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La defensa de la integridad nacional no admite medias tintas, discursos ambiguos ni desmarques de despacho que solo buscan salvar la cara ante la opinión pública. La última polémica que sacude los cimientos del movimiento soberanista español destapa una alarmante contradicción en el seno de la formación que lidera Santiago Abascal. No es suficiente la postura de Vox de desmarcarse ante la propuesta de su eurodiputado Herman Tertsch que pone en el tablero de juego la soberanía de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla como si fuera una simple ocurrencia individual demuestra una alarmante falta de autoridad y firmeza ética. Vox solo tiene tres posturas dignas: rectificación, dimisión o expulsión de Terstch. Lo demás es complicidad.
El peligroso desmarque de la dirección nacional de Vox
El escándalo estalló con fuerza en los medios de comunicación por la propuesta planteada públicamente por su eurodiputado Hermann Tertsch para que España reconozca las pretensiones de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla. Ante ello, Vox simplemente se desmarca. Según trasladan a Confidencial Digital fuentes de la dirección nacional del partido, la iniciativa corresponde exclusivamente a Tertsch y no representa la posición oficial de la formación. Esta respuesta resulta absolutamente insuficiente y vergonzosa para un partido que fundamenta toda su existencia en la protección estricta de la patria frente a las agresiones externas.
Ninguna persona que ocupe un cargo público de tal relevancia como el eurodiputado Hermann Tertsch puede ir por libre, sembrando la duda y abriendo la puerta a una negociación encubierta sobre la unidad de España. No vale desmarcarse a través de declaraciones anónimas en los periódicos digitales. La dirección del partido tiene la obligación ineludible de hacer que o rectifique o echarle de Vox. Un proyecto político serio y verdaderamente patriótico no puede permitirse altos cargos que duden de la unidad de España en los foros internacionales. Un eurodiputado de Vox que dude de la unidad de España no es digno de serlo. Si Vox no actúa contundentemente y con mano de hierro contra este despropósito, estará siendo cómplice por omisión de la actitud del eurodiputado.
La inviable fórmula bilateral que plantea el eurodiputado
El núcleo del problema reside en el planteamiento entreguista que defiende el representante de la formación en Bruselas. Tertsch propone una fórmula bilateral en sentido contrario a la historia y a la legalidad internacional. El eurodiputado de Vox sostiene que España debería condicionar su relación con Marruecos a un acuerdo por el que, “a cambio del reconocimiento de Sáhara por parte de España”, Marruecos reconozca “la incuestionable españolidad de Ceuta y Melilla” y proclame su respeto a la integridad territorial española.
Este peligroso juego diplomático que plantea el representante europeo vincula de forma irresponsable dos cuestiones territoriales de enorme trascendencia para España, convirtiéndolas en simples elementos de una eventual negociación con Rabat. El parlamentario asume erróneamente que España podría claudicar ante las ambiciones expansionistas marroquíes sobre el territorio del Sáhara Occidental a cambio de un papel firmado donde Marruecos prometa renunciar a sus reclamaciones históricas sobre las dos ciudades autónomas. Por otra parte, aceptar la propuesta de Tertsch significaría que la unidad de España. El que Ceuta y Melilla son ciudades españolas como Toledo, Bilbao, Barcelona o Sevilla no se discute ni se suplica a un país extranjero, Esta estrategia asume una ingenuidad alarmante, puesto que equipara el derecho inalienable de soberanía sobre suelo netamente español con los intereses geoestratégicos de una potencia extranjera enemiga.
La contradicción con la posición oficial de Vox sobre Ceuta y Melilla
La postura de Tertsch choca frontalmente con la doctrina que el partido de Abascal ha vendido tradicionalmente a sus electores. La dirección de Vox, sin embargo, rechaza que esa fórmula pueda atribuirse al partido. Las fuentes consultadas por Confidencial Digital recalcan que la soberanía española sobre Ceuta y Melilla constituye una cuestión que no está sometida a negociación y que la propuesta difundida por Tertsch es una posición personal del eurodiputado. Si la soberanía no se negocia bajo ningún concepto, resulta incomprensible que el partido mantenga en su delegación internacional a un portavoz que defiende exactamente lo contrario.
La formación parlamentaria ha desplegando hasta ahora una intensa actividad institucional para exigir a Marruecos un reconocimiento expreso de la españolidad de Ceuta y Melilla. En febrero de 2024, el Grupo Parlamentario Vox registró una iniciativa para reclamar precisamente ese reconocimiento, sosteniendo de forma categórica que la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y otros territorios del norte de África debía ser la base innegociable de las relaciones entre ambos países. Mantener a Tertsch en su escaño vacía de contenido estas propuestas y resta toda la credibilidad a su discurso público.
Las denuncias previas contra la agresiva política marroquí
Resulta paradójico que el propio partido haya liderado la denuncia contra el expansionismo alauita en las cortes españolas. En 2023, Vox denunció que Marruecos estaba desarrollando una política destinada a incorporar Ceuta y Melilla a su territorio y reclamó al Gobierno medidas urgentes para proteger la soberanía nacional y la integridad territorial de España. Esa misma combatividad se mantuvo intacta en 2025, cuando la formación volvió a defender en el Congreso que Marruecos debía reconocer la españolidad de ambas ciudades, denunciando además el empleo chantajista de la presión migratoria, las declaraciones hostiles de los ministros de Rabat y el uso de mapas oficiales marroquíes que incluyen a Ceuta y Melilla dentro de sus propias fronteras estatales.
En paralelo, la formación de Abascal ha criticado duramente la política del Gobierno de Pedro Sánchez hacia Marruecos y, en particular, el giro unilateral de España respecto al Sáhara Occidental. En 2025, Vox denunció la «sumisión» del Ejecutivo a Rabat y exigió explicaciones parlamentarias por el cambio de posición español sobre el territorio saharaui. Por todo ello, el viraje discursivo de su propio eurodiputado dinamita la autoridad moral de la formación para fiscalizar la acción exterior del Gobierno de la nación.
Sin embargo, Tertsch en su receta para solucionar el problema incurre en el mismo error que critica: ofrecer concesiones territoriales en el Sáhara a cambio de promesas de seguridad en las fronteras de Ceuta y Melilla. Vox debe actuar de inmediato; cualquier respuesta que no implique apartar al eurodiputado de sus filas confirmará que el partido prefiere el cálculo político antes que la defensa inquebrantable de la integridad nacional.
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