Y, mientras tanto, la familia se derrumba| Mariano Martínez-Aedo

la familia se derrumba

La situación es grave por todo el mundo. EEUU “invade” Venezuela, China y Rusia siguen aumentando su influencia, el orden internacional actual se derrumba, hasta el punto de que hasta se difunden rumores de posibles guerras…

Y en España, la crisis se profundiza día a día, a nivel político, nacional, institucional, etc. El sistema político ve cuestionarse hasta sus últimas consecuencias, no sólo por la descomposición del Estado tanto por la irrelevancia internacional y sobre todo en la UE (lo que supone ser un invitado de piedra ante decisiones que nos condicionan cada vez más profundamente) sino, sobre todo, por la crisis sociocultural que nos golpea cada vez más hondo. Y no me refiero al descrédito del actual sistema político bipartidista, que se difunde sobre todo entre los jóvenes que ven frustrados como se les condena a una sociedad donde son incapaces de prosperar mientras se les extraen cada vez mayores recursos para un estado elefantiásico que genera unas pensiones crecientes, un sistema de salud desbordado por el envejecimiento, la presión inmigratoria, la ineficacia autonómica y el clientelismo más descarnado. Todo ello entreverado por una epidemia de nihilismo relativista que esteriliza las ansias de un cambio real.

Todo esto es gravísimo y digno de profundas preocupaciones y esfuerzos por revertirlo. Pero de forma mucho menos llamativa, y aunque de cuando en cuando se alcen voces y datos que muestran cada vez más claramente sus consecuencias, hay un cáncer profundo que corroe nuestra sociedad y que hace mucho más grave el panorama: es la destrucción de la familia.

En efecto, podríamos disfrutar de un sistema político estable y justo, donde la corrupción y el separatismo fueran elementos marginales y prácticamente inofensivos, podríamos vivir en un mundo más equilibrado que permitiera un desarrollo más justo y una convivencia de las naciones en paz, podríamos incluso tener una sociedad donde jóvenes, adultos y mayores pudieran vivir de forma armoniosa sin esquilmar a unos para que se beneficiaran en demasía los otros, pero, si la familia se desmoronara como lo está haciendo en nuestra sociedad, sería como esas personas de buen aspecto que no aparentan problemas de salud hasta que súbitamente caen y mueren rápidamente.

La familia es el núcleo de la sociedad y es el ámbito de desarrollo natural y saludable de las personas. Si no es así, la sociedad y las personas están terriblemente enfermas, aunque parezca que todo va bien.
Y si muchas otras cosas van mal, pueden apantallar esta terrible gangrena que nos destroza por dentro.

En definitiva, hay muchos problemas y muy graves en España y en el mundo. Todos estamos de acuerdo en que hay que combatirlos y luchar para solucionarlos, pero sería irresponsable olvidarse del problema fundamental de la familia. Es necesario que ninguna otra urgencia nos ciegue. Es realmente vital cambiar esta deriva antifamiliar, producida por muchísimas causas, combatiéndolas todas.

No podemos esperar más, como el símil del cáncer. Cuanto más tiempo pasemos sin tratarlo peor serán sus consecuencias, y más difícil, largo y doloroso su cura y más sufrimiento humano y social.

Por ello, recuerdo, la familia es una emergencia que ningún otro problema debe hacer olvidar.
¡Es urgente y necesario afrontarlo!

Mariano Martínez-Aedo es Presidente del Instituto de Política Familiar (IPF)

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1 comentario en «Y, mientras tanto, la familia se derrumba| Mariano Martínez-Aedo»

  1. Creo que todo va unido y que si fueramos una sociedad justa y equilibrada, pacífica y solidaria, sería porque la familia está considerada y puesta en valor, como el bien precioso que es.
    Nacer, crecer y desarrollarse en un ambiente familiar sano, con padre, madre, hermanos y familia extensa, con sus imperfecciones pero en un marco seguro, estable y fuerte, las personas formarían sociedades mucho más sanas y esos problemas, que siempre existirán, serían marginales.

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