La pérdida de soberanía de las naciones a través de la federalización de Europa vuelve a situarse en el centro del debate político tras las declaraciones del ex primer ministro italiano y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que reclama más poder para Bruselas y menos soberanía para los Estados.
Draghi lanzó su mensaje al recibir un doctorado honorario en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Allí advirtió que Europa corre el riesgo de quedar “subordinada, dividida y desindustrializada” si no avanza hacia una estructura política más centralizada.
Según su análisis, el actual orden económico mundial se encuentra en colapso y deja a Europa expuesta frente a potencias como Estados Unidos y China. En sus propias palabras, “el colapso de este orden no es en sí mismo la amenaza… la amenaza es lo que puede reemplazarlo”.
El discurso repite un patrón clásico del europeísmo globalista tecnocrático: utilizar crisis económicas y tensiones geopolíticas como argumento para pedir más integración política, más poder central, aunque eso implique vaciar de competencias a los gobiernos nacionales.
Más Unión Europea
Para Draghi, la federalización de Europa representa la única vía para que el continente se convierta en una verdadera potencia. Sostiene que los europeos deben elegir entre seguir como un gran mercado dependiente o transformarse en un actor político capaz de defender sus propios intereses.
Desde su perspectiva, Europa solo logra influencia cuando centraliza el poder en la Unión Europea en áreas clave como la política comercial, el derecho de la competencia, el mercado único y la política monetaria. Según Draghi, allí donde existe una política común, Europa negocia como un solo bloque y obtiene respeto internacional.
El ex presidente del BCE también atacó la fragmentación en defensa, política exterior y estrategia industrial. A su juicio, esa dispersión deja a Europa vulnerable frente a presiones externas. La federalización de Europa, según Draghi, también resultaría imprescindible porque la fortaleza económica no basta si el continente depende militarmente de Estados Unidos.
Menos soberanía nacional
Sin embargo, estas afirmaciones esconden una realidad incómoda: el proyecto de federalización de Europa no fortalece las naciones soberanas que lo componen, sino que las diluye en estructuras alejadas del ciudadano. Decir más Unión Europea significa decir menos soberanía nacional, esto es, que otros decidan por ti.
Además, lo que no señala Draghi es que el estancamiento económico europeo no se debe a una falta de integración, sino a una sobrerregulación constante que asfixia la iniciativa empresarial, encarece la energía y destruye la competitividad industrial. La centralización de poder en Bruselas no ha generado prosperidad, sino dependencia de subsidios, deuda creciente y pérdida de soberanía monetaria. La experiencia demuestra que cada cesión de competencias reduce la capacidad de los pueblos para decidir su propio futuro.
Por otra parte, más transferencias de poder debilitan la responsabilidad política. Los ciudadanos ya no pueden castigar con su voto a quienes diseñan las normas que afectan a su vida diaria. Las decisiones clave pasan a manos de tecnócratas no elegidos que siguen intereses de terceros.
La federalización de Europa también aumenta la alienación social. Muchos votantes perciben la Unión Europea como una estructura lejana, ideológica y hostil a las tradiciones nacionales, especialmente en ámbitos como educación, familia, identidad cultural o política migratoria. Lejos de unir, este modelo profundiza la fractura entre élites globalistas y pueblos soberanos.
En definitiva, la federalización de Europa que propone Mario Draghi no responde a las necesidades reales de los ciudadanos, sino a los intereses de una clase globalista política que aspira a gobernar sin controles nacionales.
Europa no necesita más Bruselas. Necesita más respeto a la soberanía y más defensa de las fronteras. Un superestado europeo no resolverá los problemas del continente. Solo los ocultará bajo capas de burocracia.
Sin soberanía nacional no existe libertad política. Sin control ciudadano no existe democracia. Y sin raíces culturales sólidas, Europa se convierte en un espacio vacío, gobernado por tecnócratas globalistas y desconectado de su propia historia.
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