¿Es Delcy Rodríguez la solución para Venezuela?: No, pero la transición real se negocia con el poder armado

transición política en Venezuela

La transición política en Venezuela no avanza por ideales democráticos, sino por una lógica de poder donde quien controla las armas decide los tiempos.

Se multiplican las teorías y versiones sobre lo que está ocurriendo en Venezuela y sobre cuáles podrían ser los próximos pasos. Entre ellas se encuentra la que aquí compartimos aunque no puede descartarse que se trate de una versión de propaganda de Estados Unidos destinada a calmar a una población desconcertada ante el hecho de que el chavismo no haya sido definitivamente desmantelado.

La razón que nadie quiere escuchar sobre Venezuela

La transición política en Venezuela se construye desde una verdad incómoda. El poder real sigue en manos del chavismo armado. No lo controla la oposición civil ni quienes poseen legitimidad moral.

En procesos de transición dura, la historia marca una pauta clara. Se negocia con quien puede apagar o encender el incendio. No con quien tiene razón moral o respaldo popular.

Este principio explica decisiones que muchos rechazan. Explica por qué ciertos actores aparecen en la mesa y otros quedan fuera, al menos de momento. La política real no funciona por simpatías, sino por utilidad.

Estados Unidos y otros actores internacionales buscan estabilidad inmediata. Sin control administrativo, militar y logístico, Venezuela se paraliza en cuestión de días. Ese riesgo obliga a tomar decisiones frías.

La transición política en Venezuela no responde a emociones. Responde a correlaciones de fuerza. Ignorar este hecho solo conduce al fracaso y al caos.

Por qué Delcy Rodríguez sí entra en la negociación

La transición política en Venezuela incluye a Delcy Rodríguez por razones estrictamente prácticas. Tres razones fundamentales la hacen necesaria en estos momentos:

  • Ella representa continuidad administrativa. Ministerios, PDVSA, bancos y puertos siguen bajo su órbita política. Sin ese engranaje, el país colapsa rápidamente. Nadie puede permitirse ese escenario en una fase inicial de transición. La prioridad pasa por mantener servicios básicos y evitar un vacío de poder.
  • Delcy también funciona como canal directo con el poder duro. Militares, inteligencia y colectivos no actúan de forma autónoma. Alguien coordina. Ella no manda, pero articula.
  • Además, puede entregar activos concretos. Información sensible, órdenes internas, desmovilización parcial y firmas administrativas. Esa capacidad resulta clave en un momento crítico.

Aquí no existe simpatía ideológica, ni mucho menos. Existe utilidad estratégica. En esa dirección van las palabras de Maro Rubio hablando de Delcy Rodrigues para una etapa de corto plazo. La transición política en Venezuela necesita interlocutores capaces de ejecutar decisiones inmediatas.

Por qué María Corina Machado no está en esta fase

Este punto duele, pero exige claridad. María Corina Machado no controla armas. No controla territorio, ni controla logística. No puede garantizar ausencia de violencia mañana. Ella lo sabe por eso ya ha dicho su propuesta de transformar el país en 100 días,

En una fase de choque, esos factores pesan más que legitimidad, votos o apoyo popular. La transición política en Venezuela prioriza control del caos antes que representación democrática.

Además, para el chavismo duro, María Corina representa una amenaza existencial. Su presencia bloquearía cualquier negociación inicial. Forzaría un cierre inmediato de canales. Esto no invalida su liderazgo moral ni su papel futuro. Simplemente reconoce que no resulta la carta adecuada para esta jugada concreta.

Meterla ahora equivaldría a convocar elecciones en medio de un incendio forestal. La política exige tiempos. Saltarse etapas multiplica los riesgos.

El papel limitado pero necesario de Edmundo González

La transición política en Venezuela también sitúa a Edmundo González en un lugar específico. Él encarna un símbolo electoral y una figura de consenso civil. Sin embargo, no opera como actor de poder. No coordina fuerzas armadas. No controla estructuras coercitivas. Su rol pertenece a una fase posterior.

Sirve para reconstruir institucionalidad. Sirve para representar una Venezuela civil. No sirve para apagar el incendio inicial. Confundir estos planos solo genera frustración social y errores estratégicos graves.

Las tres fases inevitables de toda transición

La transición política en Venezuela sigue un patrón histórico conocido.

Fase 1: control del caos

Aquí se negocia con quienes tienen armas y capacidad de desatar violencia. Importa evitar el colapso inmediato. Delcy entra por esta razón. No por gusto.

Fase 2: reacomodo del poder

Aparecen civiles, técnicos y actores aceptables. Edmundo y otros perfiles pueden integrarse progresivamente.

Fase 3: legitimación democrática

Llegan elecciones, narrativa democrática y liderazgo popular. María Corina ocupa aquí un lugar central.

Pero esto es al final, no al principio. Invertir este orden conduce al desastre. La historia lo demuestra sin excepciones.

El error emocional que bloquea a Venezuela

Muchos venezolanos creen que tras la caída de Maduro mandan “los buenos”. Esa idea no se sostiene en la realidad.

Primero mandan quienes pueden evitar que el país arda. Después gobiernan quienes pueden administrar. Al final representan quienes tienen legitimidad democrática.

Esto NO significa que María Corina esté “fuera”. Significa que no es la carta para esta jugada, sino para la siguiente. María Corina no será la negociadora, pero sí será la legitimadora, y posiblemente la figura que capitalice políticamente después. Meterla ahora sería como poner elecciones en medio de un incendio forestal.

La transición política en Venezuela no empieza donde uno quiere, sino donde la realidad obliga.

Entender la realidad para no perder el futuro

La transición política en Venezuela exige madurez estratégica y sangre fría. Hablar hoy con Delcy no traiciona la democracia. Evita el caos.

Mañana se hablará con civiles. Pasado mañana con el país entero. Si sacan a María Corina del juego definitivamente, entonces sí habrá alarma real.

Defender la libertad implica entender el poder. Negar la realidad solo prolonga el sufrimiento. Venezuela necesita verdad, orden y luego justicia.

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