Tres razones irrefutables y una falacia argumental | Francisco Martínez Peñaranda

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Ante el auténtico caos y confusión que ha surgido con ocasión de la pandemia del Coronavirus, por la lluvia de desinformación y continuas controversias con las cuales nos han inundado. Se hace necesario, y yo diría, absolutamente imprescindible, hacer una alto en el camino y salir de entre los árboles si es que tenemos algún interés, sincero, en ver el bosque.

Lo más lioso de todo este embrollo son sin duda los datos científicos y las estadísticas que en cualquier bar se discuten.

Se escucha por aquí y por allá, a albañiles, a taxistas, a fontaneros y a camareros hablar de variantes, de cepas y mutaciones con una soltura inusitada, y no digamos de vacunas. Algunos profesionales, mientras sirven y recogen las mesas demuestran claramente que  son unos auténticos expertos y muy duchos en la materia vacunil.

Y en este galimatías de datos y contradicciones. Alguien como yo, que humildemente, da largos paseos por la arboleda de ignorancia, simplemente se mosquea y se plantea algunas cuestiones, que no son de ciencia sino de sentido común. Ya que observa cosas, digamos, por así decirlo, un poquito raras.

Pues bien. Para salir de este frondoso bosque que no nos deja ver más allá de nuestras narices, le invito, estimado lector a hacer un ejercicio diferente. Dejemos a un lado la ciencia, las mutaciones y las variantes y analicemos el asunto desde la sociología y la política. Solamente por salir algo del enfoque científico que a más de uno ya nos aburre, hagamos la prueba y cambiemos pues, el decorado.

La primera de mis razones es El conflicto de intereses.

En primer lugar tenemos a la OMS, es decir, La Organización Mundial de la Salud.

La pregunta es: ¿Quién elige a la ejecutiva y directivos de este organismo internacional asesor de naciones y gobiernos? y ¿Quién lo financia?

Pongamos un ejemplo, como diría mi madre, “para tontos”.

Es como si le pedimos a un fabricante de vodka que nos haga un informe de los beneficios que tienen el vodka para la salud. Es de lógica que este fabricante nos indique en su informe, que es buenísimo para todo, para los riñones y para el hígado y no sería de extrañar que nos dijera que a los bebés  hay que darles en el biberón, mitad leche y mitad de vodka.

En el pacto internacional de derechos civiles y políticos, adoptado y abierto a la firma del 16 de diciembre de 1966 se prohíbe este conflicto de intereses. Por otro lado, sabemos fehacientemente y tenemos demostrado que estos organismos están financiados por los mismos que son propietarios de las farmacéuticas, que comparten accionariado y que nombran sus ejecutivas. ¿Por qué se consiente este conflicto de intereses que está prohibido? Gran pregunta y nula respuesta. ¿Nadie se hace esta pregunta? ¿No se mosquea nadie? ¿Todos como idiotas a poner vodka en los biberones de los niños? ¡Qué cosa tan curiosa! Yo, me quedo perplejo.

La segunda de mis razones es el motivo por el cual se impide la investigación. Algunos dirán que esto no es cierto. Pero está constado que se hacen enormes esfuerzos por parte de todas las instituciones en poner trabas a todo el que no se sume al relato oficial. En un primer término se prohibieron las autopsias, hasta que los forenses italianos desobedecieron e hicieron miles, lo que abrió una ventana a verdad y a la ciencia. Pero la pregunta es. ¿Por qué se impide o se intenta impedir?  ¿A nadie le parece raro?

En tercer lugar se está llevando a cabo la persecución de los disidentes. A los cuales se les demoniza y desacredita por sistema, sin ningún respeto.

A todo el mundo le parece normal que en pleno siglo XXI se impidan las opiniones discrepantes, se bloquee cualquier posibilidad de debate y se persiga y amenace a los médicos que sugieran o planteen la sospecha o cualquier contradicción al relato oficialista. Cualquier duda sobre la eficacia de las vacuna, sus  efectos adversos etc. se considera herejía y es perseguida con coacciones y amenaza de apertura de expedientes, y sanción a médicos y científicos, que a duras penas se van abriendo un hueco en medios de comunicación alternativos de poco alcance, con actitud  heroica y con gran riesgo de sus carreras profesionales. ¿A nadie le preocupa esta persecución a estas alturas de siglo? ¿Dónde están las universidades? ¿Dónde los juristas? ¿Dónde los colegios de médicos? ¿Nos parece normal, la caza de brujas? ¿Volvemos al oscurantismo?

Pues bien estimado lector. Y ahora viene lo más curioso, la justificación de todo esto.

Según dicen algunos, estamos ante una emergencia sanitaria y está muriendo gente y esto lo justifica todo. En el momento en que discutes con alguien estas cosas, te sale con el tema de que a muerto un amigo, a muerto un vecino o un familiar. Sin lugar a dudas hay un síndrome que está haciendo estragos y negarlo sería terquedad.

No obstante me viene a la memoria lo que los antiguos filósofos romanos nos recuerdan, aquella falacia argumental que denominaban, el Ad Misericordam, que consiste en poner el foco en el sufrimiento, que sin duda existe. De tal modo que lo emotivo, te bloquea la razón y de tal forma y manera que se justifica cualquier cosa por muy injusta o disparatada que sea.

La pregunta sería: Si ha muerto un amigo por Covid, ¿Se debe consentir el conflicto de intereses prohibido en el pacto de derechos civiles? Quisiera una respuesta y le ruego que no la eluda.

Si ha muerto una vecina. ¿Se debe impedir la investigación alternativa al relato oficial? ¿Sí o No?

Si ha muerto un familiar.  ¿Se debe perseguir a los disidentes e investigadores que cuestionen las políticas sanitarias y la vacunación obligatoria con una vacuna experimental? ¿Y si resulta que tuvieran razón, en algo? ¿Por qué impedirles exponerlo? ¿Por qué se les coacciona y amenaza? ¿Por qué se impide el debate?

Si, si, Ya, ya, porque, muere gente.

¿Debemos consentir y tragar con todo lo que nos presenten, porque muere la gente? ¿Impedir la investigación, aceptar el conflicto de intereses y la persecución de los disidentes? ¿O por el contrario debemos defender la justicia y la libertad de investigación y de expresión como valor supremo?

Efectivamente, el Ad misericordiam, es por tanto estimado lector, el bloqueo de la razón  necesario. Apelando a sentimientos compasivos  la gente entra en pánico y ya nadie razona. “Nada nuevo bajo el sol”,  que diría el sabio. Y es así como los que mueven los hilos de la marioneta, nos llevan al redil, pasito a pasito y del ronzalito.

Lo grave no es que podamos perder la libertad, lo realmente preocupante es que perdamos el gusto por ella.

Francisco Martínez Peñaranda. Escribe para usted, de vez en cuando. Muchas gracias por atenderme.

Francisco Martínez Peñaranda | Escritor