Poco antes del 4-M trasciende que dos escoltas de Podemos participaron en la violencia contra Vox en Vallecas.

El pasado 7 de abril Vox acudió a Vallecas para dar un mitin: la extrema izquierda anunció un boicot que finalmente se tradujo en violentos incidentes en los que resultaron heridos 21 agentes y varios militantes de la formación, golpeados con adoquines, piedras y botellas.

Pese a la elocuencia de las imágenes, desde la izquierda y sus altavoces mediáticos se trasladó la idea de que la culpa no fue de los energúmenos que sabotearon el acto empleando la violencia para ello sino de Vox y sus «provocaciones». El partido, mientras, denunció la situación de indefensión que vivió aquella tarde de la que responsabilizó directamente a Sánchez y a Marlaska. Sólo 18 pasos, dijo Abascal, separaban a los militantes del partido de los individuos que acudieron a reventarlo.

Lejos de condenar los hechos, el líder de Podemos señaló a Vox como el culpable de lo ocurrido e incluso envió sus «felicitaciones» a los que demostraron que el barrio de Vallecas «no acepta el fascismo». Pocos días después, llegó la noticia de las primeras detenciones por las agresiones a los agentes: izquierdistas, algunos menores, de los que no trascendió más detalle hasta ahora.

Entre tanto, en estas dos semanas, tanto desde Podemos como desde el PSOE se comenzó a fabricar el mensaje contrario: quienes eran objeto de violencia en campaña eran los candidatos de la izquierda y se señaló por ello a la «ultraderecha», es decir, a la formación de Abascal. Primero, Pablo Iglesias denunció el envío de una carta con balas que también habrían recibido el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y la directora de la Guardia Civil. Después, llegó la carta de Reyes Maroto con una navaja en su interior que ella misma exhibió ante los medios con una fotografía ampliada. Todos ellos señalaron a la «crispación» en campaña cuando no a Vox directamente de lo que estaba ocurriendo con Adriana Lastra exclamando «no pasarán» como momento culminante. Poco después se conoció que el autor de la carta a Maroto era un hombre esquizofrénico residente en El Escorial que incluso había firmado la misiva.

De entre todos fue Pablo Iglesias el que más agitó la polémica, primero con la espantada del debate de la SER y luego con las alusiones a lo ocurrido en cada mitin, pese a que hace dos años decía que no había que «lloriquear» ante las amenazas para no dar más protagonismo a quienes las envían. Ahora se conoce que la violencia que se vio el pasado día 7 y que él sigue sin condenar fue en realidad protagonizada e instigada por dos de los miembros de su equipo.

(Libertad Digital)

Por Redaccion

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