La venganza del Ejecutivo contra el Valle de los Caídos no se detiene. La obsesión revanchista del Gobierno de Pedro Sánchez con el Valle de los Caídos ha dado un paso más con el destierro del Padre Santiago Cantera, una figura emblemática por su valentía, firmeza y coherencia.
El acuerdo entre la jerarquía de la Iglesia y el Gobierno no ha sido un simple trámite diplomático: El 21 de marzo, el padre Santiago Cantera fue cesado oficialmente como prior del Valle, y ahora, según ha trascendido, ha abandonado la abadía para trasladarse a un monasterio no identificado. Aunque no se ha confirmado si esta salida es definitiva, todo apunta a que forma parte de un plan diseñado desde Moncloa para silenciar las voces incómodas.
Desde hace tiempo, circulaban informaciones sobre la presión del Ejecutivo para apartar a Cantera, considerado por Félix Bolaños como «inconcebible» por ser un «nostálgico del franquismo». Estas palabras revelan el odio visceral de la izquierda al catolicismo y a todo lo que represente la memoria histórica no manipulada.
El padre Cantera ha demostrado una vez más su obediencia, lealtad y disposición al sacrificio por el bien de la comunidad: “dar un paso a un lado” si con ello se garantizaba la permanencia de los benedictinos en el Valle. Así lo expresó en repetidas ocasiones, mostrando una altura moral y espiritual muy superior a quienes desde el poder actúan con rencor y revanchismo.
Es evidente que este destierro no saciará el apetito ideológico y sectario del Ejecutivo. El objetivo final es claro: expulsar a toda la comunidad benedictina y eliminar cualquier vestigio de fe y tradición en el Valle de los Caídos. La monumental Cruz también está en el punto de mira. Cada concesión eclesiástica no calma las ansias del Gobierno, sino que las alimenta. Y ya se han dado cuenta que la jerarquía está dispuesta a ceder
La reacción entre los católicos ha sido de profundo malestar. Esta nueva cesión ha agudizado la desafección creciente hacia una parte de la jerarquía eclesiástica que, lejos de actuar como escudo espiritual frente a los ataques del laicismo socialista, parece optar por el silencio o la colaboración. Cada vez que se conocen nuevos detalles de esta claudicación, más fieles se sienten abandonados.
Lo sucedido con el Padre Cantera es más que un caso particular: es un síntoma del sometimiento progresivo de las instituciones religiosas a la dictadura de lo políticamente correcto.
La pregunta no es si vendrán nuevos ataques, sino cuándo. La historia reciente demuestra que las cesiones nunca detienen a los totalitarios; los alientan. La estrategia del Gobierno es clara: presentar su agenda de persecución religiosa como actos de «modernización» o «resignificación», y envolverlos en el lenguaje democrático para disfrazar lo que en realidad es una demolición religiosa.
El caso del Padre Santiago Cantera no debe verse como un hecho aislado, sino como un paso más en la hoja de ruta de un Gobierno decidido a erradicar la fe del espacio público y someter cualquier oposición a su dogma ideológico. Y lo más grave: con la complicidad de una jerarquía eclesiástica que, en lugar de resistir, prefiere complacer. El destierro del padre Cantera no es el fin. Es solo el comienzo.
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1 comentario en «El destierro del Padre Cantera del Valle de los Caídos: nueva claudicación ante el Gobierno de Sánchez»