¿Dónde y cuándo es mejor estar en un apagón?: ¿Campo o ciudad? ¿Verano o invierno?

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Cada vez es mayor la información que tenemos respecto a la posibilidad de un apagón sobre todo después de las alarmas de Austria y Alemania, pasando por la opinión de expertos, e incluso las eléctricas españolas. Pero hay otro elemento a tener en cuenta: dónde nos encontramos y cuándo se produce el corte del suministro de energía. ¿Campo o ciudad? ¿Invierno o verano?
Mejor el campo que la ciudad

En la alternativa entre el campo y la ciudad, las posibilidades de no pasarlo tan mal se inclinan mejor por el campo. Vivir en el campo permite usar generadores sin temor a los humos que generan. También permite guardar gas en depósitos y asegurarse la calefacción y el uso de la cocina. Recurrir a leña o carbón también es una estrategia posible, sobre todo para cocinar.

En un entorno rural también es más fácil manejarse sin dinero. Si los cajeros caen y no hay posibilidad de pagar con tarjeta, el efectivo resulta fundamental y obtener un crédito del comercio local en el campo debería ser más sencillo. Almacenar agua potable o tener un acceso a ella, también es más sencillo fuera de las ciudades. En cuanto a factores como la arquitectura, las casas de campo suelen tener muros amplios que ofrecen aislamiento térmico muy efectivo y nos protegen de los extremos.

En esta comparativa hablamos de ciudades con climas extremos: mucho frío en invierno y altas temperaturas en verano.  El invierno tiene claras desventajas: calefacción, menos horas de luz natural, pasamos más tiempo en el hogar. Todo ello requiere un alto consumo de energía. Por otro lado, en el invierno es más fácil conservar los alimentos, aunque sea en la ventana o en la terraza, lo que evita el consumo de la nevera (uno de los electrodomésticos que más consume). Durante el invierno las condiciones meteorológicas pueden aislar zonas enteras de una ciudad o de un pueblo y dificultar el acceso a hospitales, tiendas y otros recursos. Otro problema es el tema del suministro de agua: con el frío las tuberías pueden congelarse, lo que hará más difícil aún recuperar el correcto funcionamiento de las mismas cuando vuelva la energía. También es muy complejo a menos que vivamos en una casa, calefaccionar el hogar. Por ello, ante la eventualidad de una caída de electricidad en invierno, se aconseja aislar la casa con mantas o cinta para impedir que entren corrientes.