Las protestas se intensifican contra la reforma educativa. Este domingo alcanzarán un hito con manifestaciones en coche por todo el país.

«No es sólo un lazo naranja o un manifiesto, es la voz de quien se siente pisoteado». La educación concertada y las familias de los alumnos se han puesto en pie para rebelarse contra la Ley Celaá, la reforma educativa que el pasado jueves aprobó el Congreso en una votación que dejó en evidencia que nace con una enorme fractura política entre la izquierda y la derecha y que, además, despierta una fuerte contestación social.

El conflicto va a más. Los detractores de la ley preparan un otoño caliente de movilizaciones y presión en las calles para defenderse de una norma que tachan de «injusta» e «intervencionista», de «atentar contra el pluralismo educativo» y de cercenar la «libertad» de las familias para elegir la educación de sus hijos. Mañana alcanzarán su primer hito con una manifestación coordinada en la mayoría de las provincias españolas. Será en coche, por aquello del coronavirus, pero pretende ser el inicio de una intensificación de las protestas contra una norma que, a juicio de los centros y los padres, «pone en peligro a la educación concertada».PUBLICIDAD

Hasta ahora, las protestas habían sido puntuales frente al Congreso -los jueves- o simbólicamente en los centros escolares, pero ahora buscan visibilizarse de una manera más contundente para hacer oír su enfado.

Aunque el PSOE y Unidas Podemos rechazan que las escuelas concertadas o de educación especial estén en riesgo, los afectados están poniendo el grito en el cielo porque aseguran que la Ley Celaá «sienta las bases para el cierre de colegios».

Todo por dos cuestiones. Una, desaparece de la norma el concepto de «demanda social» que hasta ahora era lo que salvaguardaba en muchos casos la existencia de conciertos y, dos, porque se acuña el concepto del derecho a la «educación pública», cuando en la Constitución no lleva ese apelativo que excluye los otros dos modelos existentes. Con todo ello, explica Luis Martínez-Abarca, director de los colegios del CEU, las administraciones podrán ahora «distribuir a los alumnos en colegios eliminando la voluntad de los padres para elegir el centro educativo de sus hijos».

«Es una locura, es revertir el modelo educativo español», critica. Pues, la primacía de la administración será por rellenar las plazas de la pública en detrimento de la concertada, lo que iría vaciando poco a poco este tipo de centros en un contexto en el que la baja natalidad dibuja un escenario de muchos menos alumnos en el futuro. Habrá más oferta que demanda. Por ello, explica, «la consecuencia será la desaparición paulatina de los colegios concertados» y el final de la capacidad de los padres para elegir dónde deben estudiar sus hijos.PUBLICIDAD

Uno de los centros cuyos padres están siendo más activos en las protestas de Madrid es el colegio Nuestra Señora del Recuerdo, unos 2.500 alumnos. Su director, Juan José Tomillo, denuncia una tramitación de la ley bajo la «nocturnidad de la pandemia» y defiende el derecho de los centros para presentar idearios distintos para que éstos puedan escoger acorde a sus valores.

Protesta de padres del colegio Nuestra Señora del Recuerdo. | E.M.
Protesta de padres del colegio Nuestra Señora del Recuerdo. | E.M.

Este jesuita critica que la ley se ha hecho cargada de «prejuicios» y «falsas imágenes» de quienes conciben la concertada como una «red privilegiada» cuando -recalca- «no hay un sólo colegio que escoja a sus alumnos». Así, critica que la percepción sea que este tipo de colegios no cumplen los requisitos para el libre acceso de alumnos y reclama que la inspección vigile si se ponen trabas para el libre acceso como que si el cobro cuotas no fueran voluntarias y sin discriminación.

«Lo que se tiene que hacer es vigilar si se cumple», afirma, pero no restringir la libertad de los padres para elegir o que la administración se entrometa para derivar a la pública la demanda de la concertada.

En Andújar, Jaén, está el colegio Virgen de la Cabeza, uno de los muchos ejemplos de que la concertada atiende a colectivos más desfavorecidos. En las aulas de este centro de trinitarios hay gitanos, latinoamericanos o magrebíes entre sus casi 300 estudiantes. Su director, José Fontalba, destaca que la educación se usa como «arma política», y que, por eso, «hay un gran desconocimiento de lo que es la concertada», generando «mitos interesados» en contra, como la de que todos son centros elitistas.

En la fachada del colegio hay un contador con las firmas recogidas contra la ley. Los padres están movilizados e «indignados», dice el director. «Donde no hay un problema, lo han creado», y se ha generado una «incertidumbre» que ya les está causando «daño» porque los padres desconocen si sus hijos podrán entrar.

«Hay intencionalidad de cerrar centros», critica, porque mientras haya plazas públicas en una zona «se podrán derivar alumnos a lo público, dejándolos sin a los concertados».

SOS por la educación especial

El otro gran frente polémico de la ‘Ley Celaá’ está en la educación especial porque, denuncian sus críticos, «se quiere vaciar» para llevar a los alumnos en centros ordinarios. Hortensia García, madre de un chico con síndrome de Down, probó justo eso con él para terminar sacándole porque «no podía seguir el ritmo» de sus compañeros. A pesar del «enorme apoyo» recibido por parte del centro. Desde esa experiencia vital, lanza un SOS por un modelo que atienda específicamente las «necesidades afectivas», el «desarrollo de la personalidad» y la «integración de calidad». «Experimentarán con nuestros hijos y aquí no hay marcha atrás», critica, «porque luego es bastante complicado encaminarlo. No es un ordenador que puedas resetear y volver a empezar». Subraya que los niños tienen necesidades afectivas y de atención que sólo se pueden cubrir desde un enfoque concreto. El resultado, explica, es muy positivo. «Mi hijo no sabe escribir o leer pero será un gran jardinero o bailarín». Así, ahonda, tiene vistas a un futuro. «De nada me sirve que esté en tercero de la ESO»; «si llevan a mi hijo a un instituto me lo destrozan».

(Álvaro Carvajal. Diario El Mundo)

Por Redaccion

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