Triste y sola… | Jacinto Seara

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No voy a recordar la famosa canción de la tuna… es lo que veo en las ciudades y pueblos de nuestra España. Nunca pensé que la “nueva normalidad”, conjuntamente con la cogobernanza y el globalismo (¿acaso no son lo mismo?), nos trajera la falta de alegría que rebosaba por todas partes el miedo, que pocos reconocen, se palpa al transitar por la calle o incluso en los pueblos casi desiertos. Miedo al futuro, miedo a que todo lo que les habían enseñando, lo que había aprendido con la vida, ya no servía, era un ignorante más, no podía distinguir un “fake news” (bulo) de un mensaje correcto, mucho menos cuando oía o leía algo si era verdad o mentira. El covid-19 sigue vivo, ha mutado; sin que nadie lo dijera fuerte, seguimos en la guerra biológica iniciada a finales del 2019, que sigue al pie de la letra el Protocolo de Roma de 1974, y que sigue siendo el “leimotiv” de las élites mundialistas que desde esa fecha pretende gobernar este planeta en el que vivimos. No tengo los datos, solo sé que en septiembre, presidida por Bill Gates, se celebró una reunión bajo el nombre “Cogobernanza”, en la que estuvieron presentes presidentes y jefes de estado occidentales, entre ellos el nuestro, y en octubre de 2019 tuvo lugar el EVEMT 2020 sólo para las élites, cuyo tema, quizás casual, en ambos casos fue el de una posible pandemia mundial. En esta guerra sabemos cuál es el arma, capaz de mutar, e intuimos sus causantes, y no solo China tiene que ver, sino también las élites mundialistas.

Se esperaba que la “nueva normalidad” no continuase con más muertes, pérdida de libertades, más desigualdades, enmascarados sin poder disfrutar de la vida que teníamos hace menos de un año. Son muchos los muertos, pero los “mass media” y los políticos, en especial algunos gobernantes, los convierten en meras estadísticas, sin darse cuenta de que detrás hay un fallecido por covid-19 u otra enfermedad, y que sus familiares con el corazón roto no pueden despedirlo normalmente. Las declaraciones contradictorias ayudan a que el pueblo tenga cada vez más miedo, y vea al que está sentado en una terraza o paseando como un posible enemigo. A ello colaboran los comercios y empresas cerradas. La verdad no es la que rige la vida, existe un pensamiento impuesto por las élites que nos puede convertir en borregos.

Jacinto Seara | Escritor