¿División artificial entre el presidente vasco y Aitor Esteban por Sánchez?

Choque interno entre los nacionalistas vascos por la debilidad política de Sánchez. La disyuntiva que se le plantea al PNV, aparecer en la ‘foto finish’ del cambio de Gobierno del PP-Vox – con todo lo que conlleva- o satisfacer al empresariado vasco que sigue llenándose los bolsillos a costa del erario público nacional- ya saben que al PNV le llaman coloquialmente el Partido de los negocios vascos-..

El PNV es un polvorín, o al menos eso es lo que pretenden vender de cara a la galería en una maniobra de distracción tan vieja como el propio nacionalismo de Sabino Arana. La historia del PNV, en realidad, se escribe entre fricciones calculadas de las principales instituciones de gobierno. Porque los intereses de la Lehendakaritza no siempre están alineados de forma matemática con las directrices de Sabin Etxea y del Euzkadi Buru Batzar. Sin embargo, no nos llamemos a engaño: parece que estamos ante una división puramente artificial, un teatro coreografiado para consumo de su electorado tradicional mientras la maquinaria del negocio de la burguesía vasca sigue perfectamente engrasada gracias a las prebendas de Sánchez.

El teatro de la incomodidad de Pradales ante la podredumbre de Moncloa

Estos días se está viviendo un nuevo desencuentro en las mismas entrañas peneuvistas, aunque con dos nuevos protagonistas en el reparto de la obra, señala el periodista Gonzalo Araluce en Voz Populi . Por un lado, el presidente vasco Imanol Pradales, al frente del gobierno regional desde mediados de 2024. Los apoyos del PSOE fueron una pieza clave e imprescindible en su nombramiento, pero es evidente la incomodidad impostada con la que afronta los últimos y vergonzosos escándalos de corrupción que rodean a los socialistas, especialmente en el ámbito judicial, donde ministros, secretarias e hijas de expresidentes desfilan por los tribunales.

Una incomodidad que no solo se sustenta en el barro de los juzgados de la Audiencia Nacional. La figura de Pradales se presenta como la del tradicional dirigente vasco de derechas, católico y ferviente defensor del orden económico liberal. Por eso el coqueteo —o mejor dicho, la humillante dependencia— de Pedro Sánchez con formaciones escoradas hacia la extrema izquierda más radical, léase los proetarras de EH Bildu, otros nacionalismos insaciables o el comunismo bolivariano a nivel nacional, se traduce en un creciente atragantamiento de Pradales. ¿Cómo explicar al empresariado vasco tradicional que el PNV sostiene en Madrid las mismas políticas fiscales y sociales que colisionan de forma tan directa contra sus propios intereses? La respuesta es tan cínica como real: se lo explican enseñándoles las cuentas de resultados de los contratos públicos.

Aitor Esteban y el cordón sanitario a Génova que ata al PNV al sanchismo

En la orilla opuesta de este supuesto cisma interno se encuentra Aitor Esteban, actual presidente del Euzkadi Buru Batzar. No podría decirse que su relación con Pedro Sánchez sea brillante ni basada en una profunda admiración mutua, pero a ambos líderes les une un pegamento político indestructible: su visceral rechazo al Partido Popular y a Alberto Núñez Feijóo. Breado en largos años de fontanería parlamentaria en el Congreso de los Diputados, es de sobra conocida en las Cortes la animadversión que Esteban mantiene hacia todo lo que huela a la calle Génova. Algo que va mucho más allá de lo puramente ideológico y que algunos denominan una clara falta de sintonía personal, por no utilizar términos mucho más duros y realistas que rozan el sectarismo político.

Con Alberto Núñez Feijóo el distanciamiento es aún mayor y las heridas políticas siguen supurando de forma evidente. Desde el 23 de julio de 2023 podría decirse que las relaciones institucionales entre ambas formaciones están del todo rotas y sepultadas. Desde entonces no existe ninguna cercanía ni simpatía, no hay ningún canal de comunicación abierto entre ambas partes —a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con los prófugos de Junts—. Esta cerrazón parlamentaria convierte al PNV en un rehén voluntario de un Gobierno central cercado por la Guardia Civil.

La falsa brecha de los principios contra el dinero del empresariado vasco

Es aquí donde se llega a la brecha que hoy divide, supuestamente, al PNV. Imanol Pradales parece decantarse de puertas para afuera por propiciar un adelanto electoral y hacer caer ya al Gobierno agónico de Pedro Sánchez, tal y como apuntan fuentes políticas próximas al lehendakari. Pretende aparentar que actúa por sus propios principios políticos y para no defraudar al empresariado vasco que tan bien conoce de su etapa en la Diputación de Vizcaya. Además, porque su relación personal con Feijóo dista mucho de la hostilidad que puedan exhibir Esteban u otros sectores hiperideologizados del aparato del partido.

En las últimas semanas, tras los violentos terremotos judiciales que han sacudido la estabilidad del Gobierno y del entorno familiar más próximo a Pedro Sánchez, se han debatido diversas fórmulas en el Congreso de los Diputados para evidenciar la extrema fragilidad política del presidente del Gobierno. O, incluso, para forzar de una vez por todas su salida a través de una moción de censura constitucional. Pradales quiere hacer creer que está por la labor de empujar al PNV a esta meta para salvar la dignidad de las instituciones vascas, pero la cruda realidad económica desmiente este amago de valentía.

