: Un día, el párroco se dirigía a la ermita de San Bartolo y falleció al despeñarse por el camino a la altura de la “Cascada de Fervienza” y desde entonces todo aquel que pasa por allí reza un padre nuestro y hace un nudo en una escoba con las propias ramas de la planta, para así evitar la mala suerte.

San Emiliano: Capital. 14 de agosto, ganado.

La Majúa: La Majúa fue propiedad de los Quirós y en uno de los techos, según cuenta Labordeta, éste leyó: “Después de Dios, los Quirós”.

Pinos: Iglesia de San Pelayo. Pastos vendidos a Mieres.

Candemuela: Aldea de San Emiliano. En Candemuela, al igual que en el resto de la comarca de Babia, se habla el pachuezo,  variante del leonés propia de la región. Iglesia (1725) erigida por un indiano del pueblo llamado Francisco García Álvarez, cuyo escudo de armas indica que fue capitán.

Villargusán: 1260m. Pueblo menos poblado. Vistas de Peña Ubiña (2411m). Ermita Ntra. Sra. de las Nieves (5 de agosto).

Genestosa: Iglesia Virgen del Rosario (primer domingo de octubre). Cara oeste del Ubiña. Fuentes. Casas hechas con caliza roja babiana. Puertos de Triana (1500-1800m). Pastos comunales con vacas y yeguas.

Torrebarrio: Pueblo más grande de la Babia baja con tres barrios. Iglesia de San Claudio (3 de diciembre). Arquitectura tradicional babiana. Punto de salida escalada Peña Ubiña.

Alrededores: Ermita Ntra. Sra. de Pocinero. Cascada de Potro Rebezo.

Ermita de Torrebarrio

Torrestío: 1387m. Potro. Hórreo de tipo asturiano con carro y utensilios de labranza debajo. De Torrestío parten tres rutas: La Majúa (Pie de Peña Orniz), Alto de la farragosa (Lagos de Saliencia) y Camino Real de la Mesa (calzada romana).

Alrededores: Cascada de la Foz. Puerto de la Ventana (1586m), valle glaciar.

 Babia Alta

Cabrillanes: Capital.

San Félix de Arce: Iglesia y arce centenario junto al que se celebraban los concejos abiertos de Babia Alta según la tradición oral. Casona en U, típica de la comarca.

La Riera: Majada de Fonfría.

Torre de Babia: Museo de la trashumancia (3000 piezas. Chozuelo, tienda para pasar la noche). Molinos harineros (“La fábrica de luz”).

Senderismo: “Las Verdes”. Circular 11 km. Desnivel 500m. Dificultad media. 4 horas.

Las Murias: Murias son montones de piedra. Molino harinero a la entrada del pueblo. Hacia el norte encontramos la “Fuente de Michán”, en la ladera de Peña Crespa. “Si mana Michán, año de pan”.

Lago de Babia: Fuero propio (1186), Fernando II. Realengo del Abad de San Isidro de león (no pertenece a ningún señorío). Situado a los pies de Peña Larga. Siguiendo la calle principal se llega hasta la Laguna Grande.

Piedrafita de Babia: Es el principal núcleo de población. Repoblaciones s. IX. El pinar de Monte Carcedo fue plantado por los vecinos en 1912. Merendero y fuente.

Alrededores: Puente de las Palomas. Junto al santuario de Carrasconte se encuentra la Piedra Furada” que sirvió de referencia a Alfonso X El Sabio para fijar los límites de Babia y Luna mediante el documento “Carta Puebla”. La noche del 14 de agosto marcha nocturna a la luz de las antorchas. 15 de agosto romería

Vega de Viejos: Se unen las aguas del Sil con las del río Puerto. Arco de las Ánimas, humilladero (1756): Una tablilla recuerda las almas del Purgatorio y la Santa Compaña. Fuente del pueblo.

Alrededores: Hoces y cañones del Sil. Puente de las Palomas.

La Cueta: 1442m. Es el pueblo más alto de León. Tiene tres barrios: Quejo, Cajabillo y La Cueta (puente). Desde él se llega a las fuentes del Sil.

