España ha perdido casi 200 grandes empresas en dos meses

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De ellas dependen el 40,8% de los asalariados del sector privado. Además, esas compañías ejercen un efecto arrastre que tira de otras muchas pymes. Por eso, que España haya perdido casi 200 grandes empresas en solo dos meses es una mala noticia. La inmensa mayoría de ellas no han desaparecido como empresas, sino que han dejado de ser grandes, se han empequeñecido. Sus plantillas se han adelgazado aceleradamente y han bajado de peldaño. Dejan de jugar en la liga empresarial de los grandes y han pasado al grupo de los medianos.

Esto conlleva una destrucción de empleo. Ese empequeñecimiento del tejido productivo viene derivado de una fuerte pérdida de mano de obra en empresas que hasta hace unas semanas eran de gran tamaño. Y, a su vez, han perdido tamaño porque han reducido su actividad, lo que repercute de lleno en miles de pymes que suministran o prestan servicios a esas compañías.

En apenas dos meses, la crisis del coronavirus se ha llevado por delante en España a más de 90.000 empresas con asalariados. Los más golpeados han sido los pequeños negocios. Pero el empleo destruido entre las medianas y grandes ha sido también muy abultado. En el caso de las grandes, como se ha apuntado, no tanto porque hayan desaparecido esas empresas sino porque han menguado. Y, al pesar mucho en el mercado laboral, es muy elevado su impacto en términos de empleo.

La pérdida de grandes empresas también va a afectar a miles de pymes que trabajan para ellas

El 29 de febrero, España tenía 189 grandes empresas más que el 30 de abril. Y, en este tiempo, 163.000 asalariados han dejado de trabajar en este tipo de compañías: en unos casos, porque han perdido el empleo; en otros, porque lo han conservado, pero sus empresas han dejado de ser grandes y han pasado a ser medianas.

Se mire como se mire, una mala noticia para la economía española, sobre todo teniendo en cuenta que «una de sus debilidades ya era el peso excesivamente elevado de las pymes en el conjunto del tejido productivo, y el escaso peso de las grandes empresas, algo que contrasta especialmente con la realidad que se da en otras economías de países competidores como Alemania Francia», explica el economista Juan de Lucio, profesor de la Universidad de Alcalá. Dicho de otra forma: antes del coronavirus, España ya tenía menos grandes empresas de las deseables; y el Covid ha agravado esa debilidad con preocupante rapidez.

Competitividad

El tamaño importa para competir en el mercado y en el rendimiento en términos de empleo y renta. «Las grandes empresas son fundamentales porque son más competitivas, tienen una capacidad de movilizar actividad económica en un porcentaje mucho mayor, tienen más capacidad de financiación, mayor solidez laboral, ofrecen mejores expectativas en capital humano y carrera profesional, mayores salarios, más planificación a largo plazo, mayor capacidad inversora, de desarrollo de I+D, de innovación…», explica Juan de Lucio. Este experto ve otro problema añadido. Esas grandes empresas, al haber menguado, también van a dar menos trabajo a pymes que hasta ahora les suministraban productos o servicios. «Muchas de las compañías de mayor tamaño, al tener ahora recursos ociosos, pueden aprovecharlos para realizar por sus propios medios procesos que antes subcontrataban a miles de pymes o autónomos», indica.

Lo que se está observando en estos primeros meses de crisis del coronavirus es que, en España, «empresas que estaban en el grupo de los grandes han descendido, pero ninguna de las que estaban abajo han subido», apunta De Lucio. Eso sin contar las más de 90.000 pymes que han desaparecido.

Récord truncado

Por primera vez, España se disponía a superar la barrera de las 5.000 grandes empresas, una cifra desconocida hasta el momento. Todo ello después de haber conseguido sumar 1.200 compañías en seis años. Pero esa tendencia se ha truncado bruscamente con el coronavirus. De las 4.960 grandes empresas que llegó a haber en febrero, se ha pasado a las 4.771 con que acabó abril.

Esto va a tener también un impacto directo en las arcas públicas, en un momento especialmente crítico para el déficit y la deuda pública. «La cuenta de resultados de esas compañías se ve afectada de lleno, con lo que la recaudación tributaria va a caer. La aportación de las grandes empresas a las cuentas públicas va a disminuir claramente», indica Juan de Lucio.

(Roberto Pérez. Diario ABC)