El PNV no apoyará una moción de censura mientras el negocio continúe

El PNV tiene, una vez más, un papel decisivo en una eventual caída parlamentaria de Pedro Sánchez. Sus cinco votos en la Cámara Baja son esenciales para sostener la mayoría Frankenstein que respalda al Gobierno en el Congreso. El PNV está lejísimos de apoyar una moción de censura real que incluya al Partido Popular. Las tímidas discrepancias que airean son fuegos de artificio. ¿Cómo afrontará el futuro debate de los Presupuestos Generales del Estado? ¿Qué posición asumirá en iniciativas clave del Ejecutivo? La respuesta siempre es la misma: pactando partidas presupuestarias millonarias y transferencias de competencias exclusivas a espaldas del resto de los españoles.

Sánchez ha dado sobradas muestras de gobernar de espaldas al poder legislativo —vetando incluso con soberbia la moción del PP para pedir elecciones inmediatas—, pero perder el apoyo directo del PNV, que se sumaría al ya sabido y volátil respaldo de Junts, dejaría al PSOE en una minoría parlamentaria insostenible. Imanol Pradales juguetea con esta opción ante los medios: propiciar ya la caída de Pedro Sánchez y abrir las puertas a un nuevo escenario electoral. Sin embargo, el empresariado vasco que orbita alrededor del PNV sigue ganando ingentes cantidades de dinero gracias a las contratas, los fondos europeos gestionados por Moncloa y el trato de favor que reciben sus sectores industriales estratégicos. Hasta que ese grifo financiero no se cierre por completo, los votos del PNV seguirán rescatando al presidente socialista de cualquier apuro parlamentario.

El pánico al sorpaso de Bildu como único motor real del nacionalismo

El lehendakari, no obstante, tiene enfrente al verdadero aparato político del PNV, con la vieja guardia de Aitor Esteban a la cabeza de la estrategia de resistencia. Los nacionalistas vascos miden las consecuencias de sus actos únicamente en términos municipalistas, regionales y de conservación de sus cuotas de poder funcionarial. Sienten en la nuca el frío aliento de los proetarras de EH Bildu, una alternativa política crecida en las urnas que socava sus cimientos más profundos y que ha sido blanqueada precisamente por el propio Pedro Sánchez. Hasta ahora, durante toda su historia democrática, el PNV no había tenido este angustioso problema de competencia en su propio feudo: saben perfectamente que un solo movimiento en falso en Madrid abriría de par en par las puertas al sorpaso definitivo de los proetarras.

Caer por detrás de EH Bildu en unos próximos comicios autonómicos o generales no supondría únicamente un duro traspié político o un golpe a su orgullo histórico; el PNV también perdería de forma inmediata el control absoluto de las diputaciones, de los ayuntamientos y, por tanto, de las tupidas estructuras de control municipal, tan cruciales en una región clientelar como el País Vasco. Además, y esto es lo verdaderamente alarmante para sus dirigentes, propiciaría una fuga masiva de agua en una de las principales fuentes de financiación del partido, sustentada sobre la base de la financiación pública y de los multimillonarios recursos indirectos asociados al poder de las instituciones vascas. El PNV solo dejará caer a Sánchez el día en que calcule que mantenerlo en el poder les cuesta más votos de los que el dinero del Gobierno les permite comprar.

La foto finish con Vox: la excusa perfecta para ocultar la complicidad

El Euzkadi Buru Batzar es plenamente consciente de esta mortal amenaza electoral. Es por eso que sus estrategas rechazan de plano salir en la foto finish de la caída de Pedro Sánchez si esa fotografía implica que Alberto Núñez Feijóo —inevitablemente de la mano de los votos de Vox— lidere el cambio de Gobierno en España. Una escena parlamentaria que entre los sectores estebanistas provoca una mezcla de profunda urticaria política, por ver favorecidos los intereses históricos de la derecha nacional, y de absoluto pavor, por las devastadoras consecuencias que pueda tener en el electorado vasco más radicalizado, que huiría despavorido en beneficio de las listas de EH Bildu.

Por lo tanto, la supuesta brecha interna entre Pradales y Esteban es un burdo montaje, una división artificial diseñada exclusivamente de cara a su electorado de orden para hacerles creer que el PNV es crítico con los desmanes totalitarios de la izquierda. Mientras las investigaciones judiciales cercan al socialismo y revelan que los casos conocidos hasta ahora son meras minucias en comparación con la macro trama de corrupción sistémica que está por estallar, el PNV prefiere mirar hacia otro lado. El bolsillo de los empresarios afines y el terror a perder las poltronas municipales frente a los herederos de Batasuna pesan muchísimo más en la balanza peneuvista que la regeneración democrática, la dignidad de España o la limpieza de sus instituciones de gobierno. El PNV seguirá siendo el respirador artificial de un Pedro Sánchez acorralado por la justicia penal, y solo desenchufarán la máquina cuando su propio negocio empiece a quebrar.


TAGS: PNV, Sánchez, Corrupción, Negocio, Pradales, Esteban, Bildu

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