El reconocimiento facial en el Reino Unido se convertirá en una realidad nacional tras el anuncio del Gobierno socialista de crear un nuevo servicio policial con tecnología de vigilancia masiva.
Un FBI británico al servicio de la vigilancia
El Gobierno socialista -laborista- del Reino Unido ha confirmado su intención de implantar el reconocimiento facial en el Reino Unido como parte central de una profunda reforma policial. El anuncio lo realizó la ministra del Interior, Shabana Mahmood, ante el Parlamento.
El plan incluye la creación de un nuevo Servicio Nacional de Policía, conocido como NPS, que seguirá el modelo del FBI estadounidense. Este organismo sustituirá a la Agencia Nacional contra el Crimen y tendrá competencias en todo el país. Según el Libro Blanco publicado por el Ministerio del Interior, el Ejecutivo invertirá 115 millones de libras en tres años para acelerar el uso de inteligencia artificial, automatización y sistemas de vigilancia.
Entre las medidas estrella figura la implantación de cámaras de reconocimiento facial en el Reino Unido en espacios públicos, estaciones, calles y vehículos policiales. Mahmood justificó la medida comparándola con las huellas dactilares, afirmando que hoy nadie cuestiona su uso. Sin embargo, esa comparación resulta profundamente engañosa.
Sin ley específica, sin límites claros
Uno de los aspectos más alarmantes del reconocimiento facial en el Reino Unido es que no existe una ley específica que regule su uso por parte de la policía en Inglaterra y Gales. No hay marco jurídico claro ni control parlamentario suficiente. No hay garantías reales para los ciudadanos.
La tecnología se desplegará primero y se regulará después, siguiendo el patrón clásico del intervencionismo estatal: hechos consumados y libertades recortadas.
La investigadora Eleanor “Nell” Watson advirtió que el Reino Unido está construyendo una infraestructura de sociedad vigilada bajo la excusa de combatir el crimen. Según Watson, el problema no es solo tecnológico, sino cultural: normalizar la vigilancia permanente cambia la relación entre el Estado y el ciudadano. El ciudadano deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser objeto de control. Ese es el verdadero riesgo del reconocimiento facial en el Reino Unido.
Megafuerzas policiales y centralización del poder
El plan socialista británico no se limita a la tecnología. También incluye la eliminación de las 43 fuerzas policiales actuales en Inglaterra y Gales, que se reducirán a una docena de grandes fuerzas regionales. Esta centralización crea auténticas “megafuerzas” alejadas de las comunidades locales.
El reconocimiento facial en el Reino Unido se combina así con una estructura policial gigantesca, opaca y difícil de supervisar..
El NPS tendrá plenos poderes en Inglaterra y Gales, pero en Escocia e Irlanda del Norte solo actuará con consentimiento de las autoridades locales. Esto confirma una realidad inquietante: el proyecto no responde a una necesidad nacional compartida, sino a una imposición ideológica desde Londres.
El reconocimiento facial en el Reino Unido se convierte así en un experimento de control social exportable al resto de Europa.
Libertad frente a seguridad: el falso dilema
El discurso socialista siempre presenta el mismo dilema: o aceptas vigilancia masiva o apoyas a los criminales. Es una trampa retórica. La libertad y la seguridad no son incompatibles. Lo incompatible es la libertad con el control total del Estado. Un país donde cada movimiento queda registrado deja de ser una democracia plena. Se convierte en una sociedad monitorizada. Se convierte en una tiranía.
La historia demuestra que toda herramienta de vigilancia acaba utilizándose más allá de su objetivo inicial. Hoy se usa contra delincuentes. Mañana contra disidentes. Pasado mañana contra ciudadanos incómodos. El reconocimiento facial en el Reino Unido no es solo una medida policial. Es un cambio de modelo político.
El reconocimiento facial en el Reino Unido representa un salto cualitativo hacia una sociedad de vigilancia permanente. Bajo la excusa del crimen, el Estado socialista consolida un sistema de control tecnológico sin precedentes. Se diluyen las garantías legales. Se normaliza el seguimiento constante.
La seguridad sin libertad no protege. Somete.




