El buscador norteamericano se ha convertido en el adalid del pensamiento único global y del Nuevo Orden Mundial. Y la pandemia y la lucha contra el bulo le ha ayudado muchísimo.

Decíamos ayer, que Google era parásito de la prensa, ladrón de la prensa y censor de la prensa. Puede entenderse como un insulto pero les aseguro que también es una descripción.

Las pruebas en el propio titular: “mientras la prensa se hunde el buscador aumenta su publicidad en un 30%”.

Parásito porque Google no hace noticias, copia las noticias de la prensa. Ladrón, porque mientras la prensa desaparece por falta de publicidad, Google incrementa la suya. Censor porque, de la mano de Facebook, otra tecnológica norteamericana con ínfulas totalitarias, el buscador norteamericano se ha convertido en el adalid del pensamiento único global y del Nuevo Orden Mundial (NOM). Y la pandemia y la presunta lucha contra el bulo le ha ayudado muchísimo a conseguirlo.

Claro que es el mejor buscador. Si ha llegado a monopolio es porque es bueno… pero impide la igualdad de oportunidades y liquida a la prensa libre 

Los monopolios siempre se justifican por la misma vía: soy monopolio, o cuasi monopolio, porque lo he hecho bien y a nadie le obligo a comprar mi producto. De acuerdo, pero una vez que te has instalado como monopolio no hay quien te haga sombra… precisamente porque la competencia no tiene media torta y ahí empieza el abuso. Así, hoy ningún periódico, aunque algunos lo estamos intentando, puede ahora mismo permitirse el lujo de prescindir de Google.

El monopolio es producto del éxito pero anula la igualdad de oportunidades de todos. Por eso hay reguladores pro-libre competencia y es justo que los haya.

Pero es que, además, Google es contenido, no tecnología. Es el periódico global, que ha llegado antes que el Gobierno Global (ese será aún más de temer). Insisto: no produce ninguna noticia -parásito-, le roba los ingresos a quien sí las produce -la prensa- y, de guinda, la novedad: les censura, porque el gigante norteamericano de Sergey Brin y Larry Page decide qué es lo que se lee (lo que él ponga en su primera pantalla) y qué es lo que no se lee (pantalla séptima). 

Cuando Google hunde a los medios que le interesan, por ejemplo a los medios cristianos, asegura que no es nada personal: son negocios 

Google se siente en posesión de la verdad, al servicio de lo políticamente correcto y del Nuevo Orden Mundial (NOM) y se permite censurar al que discrepe de lo políticamente correcto. Con particular inquina, Google, Facebook y Twitter, tres de los cuatro jinetes gringos del Apocalipsis mediático (el cuarto sería Amazon), censuran a quien no les gusta, le condenan al ostracismo y al ninguneo.

Según ellos no es una decisión personal sino producto de la inteligencia artificial, de su algoritmo. O sea, que no es nada personal, son negocios.

Y todo esto es otra chorrada: la inteligencia artificial no existe. O es inteligencia, o es artificial. Detrás de la máquina haya una persona. La tecnología no tiene ni fe ni patria, ni prejuicios: los tecnólogos sí. Si son millonarios, como Sergey y Larry, más prejuicios y más soberbia cristofóbica. En serio, hay que parar a Google. Y a Facebook.

Urge detener al primer monopolio global: Google.

Por Redaccion

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