Cesión a Marruecos contra los productos nacionales: El etiquetado marroquí del Sáhara ya cuenta con aval oficial de Bruselas, una decisión que burla al Tribunal de Justicia de la UE y asesta un golpe directo al campo español.
Bruselas consuma la sumisión política
La Unión Europea ya permite etiquetar como marroquíes tomates, melones y otros productos cultivados en el Sáhara Occidental. El etiquetado marroquí del Sáhara se formalizó tras la renovación del acuerdo comercial entre la UE y Marruecos, publicada en el Diario Oficial de la UE el 28 de enero, con efectos retroactivos desde el 3 de octubre de 2025.
Bruselas ejecutó una maniobra política. La Comisión Europea decidió esquivar una sentencia firme del Tribunal de Justicia de la UE que declaró ilegal incluir el Sáhara Occidental en acuerdos comerciales sin el consentimiento de su población. En lugar de acatar la ley, las instituciones europeas maquillaron el origen de los productos. El etiquetado marroquí del Sáhara permite ahora presentar como marroquí lo que no lo es, y consolida una ficción comercial que beneficia a Rabat y castiga al agricultor español.
Esta decisión no responde a criterios científicos ni jurídicos. Responde a una lógica de sumisión geopolítica. Bruselas prefiere mantener contento al régimen marroquí antes que defender a sus propios productores y respetar sus propios tribunales.
Una trampa legal contra agricultores y consumidores
Las organizaciones agrarias reaccionaron con dureza. Asaja calificó el nuevo sistema como “una trampa legal” y alertó sobre la ruina de miles de explotaciones. El etiquetado marroquí del Sáhara certifica una competencia desleal que hunde precios y destruye márgenes.
Los agricultores no compiten en igualdad. Marruecos produce con salarios ínfimos, controles laxos y estándares sanitarios muy inferiores. España cumple normativas laborales, medioambientales y fiscales que encarecen cada kilo.
Aun así, Bruselas permite que esos productos entren como si fueran simples exportaciones marroquíes. El consumidor cree que compra producto marroquí. En realidad, compra producción saharaui blanqueada.
El engaño no se limita al agricultor. También afecta al ciudadano. Denominaciones como Dajla o El Aaiún ocultan el origen real y distorsionan la trazabilidad alimentaria. El etiquetado marroquí del Sáhara rompe cualquier principio básico de transparencia comercial.
El papel vasallo del Gobierno de Sánchez
El sector agrario señala directamente al Gobierno de España. Según Asaja, el Ejecutivo maniobró en Bruselas para salvar un acuerdo declarado ilegal. El 26 de noviembre de 2025 el Parlamento Europeo votó una objeción clave para frenar el reglamento. La iniciativa cayó por un solo voto.
El PSOE fue el único partido nacional que votó contra esa objeción. Esa votación permitió que el etiquetado marroquí del Sáhara entrara en vigor. El Gobierno español eligió alinearse con Marruecos y abandonar al campo.
No existe neutralidad posible. O se defiende al productor nacional, o se legitima una competencia desleal. Sánchez escogió la segunda opción. Bruselas ejecutó la orden. Rabat celebró el resultado.
Esta política encaja con una tendencia más amplia: cesión de soberanía económica, sumisión comercial y desprecio sistemático por los sectores productivos tradicionales.
Soberanía alimentaria frente a ingeniería política
El caso del etiquetado marroquí del Sáhara refleja un modelo europeo cada vez más desconectado de la realidad social. Bruselas habla de sostenibilidad mientras destruye las economías rurales europeas. Promete seguridad alimentaria mientras favorece importaciones sin control real.
La sentencia del TJUE protegía un principio básico: ningún territorio ocupado puede explotar recursos sin consentimiento. La Comisión Europea decidió ignorarlo. Cambió el marco legal por una ficción administrativa.
La UE ya no actúa como garante de la ley. Actúa como gestor político de intereses ajenos. Marruecos obtiene acceso privilegiado. España paga el precio.
Mientras tanto, el agricultor español sufre costes energéticos récord, presión fiscal creciente y normativas climáticas asfixiantes. A eso se suma ahora el etiquetado marroquí del Sáhara, que introduce productos más baratos y sin controles equivalentes.
Una Europa contra sus propios pueblos
El etiquetado marroquí del Sáhara representa una claudicación política. Bruselas ignora su propia justicia. Sánchez sacrifica al campo español. Rabat gana terreno económico y diplomático. Y el agricultor español queda solo frente a un sistema que practica traiciones.
La defensa de la soberanía alimentaria exige algo elemental: respeto a la ley, transparencia comercial y prioridad al productor nacional. Sin eso, no existe mercado justo, ni Unión Europea ni España creíbles, ni futuro para el campo español.




