La mayoría de estos internos tienen entre 20 y 29 años, son varones, de nacionalidad marroquí y están vinculados a grupos terroristas islámicos como el DAESH.
El fenómeno del yihadismo terrorista en cárceles españolas no solo persiste, sino que muestra un patrón cada vez más preocupante. Se trata de un problema estructural que afecta directamente a la seguridad nacional y que evidencia el fracaso de las políticas de promoción de la inmigración impulsadas por los sucesivos gobiernos del PP y el PSOE.
Más detenciones pero menos encarcelamientos
Según un informe del sindicato mayoritario de prisiones,ACAIP, entre enero y octubre de 2025 se desarrollaron 58 operaciones policiales contra el terrorismo islamista, que terminaron con 94 detenciones. Esta cifra supera los datos de 2024, con 81 detenidos, y los de 2023, con 78. Sin embargo, solo 19 de esos individuos ingresaron finalmente en prisión, lo que supone una caída del 48,6% respecto a 2023 y del 42,4% respecto a 2024. Este dato no refleja una menor amenaza, sino, lo que es peor, un cambio de estrategia judicial y gubernamental promoviendo una mayor permisividad.
Radicalización islámica terrorista juvenil y delitos ideológicos
El yihadismo en cárceles españolas se caracteriza cada vez más por su componente juvenil. La edad media de los internos se sitúa en 31,5 años, pero el grupo más numeroso corresponde a jóvenes entre 20 y 29 años, que representan el 61,1 % del total. Este dato confirma que la radicalización islamista en España se concentra en franjas de edad muy tempranas.
En la mayoría de los casos, los delitos que motivaron el ingreso en prisión se relacionan con autoadoctrinamiento, adoctrinamiento y enaltecimiento del terrorismo.
La justicia penal se centra en intervenir antes de que estos individuos adquieran capacidades operativas. Se actúa sobre la ideología antes de que se convierta en acción violenta. Este enfoque confirma que España enfrenta un problema de radicalización, alimentada por redes sociales, mezquitas sin control efectivo y entornos familiares que promueven el islamismo radical en su entorno.
Nacionalidad y perfil dominante: mayoría marroquí
El informe de ACAIP también revela datos clave sobre la nacionalidad de los internos: El 52,6 % de los encarcelados por yihadismo son de origen marroquí. Si se suman los perfiles hispano-marroquíes y españoles de origen marroquí, el porcentaje asciende hasta el 78 %.
El resto de nacionalidades —pakistaní, libanesa, argelina o palestina— aparece de forma residual. Esta concentración evidencia que el problema no responde a una diversidad global, sino a perfiles muy concretos vinculados a determinados flujos migratorios, esto es, la inmigración masiva ilegal marroquí trae consigo mayor número de jóvenes islamistas yihadistas..
El perfil dominante, por tanto, del yihadismo en cárceles españolas resulta claro: varón, joven, de origen marroquí o hispano-marroquí, y con delitos centrados en la radicalización ideológica.
Un patrón que debería obligar al Gobierno a revisar sus políticas de inmigración, integración y control cultural, aunque la realidad es que agenda ideológica impide cualquier debate real.
DAESH como referencia ideológica
Las organizaciones de referencia en los casos de 2025 confirman una tendencia preocupante. El grupo terrorista y asesino DAESH continúa como el principal marco ideológico, vinculado al autoadoctrinamiento, la propaganda y el enaltecimiento. No se detecta integración estructural en la mayoría de los casos, pero sí una fuerte identificación con el terrorismo islamista. No obstante, esto es el primer paso.
Al Qaeda aparece de forma secundaria, casi siempre combinada con DAESH. Hezbollah y Hamas solo figuran en un caso cada una, vinculados a logística o radicalización ideológica. Tehreek-e-Labbaik Pakistan aparece en un único caso de financiación.
Estos datos muestran que la radicalización en España sigue siendo ideológica, alimentada por internet y redes sociales, sin una estructura terrorista clásica, pero con un alto potencial de riesgo.
El yihadismo en cárceles españolas refleja una realidad incómoda que el discurso oficial intenta minimizar. El terrorismo islamista no desaparece. Se transforma, se adapta y se infiltra en los sectores más jóvenes de una sociedad debilitada culturalmente.
España enfrenta una amenaza ideológica que se nutre no solo de una inmigración mal gestionada sino de su promoción, así como de la falta de control institucional y de un relativismo cultural que renuncia a defender los valores propios.
La seguridad nacional no se protege con discursos vacíos ni con propaganda inclusiva que promueven una mayor inmigración. Se protege con fronteras firmes, leyes claras y una defensa sin complejos de la identidad, la cultura y la soberanía nacional. Mientras el Gobierno evite señalar las causas reales, el problema seguirá creciendo en silencio, hasta que la ideología radical yihadista se convierta en acción terrorista y la prevención llegue demasiado tarde. El yihadismo radical islámica está aquí y nos afecta, aunque no lo veamos.
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