Senderismo: Peña Ubiña”: De Torrebarrio a Pinos. Travesía de 13,5 km. Desnivel 700m. Dificultad alta. 5,5 horas. Ruta de alta montaña. Cambios meteorológicos bruscos. “Las Fuentes del Sil”: Circular 13,2 km. Desnivel 600m. Dificultad alta. 5 horas.

La Cueta

         Con la emoción y el agradecimiento que ello conlleva, cabe traer a estas páginas a uno de nuestros admirados maestros en el noble arte de patear España y conocer sus gentes, usos, costumbres y tradiciones. Hablamos de José Antonio Labordeta y su inolvidable serie “Un país en la mochila”, serie que visionamos y de la que conservamos su libro con las 29 rutas.

Valga, a modo de homenaje a tan buen hombre, recordar la charla que mantuvo en su día con doña Adelaida, una señora que por aquel entonces contaba con 90 años y se dejó caer frente a la cámara con la letrilla de un romance:

 “Ya se van los pastores a Extremadura,

ya se quedan las montañas tristes y oscuras;

ya vienen los pastores de Extremadura,

ya ponen las babianas la ropa fina”.

Sigue doña Adelaida con el relato del pasado en La Cueta:

“A veces nevaba tanto que durante varios días los vecinos ni nos veíamos, porque no podíamos salir de casa. Los hombres jugaban y se divertían ingenuamente jugando a los filandones. Mujeres y hombres jugábamos al calecho. De esta manera pasábamos las largas veladas del invierno”.

Pachuezo: Un dialecto del leonés occidental, es el habla propia de Babia y Laciana, dos comarcas con apenas variaciones en su vocabulario. Babia limita al norte con el bable asturiano, el omañes de la vecina comarca de Omaña y el pachuezo común con Laciana.

           Traemos aquí algunos proverbios mensuales en pachuezo:

– Mes d’Eneru a l’criecha del brasero a la mitade el chineru.
– Mes d’Febrero, entra el sol en muchu regueru.
– Las pascuas marzales, gripe y’en fermedades.
– El mes d’Abril, aguas mil y manus fora del mandil.
– Mes d’Mayu cun-aguacero, al dexhar el mes d’Abril, el ganado al temperil y’a la braña lal braneru.
– Nel mes de Santiagu, a la braña el guadañu y cuandu chega el fin, segau todu el tapín.
– Si el mes d’Agostu viene secanu, el rigor del veranu.
– El mes de las Nieves, si es locu el paraguas cheves y si es secanu la foz en la manu, seca el manantial manu al mahal.
– Mes d’Octubre, si el Vache se cubre cun-aguacera baxha el pastor y’el brañeru, y, la roupa a secar al braseru.
– Nel mes d’todus lus Santus, blanquéan todus lus altus, y el día de San-Andrés a las partiechas la ves, pur San Martín tenemus un veranín y pur Santa Chucía, un minutu cada día, y noite Buena chuna clara, nel Vache grande xelada.
– Oh; San Silvestre, malas cuentas deshazte y mal cavaste.

Mucho y largo provecho sacaremos a estos estos refranes del lugar. Sin duda los emplearemos como aparente improvisada entrada, léase entremés de inicio en la que será una grata conversación con algún vecino del lugar, ya sea en la plaza del pueblo, en algún camino o en el sitio menos esperado, dado que uno siempre halla la manera de entrar suave primero y de seguido sintonizar con sus iguales, hijos de una misma tierra y luz, hermanos de sangre de un paisanaje siempre bello y tan variado, herederos de una historia y un patrimonio común, parroquianos de idéntico credo y lejanos guerreros defensores de la Cruz.

“Hola, buenos días. Perdone que le interrumpa. Mire es que tengo escrito por aquí, a ver si lo encuentro, sí, aquí está, un refrán o dicho de esta zona: Mes d’Eneru a l’criecha del brasero a la mitade el chineru ¿Eso de mitade el chineru que quiere decir?, no lo entiendo del todo bien. Chinero creo suponer es el chinero, un armario del comedor donde se guarda la loza, la loza de China, los platos y demás… pero eso de mitade…Y ese buen hombre o esa buena señora a buen seguro nos dará una respuesta exacta.

