Ucrania e Irán, dos guerras críticas para Occidente | Pío Moa

Guerras críticas para Occidente

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Ucrania e Irán, dos guerras críticas para Occidente (I)  

a) Entender una guerra exige atender a los intereses en juego, la relación de fuerzas y uso de ellas, y la justificación moral. La mera relación de fuerzas nos indica que la guerra no podía estar en el interés de Rusia ni de Irán, pero sí en el de sus contrarios, que pensaban obtener beneficios de destruirlas políticamente, y tenían en principio la victoria asegurada. Que esa expectativa de triunfo no se haya cumplido deriva ante todo del uso estratégico y táctico de fuerzas mucho menores por parte de Rusia e Irán, uso hábil que hasta ahora la logrado neutralizar la superioridad enemiga. En cuanto a la justificación moral, suele interpretarse como mera cobertura retórica o propagandística de intereses menos confesables, pero en realidad llega a tener importancia decisiva.

 b) Si la guerra de Ucrania se diseñó como un conflicto largo que agotara y arruinara a Rusia, la de Irán debió resolverse en un golpe de extrema violencia, rápido y definitivo. En ambos casos la decisión bélica se apoyó en una apabullante superioridad de medios militares y económicos de la OTAN y de Usa-Israel. Y en los dos casos ha fracasado. La guerra de Ucrania ha ensombrecido el futuro económico y político de la UE, y la de Irán amenaza con una crisis económica global. Las dos han creado divisiones entre Usa y sus aliados. Y las dos han generado el fantasma de un enfrentamiento nuclear.

c) Para entender el fracaso occidental en las dos guerras deben contrastarse los resultados con los planes. En Ucrania, la URSS debía haber colapsado económica y militarmente en un plazo no muy largo, e Irán debía haber seguido la suerte de Libia o Siria. Con tales victorias, el poder occidental se habría mostrado tan ineluctable que China o cualquier otra posible superpotencia deberían aplazar por mucho tiempo la esperanza de rivalizar con él. Pero no hay indicios de un colapso de Rusia, mientras que la posición occidental se ha debilitado y la propia Ucrania está prácticamente desangrada. E Irán ha sido capaz de contragolpear dolorosamente  y llevar a sus enemigos a una posición incierta. Ha ocurrido lo inesperable, y con ello una profunda crisis del poder occidental.

d) Las dos contiendas han derivado en gran medida de la implosión de la URSS en 1991, cuando Usa, y secundariamente la UE, parecían disponer de un poderío absolutamente incontratable, lo que, junto con su éxito económico, debía determinar la evolución política y social planetaria. La serie de guerras continuadas, desde la de Irak, parecían refrendar esa impresión de fuerza. Sin embargo, las de Rusia e Irán están demostrando que países relativamente débiles podían resistir y contraatacar, obligando a replantear la cuestión de la hegemonía mundial. (Dejo aparte la atípica invasión de Afganistán, donde guerrilleros sin aviones, tanques o artillería lograron expulsar a las tropas occidentales después de veinte años de empeños y enormes gastos.)

e) De manera más remota, cabe remitir la situación a la II Guerra Mundial, concebida como el fin de la Era Europea comenzada cuatro siglos y medio antes por las exploraciones y conquistas españolas. Europa, hasta entonces el eje dinámico de la evolución humana, pasó a quedar partida en dos esferas de influencia dominadas respectivamente por Usa y la URSS, con pérdida de sus imperios y de su preeminencia en el pensamiento, el arte, la ciencia o la milicia. No obstante, Usa y la URSS no dejaban de ser superpotencias de raíz europea, aun si notablemente diferenciadas. En cambio, el paisaje mundial que hoy se dibuja incluye a una nueva superpotencia, China, sin aquella raíces de civilización, posiblemente India a medio plazo, potencias regionales notablemente fuertes, y la expansión del islam dentro del mismo Occidente. Un islam enemigo secular de la Europa cristiana y convertido de nuevo de una potente religión y civilización de conquista.

f) Cabe una observación general más: la II Guerra Mundial terminó con la bomba atómica que, en su desarrollo dotaba al ser humano de la capacidad por así decir divina, de destruirse a sí mismo. Y la técnica no ha cesado de evolucionar con la informática y en particular con la inteligencia artificial, que puede convertirse en otro instrumento de autodestrucción por su capacidad para ampliar la vigilancia y control de las personas y disolver en ellas la percepción del bien y el mal y de verdad y falsedad, máxime al acompañarse de un debilitamiento bastante generalizado de la fe en el sentido de la vida. Los retos de civilización vienen a ser los mismos de toda la historia anterior, pero con una amplitud sin precedentes, que compromete la subsistencia del género humano.

Dos guerras críticas (II) La democracia como factor moral

Veíamos anteriormente cómo las guerras de Ucrania e Irán han puesto en jaque el poder militar y económico de Usa y la UE, las que suelen interpretarse como Occidente, sin que ello parezca reversible, salvo a costa de escalar la guerra hasta el peligro nuclear. La crisis derivada, no obstante, no es solo de poder sino más profunda, principalmente moral, algo que solo un cinismo pueril puede desdeñar.  He abordado estos problemas en El franquismo ayer y hoy, las dos Españas y las crisis europeas.

