El mundo al revés en la política hídrica de Sánchez
Sánchez ejecuta una política hídrica incomprensible, al menos, aparentemente. Mientras recorta trasvases en España, impulsa infraestructuras de agua en Marruecos. Pero teniendo en cuenta su histórico de sumisión y vasallaje a Marruecos resulta lógico. Actúa de lacayo de Mohamed VI.
El acuerdo bilateral firmado el 4 de diciembre lo confirma. España se compromete a financiar proyectos hidráulicos clave en el país vecino. La decisión afecta directamente al sector agrícola español. El Levante sufre restricciones mientras Marruecos gana competitividad.
Sánchez financia trasvases en Marruecos y debilita la soberanía hídrica nacional. El Ejecutivo prioriza intereses ajenos frente a los propios. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta que tienen los españoles con todas las actuaciones de Sánchez con respecto a Marruecos. Trabaja para los intereses de Marruecos, no para los de España.
Según recogen La Verdad y la Gaceta, la cooperación incluye desalinización y reutilización de agua. También contempla transferencias entre cuencas para el desarrollo agrícola marroquí.
Este respaldo económico utiliza instrumentos financieros españoles. El acuerdo beneficia, por supuesto, al Gobierno de Mohamed VI. Y perjudica a España.
Sumisión exterior y perjuicio al campo español
La estrategia refleja una clara sumisión política. Sánchez cede una vez más ante Marruecos lo que genera inquietud en el campo español. Así, los agricultores del Levante denuncian un trato injusto. Ven cómo el Ejecutivo restringe recursos esenciales limitando el agua en Murcia y Valencia. El agravio resulta evidente.
Mientras el abandono del campo es evidente, la expansión agrícola marroquí avanza con rapidez. El Sáhara suma más de 5.000 hectáreas de nuevos invernaderos. Además, y por si fuera poco, Bruselas avala ventajas arancelarias para esos productos. Esa decisión aumenta la presión sobre los productores españoles.
El punto 54 del acuerdo bilateral resulta especialmente grave. España respalda proyectos hidráulicos y corredores logísticos marroquíes. Además, ambos países coordinan modelos de gestión del agua. El Gobierno español comparte planificación estratégica con un competidor directo.
El recorte del Tajo-Segura y el abandono del regadío
Mientras tanto, el Ministerio de Transición Ecológica mantiene su hoja de ruta. Incrementa los caudales ecológicos del Tajo sin consenso técnico. Ese aumento provocará un recorte superior al 40% del trasvase Tajo-Segura. El regadío sufrirá las consecuencias directas. Debilita el sistema productivo español. El contraste resulta escandaloso.
Los regantes advierten de los límites de la desalación. Denuncian su elevado coste y su insuficiencia. El Gobierno retrasa nuevas infraestructuras hídricas. Tampoco ofrece soluciones reales al sector primario. En este contexto, la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas alerta del riesgo y habla de competencia desleal evidente.
Marruecos paga salarios hasta diez veces más bajos. También soporta menos exigencias laborales y medioambientales.
Competencia desleal y pérdida de soberanía
Las comunidades autónomas afectadas, por supuesto, alzan la voz. Murcia y la Comunidad Valenciana califican la situación de vergüenza. La conclusión es evidente: Sánchez castiga a los agricultores españoles.
La política del Ejecutivo resulta injustificable.
El campo español garantiza alimentos de calidad. También cumple normas sanitarias y medioambientales estrictas. El Gobierno debería proteger ese esfuerzo. En su lugar, lo sacrifica por intereses subyacentes exteriores.
Una política contra España y su campo
La política hídrica de Sánchez daña a España. Prioriza a Marruecos y abandona al agricultor nacional. Además, recorta infraestructuras clave en casa. El resultado golpea al campo y a la economía.
El mundo rural no puede pagar la factura de la sumisión y vasallaje de Sánchez ante Marruecos.