“Ah, vale, ya lo comprendo… ¿es usted de aquí?, ¿qué podemos ver interesante en el pueblo y alrededores?, y comer, ¿dónde se come comida de la zona?, cocina de aquí, la de toda la vida…”.

“Vengan, vengan conmigo, iba para allá, les voy a enseñar la pila bautismal de la iglesia, en ella bautizaron a … y fíjese, llegó a ser…. Son del sur, ¿no?, lo digo por el habla”.

“De la misma Sevilla venimos. Bueno, yo de Triana, porque una cosa es Sevilla y otra bien distinta es Triana”.

“¿De Triana dice que viene?, ¡qué arte!”.

“Ahí llega la furgoneta del pan. Perdonen un momento que le voy a coger dos barras y de seguido nos llegamos a la iglesia”.

“Claro, faltaría más señora, aquí le esperamos”.

De esta guisa, tal que así son nuestros felices encuentros con las mil gentes de la piel de la grande España.

Dejamos atrás una de las zonas con más sabor y autenticidad de España, una red de bellas carretas y paisajes que se nos descubren kilómetro a kilómetro.

Una carretera de Babia

Y llegando el ocaso de este relato, quede lo antes escrito habiendo reparado nuestro espíritu en la honda y natural curiosidad de nuestros pacientes lectores que, poco a poco, relato a relato, van tomando buena nota de nuestro singular proceder en esto de recorrer, en llegando el estío, carreteras de mil pelajes y autovías varias, en esas jornadas de tantas horas de luz, las más propicias para estos menesteres de correcaminos, en las que experimentar el gozo de sentirse uno vivo, más vivo y dichoso que nunca, completo en todo por dentro y por fuera, esto es, viajando.

 

 ANEXO

          Una ruta con la que podemos ampliar nuestra estancia en Babia es aquella que se adentra en Asturias y nos lleva a Teverga, dejando atrás el Puerto de la Ventana (1587m).

Teverga forma parte del Parque Natural de las Ubiñas la Mesa, declarado Reserva de la Biosfera (2012).

Entre otros muchos lugares de interés, cuenta con el Hayedo de Montegrande, uno de los mayores de Asturias, por el que discurre una ruta de senderismo accesible que finaliza en la cascada del Xiblu, el monumento natural de Cueva Huerta y el Puerto de Marabio, Parque de la Prehistoria, unas 18 rutas y sendas como la Senda del Oso, 8 áreas recreativas, escalada…

Teverga es un herbolario al aire libre. A cada paso, cada una en su hábitat propio, encontramos plantas aromáticas a las que una cultura de no años atrás dio mil usos medicinales y curativos: romero, orégano, marrubio, apio, cordelobo, menta silvestre, te silvestre, tila, cirigüeña, ruda, flor de sabugo, cola de caballo (rabo de potro), genciana (xaranzana), llanten, milenrama, manzanilla, malva, diente de león, tomillo…

Las manchas boscosas cubren la más de la mitad del concejo y las especies arbóreas se reparten según la altura. Las  hayas  se encuentran entre los entre los 800 y los 1500 metros. A menor altura aparecen manchas conjuntas de castaños, robles, avellanos y fresnos; en las riberas de los ríos encontramos salgueros, sauces y alisos (humearos en habla local).

Teverga es un espacio natural casi virgen, de ahí que aún vivan en sus bosques osos y urogallos, así como decora su suelo y nos obsequia con decenas de especies florales, un bellísimo jardín silvestre en el que podemos encontrar margaritas, campanillas, nardos, orquídeas, amapolas, narcisos, violetas, lirio azul, ombligo de venus, madreselva, amémonas, trébol, correhuela, flor del cuco, brezo, lilas, milamores, salicaria, paxarinos, cimbalarias, globularios, manteigueiras, espachavaqueiros…

José Riqueni Barrios | Escritor