1. El elemento moral en las dos conflagraciones analizadas someramente se centra en la distinción radical entre un Occidente cuyo valor determinante sería la democracia liberal, y casi todo el resto del mundo donde no rige ese valor. Se supone que la democracia constituye el sistema de gobierno más perfecto, productivo y liberador, el único legítimo en la actualidad. Sin embargo Ucrania e Irán no son hechos excepcionales, sino la culminación de un rosario de otros como Irak, Afganistán, Libia o Siria, entre varios menores. Guerras con dos rasgos definitorios: Occidente las ha declarado o promovido en nombre de la democracia y los derechos humanos contra regímenes tildados de tiránicos, genocidas y peligros para la paz; y han causado millones de muertos y desplazados, miseria, terrorismo, guerra civil, estados fallidos y ninguna democracia. Y en los dos casos últimos, amenazas generales para el mundo, que podrían volverse apocalípticas. No ha habido ninguna disculpa ni explicación de tales catástrofes por los gobiernos causantes, como si invocar la democracia les autorizase a provocarlas.

2. Basta constatar esta evidencia para concluir que la crisis de poder de Occidente al fracasar en Ucrania e Irán ante países más débiles y en un contexto de nuevas superpotencias, se completa con una crisis de la democracia. Por haberse utilizado esta como argucia o pretexto para destruir sociedades enteras y empujar hacia una tercera guerra mundial. La cual, si se desarrollase plenamente, acabaría con la civilización y hasta con la humanidad.

3.  Dato relacionado es la implantación de políticas derivadas de la ideología LGTBI: sin ser votadas han sido impuestas por gobiernos y oligarquías, y aunque han retrocedido en Usa, continúan con plena fuerza en la UE. Es la ideología oficiosa, prácticamente oficial, de la UE, que la subvenciona, protege con leyes ad hoc, exhibe sus símbolos y  manifiestaciones  en la calle y en edificios públicos, mientras hostiga a países como Hungría o Polonia, que las han rechazado, y constituye uno de los motivos subyacentes del ataque a Rusia.

4 . Esa ideología, presentada como una evolución natural de la libertad y los derechos humanos, pretende reducir la realidad biológica de los dos sexos a sentimientos personales y hacer de ellos una señal identificativa  de una supuesta democracia; degradando de paso la razón a sentimientos particulares.  Su fondo es la exaltación de la sexualidad estéril en sus diversas formas, por tanto la hostilidad a la familia y a la larga a la continuidad del género humano. A su vez se conecta con doctrinas ultraecologistas y climáticas que ven al hombre como un “cáncer de la naturaleza”, y con tendencias llamadas woke, que execran la cultura e historia occidental. Propio de ellas es un extremado despotismo, que no solo busca condenar a muerte civil al discrepante mediante la llamada “cancelación” y gritería acosadora, sino que aspira a reglamentar los sentimientos de las personas mediante “leyes de odio” y cárcel. Un totalitarismo de nuevo cuño, pues hasta ahora ninguno había aspirado a regular a su conveniencia los sentimientos humanos.

5. Paradójicamente, los gobiernos de la UE, con pocas excepciones, promueven con diversos pretextos una inmigración masiva e invasiva del llamado tercer mundo y en particular de países islámicos, inasimilable para las ideologías lgtbi y similares. Es difícil discernir la causa de tal incoherencia, que probablemente radica en la común decisión de cortar  la raíz cristiana de Europa. Esta verdadera invasión, nunca votada democráticamente, causa tales problemas sociales y corroe de tal modo las identidades culturales e históricas europeas, que genera resistencias populares endurecidas hasta una especie de guerra civil psicológica. Los gobernantes promotores de tal invasión chocan con los niveles de aceptación social mas bajos en decenios, lo que acarrea un doble problema legal: sus autores se aferran a las formas del poder para desafiar desde él la indignación popular, y en el tiempo de que disponen tratan de crear hechos consumados muy difíciles de revertir, que rompen la propia identidad nacional.

6. Otros muchos síntomas delatan la crisis de la democracia en Occidente, como la falsificación,  distorsión o negación de procesos electorales utilizando tecnología avanzada y falsas acusaciones, como hace cada vez más sistemáticamente la Comisión Europea Pero no son estos,  sin embargo, los únicos síntomas de involución democrática. Uno de sus fenómenos más perturbadores, “la isla de Epstein”, expone la bestial degradación de un amplio círculo de poder e influencia en la democracia más emblemática. ¿Hasta qué punto están contaminadas las tan impropiamente llamadas élites de la UE u occidentales en general? El caso Epstein está sacando a la luz aquelarres satánicos mucho más extendidos, mezcla de corrupción sexual, económica y de poder y chantaje político. Hasta ahora, las democracias se han mostrado impotentes para juzgar a unos delincuentes poderosos que se amparan entre sí para obstruir o condicionar las aplicación de las leyes o adulterar las leyes mismas.

Pío Moa | historiador y escritor


Tags: Occidente, Guerra, Ucrania, Irán, Geopolítica, Democracia, Crisis

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