Críticos del PSOE aceleran sus contactos locales para suceder al «moribundo» Sánchez

sucesión de Pedro Sánchez

Un sector quiere empezar ya a tejer una alternativa interna y otro prefiere esperar a que el presidente salga de Moncloa para dar el paso.

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE ya se debate, aunque aún en voz baja, con contactos discretos y maniobras internas ante un más que posible fin de ciclo político.

El PSOE se mueve en la sombra ante un escenario de derrota

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE ha dejado de ser un tabú interno. Dentro de su partido lo ven como un moribundo político. Saben que está al final de su vida política. En las últimas semanas, dirigentes, cargos medios y responsables locales han intensificado contactos discretos. Nadie habla en público. Todos se preparan en privado.

El diagnóstico resulta compartido. Mientras Sánchez ocupe La Moncloa, seguirá como secretario general. Está moribundo pero no muerto. Nadie plantea hoy una alternativa visible. Sin embargo, muchos cuadros asumen que el ciclo va a terminar en las próximas elecciones generales, salvo sorpresa de Sánchez, que todo es posible. La caída de Maduro la ven como un presagio de lo que ocurrirá con Zapatero y Sánchez. Se están reposicionando.

Ese cambio de mentalidad explica la prisa silenciosa. Los contactos buscan tejer apoyos, ordenar fuerzas y evitar improvisaciones futuras. El objetivo consiste en llegar organizados al momento en que Sánchez ya no controle el partido desde el Gobierno.

Este clima coincide con un final de año políticamente devastador. En Moncloa reconocen que 2025 ha resultado un annus horribilis. Los escándalos judiciales han golpeado al partido. El desgaste personal del presidente también se percibe. Y lo peor, el 2026 se prevé peor.

Las encuestas refuerzan ese nerviosismo. Los sondeos dibujan una mayoría absoluta de PP y Vox. Una parte creciente del PSOE da por amortizado a Sánchez. El núcleo duro del Gobierno intenta minimizar el impacto, pero el malestar avanza.

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE no se debate en alto en Ferraz. Tampoco aparece en actos oficiales. Las conversaciones fluyen en ámbitos locales y provinciales, lejos del control directo del aparato.

Dos estrategias internas y un miedo compartido

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE articula hoy dos corrientes bien definidas. Ambas coinciden en el diagnóstico. Discrepan en los tiempos.

El primer grupo defiende empezar ya. Sus miembros quieren construir una estructura mínima sin liderazgo explícito. Buscan canalizar el descontento interno y evitar que el partido llegue desarmado a unas primarias futuras.

Este sector identifica un problema central: el miedo a ser señalado. Quien se mueve antes de tiempo queda señalado. Por eso priorizan crear redes de protección y respaldo mutuo. Pretenden “quitar el miedo” y acompañar a quienes decidan dar el paso más adelante.

La segunda corriente apuesta por la espera. Considera inútil cualquier movimiento mientras Sánchez siga en la presidencia. Este grupo cree que solo una derrota electoral abrirá de verdad el proceso interno.

Ambos sectores comparten una norma básica. Nadie pone nombres sobre la mesa. Adelantar candidaturas solo serviría para desgastarlas. Primero quieren reconstruir una base política reconocible. Después llegará el liderazgo.

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE también conecta con el desgaste territorial. El resultado de Extremadura ha actuado como señal de alarma. Esperan que las elecciones en otros comunidades autónomas traigan resultados similares o incluso peores. El desgaste de Moncloa ya afecta a comunidades y municipios. Sánchez es más un lastre que un activo. Y esto asusta.

Federaciones que afrontan elecciones en 2026 y 2027 temen campañas marcadas por escándalos nacionales. Los dirigentes locales ven poco margen para defender gestión propia. En la dirección federal conocen ese nerviosismo. El control orgánico sigue firme. La unidad pública se mantiene. Sin embargo, bajo la superficie, el movimiento resulta evidente.

Una frase se repite en conversaciones internas: Sánchez es “el elefante en la habitación”. Nadie lo cuestiona hoy aunque saben del daño que está ocasionando. Muchos ya piensan en el día después.

Un final de ciclo que el PSOE no quiere afrontar

La sucesión de Pedro Sánchez en el PSOE ya forma parte del debate interno, aunque se disfrace de silencio. El partido se prepara para un escenario que antes parecía impensable.

El socialismo español afronta las consecuencias de años de corrupción, de ideologías sectarias, de promover la ruptura de España, de cesiones a separatistas, pactos con comunistas, etc. La crisis interna refleja ese fracaso político.

Cuando Sánchez deje Moncloa, el PSOE descubrirá que el relevo no será pacífico. El tiempo corre. Las maniobras ya han comenzado.

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