El PP da por imposible un adelanto electoral y explotará la “agonía judicial” del sanchismo
El asalto judicial a Ferraz y la caída del sanchismo
Estamos asistiendo a unas de las más intensas, agónicas y oscuras jornadas en la historia de la democracia española. A primera hora del miércoles, varios agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) entraron en la sede central del PSOE en Ferraz para requerir diversa documentación y archivos electrónicos vinculados a las ‘cloacas’ del PSOE, la trama dirigida a desestabilizar los procedimientos judiciales que afectan al Ejecutivo enmarcado en el ‘caso SEPI’. Un escándalo de proporciones mafiosas que llega inmediatamente después de que la Audiencia Nacional imputara al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el foco mediático por, presuntamente, ser el epicentro de una trama transnacional de tráfico de influencias y corrupción que va más allá de nuestras fronteras.
Dos sacudidas brutales en menos de una semana que, en cualquier nación con un mínimo de dignidad institucional y una oposición con sangre en las venas, habrían provocado el colapso inmediato del Gobierno. Sin embargo, Pedro Sánchez no tiene intención de convocar elecciones. Es lo que he hecho. Aferrarse al poder. Es lo propio de los tiranos.
Lo verdaderamente intolerable, lo que repugna a millones de ciudadanos, es constatar una vez más que el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo ha decidido convertirse en el principal balón de oxígeno de esta tiranía. Ante el mayor fango de corrupción de nuestra historia, el PP ha optado por la rendición preventiva, la cobardía de salón y una complicidad pasiva que da asco. Han decidido cruzarse de brazos, renunciar a dar la batalla y esperar cómodamente en sus poltronas de Génova mientras el país se desmorona.
La vergonzosa rendición del PP ante los socios separatistas
La dirección de Alberto Núñez Feijóo, atrapada en la vacilación, cobardía y el temor, se niega a dar el paso de presentar una moción de censura. En su lugar, el PP sigue esperando un imposible gesto de dignidad por parte del PNV o de Junts; un respaldo que los separatistas no otorgarán hasta que sus cálculos de interés demuestren que ganan más con la derecha que sosteniendo al PSOE Lo que demuestra, la cruda realidad es que el PP no es oposición; es una gestoría del sistema que vive feliz en la comodidad del banquillo. Y Pedro Sánchez, que de amoralidad sabe un rato, tiene claro que sus socios prefieren sus chantajes millonarios antes que un cambio político, y seguirá comprando sus votos con el dinero de todos los españoles.
El reciente amago de moción de censura fue un teatro bochornoso. Los estrategas del PP, asustados ante la posibilidad de tener que plantear un pulso real, se tragaron los faroles de Aitor Esteban y los independentistas catalanes. La iniciativa, por supuesto, murió miserablemente en la orilla porque el PP carece del coraje necesario para forzar las contradicciones de los separatistas.
La respuesta de Feijóo ante este nuevo desprecio internacional no ha sido la ofensiva total, sino el desistimiento cobarde. El PP ya asume con total sumisión que no presentará nada, y justifica su vagancia y complicidad política con una estrategia miserable: “explotar la agonía judicial del sanchismo” hasta las elecciones generales del 2027. Es decir, el PP renuncia formalmente a salvar a España hoy para especular con los votos del mañana. Prefieren dejar al país secuestrado por una organización cercada por la UCO y la UDEF antes que arriesgar sus sueldos públicos y sus cómodos escaños en una batalla parlamentaria a pecho descubierto.
La estrategia del avestruz: ver pasar el cadáver mientras España se desangra
Con la imputación y declaración del expresidente Zapatero, la sentencia del ‘caso Koldo’, los registros policiales en Ferraz y el desfile diario por los banquillos de Begoña Gómez y David Sánchez, el PP demuestra un cinismo repugnante. Consideran que la podredumbre del Gobierno trabaja sola y que ellos solo tienen que sentarse a recoger los frutos en las encuestas sin despeinarse el flequillo.
“Lo hemos intentado”, balbucean desde el PP con una mediocridad que asusta, buscando la compasión del electorado. “El PNV y Junts saben que estamos dispuestos si dan los números”. Lo que “no vamos a hacer”, añaden con una soberbia que solo oculta su pánico, “es presentarla para perderla y darle oxígeno a Sánchez”.
Esta frase delata su cobardía: prefieren no hacer nada a arriesgarse a perder. Un partido que teme presentar una moción de censura por el resultado numérico, ignorando el valor moral, ético y pedagógico de retratar a los cómplices de Sánchez, no merece llamarse oposición. No quieren activar la justicia con querellas criminales de verdad, no quieren pisar los tribunales como acusación popular implacable, y les da pavor convocar al pueblo español a una movilización masiva y permanente en las calles. Son unos cobardes con chófer oficial que han decidido que la Moncloa no vale el esfuerzo de pelear. Son cómplices y parte del sistema.
El sermón de Feijóo: la patética impotencia del líder que solo sabe rezar
Alberto Núñez Feijóo volvió a dar muestras de su alarmante irrelevancia política este miércoles al implorar, de rodillas y por enésima vez, que Pedro Sánchez convoque elecciones ante una situación que él mismo calificó de «agónica» y «patética». ¡Como si fuera a ganarlas!. Es un espectáculo lamentable: la oposición española pidiendo elecciones, mientras el sanchismo coloniza el Estado y los medios de comunicación, retuerce el censo, destruye la separación de poderes y la justicia … y se mofa de la debilidad del PP.
Feijóo insistió ante los periodistas en que vivimos una situación de «extrema gravedad», lanzando preguntas retóricas al aire: «¿cuántas redadas más, mordidas y sumarios debemos conocer para que el presidente dé la palabra a los españoles en las urnas?». La respuesta, señor Feijóo, es que a Sánchez le importan un bledo sus preguntas. Lo único que detiene a un tirano es una oposición firme, valiente y dispuesta a todo, justo lo contrario de lo que ofrece el PP. El PP insiste en su hoja de ruta: la inacción, el silencio y la complicidad. Alberto Núñez Feijóo y su cúpula son los verdaderos guardianes del sanchismo.
Su cobardía al negarse a liderar una resistencia real en el Parlamento y en las calles es el auténtico seguro de vida de un Gobierno podrido que se sabe impune ante una oposición de cartón piedra.
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