Recientemente me llegaban los carteles de unas actividades que se iban a realizar en unos centros educativos con motivo de la Navidad. En uno, un concurso de felicitaciones navideñas en el que se ponía como tema de las felicitaciones: “Belén está en Palestina”. El otro, un concurso de decoración navideña del aula: “Navidades del mundo” con el Yule de los Países Bajos, las posadas de Centro América, el Kurisumasu de Japón o el Kwanza de África.
Sinceramente, no se cuál de los dos es peor, si el que se está induciendo a los niños temas políticos de una guerra en la que todos, palestinos e israelíes, están sufriendo, o el otro, el multiculturalismo donde brilla por su ausencia el verdadero sentido cristiano de la Navidad.
Entre medias, en la Junta de las Comunidades Autónomas de Castilla- La Mancha[1], a los políticos se les ha ocurrido la idea de eliminar del calendario escolar del curso que viene la denominación de las vacaciones de Navidad y Semana Santa, por las de “descanso del primer trimestre y segundo trimestre” respectivamente. La verdad, es que ya estaban tardando en hacer este cambio, pues es evidente, que todo lo que huela a católico (y que no casualmente suelen ser la mayoría de las fiestas españolas), les hace chirriar los dientes.
Se va acercando la Navidad y el ambiente se llena de ilusión: luces por todos los rincones, adornos que relucen en los escaparates y las calles, villancicos hasta en los supermercados… Sí, el ambiente es navideño… aunque aún estemos en adviento. Pero, ¿eso qué más da? Lo importante es mantener viva esa ilusión, la fiesta, la alegría, la espera… O eso al menos es lo que siente la mayoría de la población, que lo mismo celebraba hace poco más de un mes la fiesta de los muertos, zombies y brujas en Halloween, que ahora toca esto. El caso, es salir de una y entrar en otra… el caso es llenar el tiempo con diversión.
Pues sí, todo un absurdo en el que el progresismo, que ha quitado a Dios de la esfera pública, relegándolo a lo privado, lo intenta llenar con el materialismo y el consumismo que nos va corroyendo haciéndonos entrar en una espiral sin fin dejándonos cada vez más vacíos ante tanta apariencia hipócrita efímera.
Ahora a todos se les llena la boca de frases y palabras que se repiten hasta la saciedad: la magia de la navidad, el espíritu navideño, paz, armonía, solidaridad… y terminadas estas fechas, nos olvidamos de golpe y porrazo de todos esos sentimentalismos de reconciliación con aquel familiar o compañero que no soportas y que a la primera de cambio vuelves a ignorar o, de generosidad con los pobres en las campañas de alimentos como si sólo tuviesen hambre en Navidad.
Da igual, lo importante es estar a la altura, mantener la ilusión, aunque no se sepa por qué. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que las familias se reunían para rezar y cantar villancicos. Ahora nos toca presenciar unas Navidades vacías de su sentido, donde el amor de Dios, el verdadero que se mostró en la persona de Cristo, ese niño que dio origen a la Navidad, es lo único que realmente tendríamos que tener presente. La Navidad no es un sentimiento, no es una especie de magia, deseos o espíritu, la Navidad es una experiencia diaria de poder vivir con Jesucristo dentro de nuestras vidas. Ahí, en nuestro corazón, es donde cada día deberíamos intentar prepararle un pesebre a este niño Jesús. Siendo nuestra verdadera ilusión constante, sabiendo que, con su amor, sí es posible que haya paz en el mundo, sonrisas y auténtica alegría.
¡Que se haga realidad la promesa de la Navidad en nuestras vidas!
Alicia Beatriz Montes Ferrer | Colaboradora de Enraizados





1 comentario en «Navidad: ilusión ¿de qué? | Alicia Beatriz Montes Ferrer»
Maravilloso artículo. FELICIDADES! Y aprovecho para desearle a todos una FELIZ NAVIDAD! ¡Que todos mantengamos esa ilusión y amor en nuestros corazones!