EJEMPLARIDAD, la mejor defensa de la familia | Ramón Ubillos

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Frente a tantos ataques que la institución familiar, (léase familia tradicional) esta sufriendo en las últimas décadas, muchas veces nos sentimos movidos a presentar una defensa que se activa como reacción al ataque recibido.

Y aunque no estoy en contra de ninguna de esas iniciativas, reflexionando sobre el tema, pensé que, tal vez, deberíamos de presentar una mejor defensa de la familia mirando hacía nuestra propia realidad.

Es incontestable el argumento de la presentación pública y contante de familias donde reina el amor, donde se manifiesta el respeto mutuo, la necesidad de convivencia, la fidelidad y el servicio mutuo entre cónyuges, padres-hijos, entre hermanos, entre abuelos y nietos, entre suegros y yernos y nueras. Donde los recursos económicos son compartidos, los conocimientos y la sabiduría son trasmitidas de generación en generación. Donde existe un sentimiento de permanencia y por lo tanto se defienden unos a otros ante amenazas externas. Donde uno encuentra un lugar de refugio y se siente protegido. Donde uno puede expresar con libertad sus pensamientos sin ser por ello menospreciado.

Este tipo de familia es el mejor argumento frente aquellos que argumentan el anacronismo y por lo tanto lo caduco y trasnochado de aquellos que no solo defendemos a la familia, sino que, además, disfrutamos de ella.

Por tanto, animémonos y busquemos con todo ahínco edificar en nuestros hogares un ambiente de armonía que evite que tengamos que experimentar ninguno de los azotes que vemos en tantos núcleos familiares que han rebajado sus expectativas y, en consecuencia, su grado de satisfacción ha sido reducida y en ocasiones truncada en una vida insoportable.

Cuando oigo decir frases como “esto ocurre hasta en las mejores familias”, no me queda otra cosa que replicar diciendo “en las mejores, no”. Si sembramos adecuadamente del amor de Dios, buscamos su presencia y corregimos tempranamente cualquier atisbo de degeneración, podremos experimentar de forma satisfactoria las relaciones familiares que Dios mismo diseñó para nuestro disfrute.

Despertemos a celos, produciendo hasta incluso envidia en aquellos que nos quieren vender otro tipo de realidad y mostremos sin ningún tipo de vergüenza la realidad de una vida satisfactoria, acallando cualquier argumento contrario con el peso de las evidencias vividas frente al sistema ideologizado que nos quieren imponer para que participemos que su infelicidad.

Ramón Ubillos | Pastor Evangélico